Resumen
Por primera vez en La Española se ha excavado metodológicamente un sitio saladoide dominicano de gran extensión localizado en la población de El Francés, en la provincia de Samaná. La cerámica saladoide recuperada en el nivel más profundo del sitio arqueológico, supone un conjunto de la mayor importancia para entender la presencia de este grupo cultural en la isla de Santo Domingo. Este establecimiento ceramista avanzado cuenta con paralelos en algunos sitios de La Española, en las Antillas Menores y en Puerto Rico. Del estudio de la tipología de la cerámica realizada, se concluye que a nivel de las formas, las piezas recuperadas corresponden al saladoide cedrosan temprano, caracterizado por la cerámica de la subserie cedrosan. Las fechas de El Francés localizan el depósito saladoide hacia finales del siglo V d.C., lo que coincide con un periodo de transición entre el saladoide temprano y el saladoide medio. Tras el estudio realizado, concluimos que posiblemente el origen ancestral de los grupos saladoides que se asientan en La Española y que encontramos en el sitio arqueológico de El Francés, fue la vecina isla de Borinquén.
Tesis para obtener el grado de Maestría en Arqueología de Puerto Rico y el Caribe.
Director de Tesis: Dr. Benoît Berard
Introducción
a) Descripción de la investigación
El sitio arqueológico de El Francés se encuentra en la República Dominicana, concretamente en la provincia de Samaná, dentro del distrito municipal de Los Cacaos, en el pequeño pueblo de El Francés, situado a la orilla del mar al norte de la entrada de la bahía de Samaná. El enclave cuenta con una hermosa playa de arena flanqueada por salientes rocosos, en el área costera que se denomina bahía Francés (López y Shelley, 2020, p. 7). En este yacimiento, aparece el primer asentamiento saladoide con cerámica de estilo cedrosan que se excava metodológicamente en extensión con sistemas modernos basados en el método Harris, en la isla de Santo Domingo.


El hallazgo del sitio arqueológico de El Francés, nos ha permitido recuperar una considerable cantidad de cerámica saladoide cedrosan, dentro de un proyecto arqueológico caracterizado por la aplicación de las más modernas técnicas de excavación, ejecutado con el apoyo de los mejores especialistas en metodología arqueológica, ceramología, dibujo técnico, arqueo-zoología, paleo-flora, estudios de almidones, antropología física y procesado de muestras para obtención de fechas mediante análisis de carbono-14. La mayor parte de la cerámica cedrosan correspondiente al periodo saladoide, ha sido localizada en el contexto de un residuario que se encontraba intacto, asociada a otros restos materiales fabricados en piedra, concha y coral y a una abundante muestra de fauna.

Nuestro proyecto de investigación pretende establecer una tipología de la cerámica saladoide cedrosan recuperada en El Francés, establecer su antigüedad con la mayor aproximación basados en las dataciones de carbono-14 obtenidas durante las excavaciones e integrarla en el contexto de los grupos saladoides en las Antillas utilizando los estudios tipológicos publicados hasta la fecha.
b) Hipótesis de trabajo
El conjunto cerámico recuperado en el sitio arqueológico de El Francés pertenece al complejo cultural denominado como saladoide temprano, caracterizado por fabricar cerámica de tipo cedrosan, que cuenta con una serie de formas diferentes que permiten establecer una tipología particular de la muestra cerámica, basados en las citadas formas y en las decoraciones con que se adornan que son propias de este grupo humano.
Nuestra hipótesis de trabajo se centra en que la presencia de grupos saladoides de época temprana y medio/tardía en la costa este de la isla de Santo Domingo, no es un hecho aislado y que su producción cerámica puede localizarse de manera paralela tanto en otros sitios de La Española, especialmente en las costas, como en las diferentes islas del arco antillano. Consideramos que esta situación ya fue constatada por diferentes hallazgos realizados en yacimientos arqueológicos dominicanos que nunca fueron investigados al nivel extensivo requerido y con el detalle necesario, por lo que no se había fijado aún una posición adecuada a la realidad sobre la presencia del grupo saladoide en la isla. De la misma manera, a otros sitios arqueológicos donde ha aparecido cerámica de filiación saladoide, no se les ha dado toda la trascendencia que requiere el hallazgo y se ha perdido, por el momento, la posibilidad de incidir en las excavaciones de las capas arqueológicas que tal vez pudieran atestiguar la presencia estable del citado grupo cultural.
La hipótesis que proponemos se ve reforzada por la presencia de abundantes formas cerámicas diferentes en los estratos más profundos del sitio arqueológico, lo que nos permite generar una tipología que corresponde exclusivamente a esta fase cultural. Durante las revisiones preliminares de las piezas localizadas, comprobamos la existencia de gran cantidad de formas distintas y la presencia de diversas decoraciones, tanto incisas como pintadas. Los motivos que se observan y sus colores, coinciden con los que se presentan en sitios saladoides de otras islas, así como algunas de las formas, especialmente los vasos acampanados y las vasijas carenadas1.
1. La excavación del residuario saladoide temprano, donde se han encontrado la mayor parte de los hallazgos cerámicos, se realizó en 2019 y 2020 bajo la dirección de los arqueólogos Adolfo José López Belando y Cristóbal Burkhalter con el apoyo del profesor Daniel Shelley, pero aún no ha sido publicado el informe correspondiente debido a que se está esperando recibir algunos informes de detalles pendientes sobre las colecciones de materiales recuperados.
En el sitio arqueológico, la mayor parte de los objetos se encontraron en un gran residuario que aún se conservaba prácticamente intacto desde la época en que fue abandonado por las personas que se asentaron en el lugar y fundaron el poblado saladoide de esta parte de la costa. El resto de los materiales se recuperaron durante la excavación de un piso de uso que se desarrolla junto al área donde se depositó la basura que generaban los pobladores, pero la cantidad de piezas cerámicas localizadas en este espacio ha sido sumamente reducida y están demasiado fragmentadas como para poder entender con detalle los tipos a los que pertenecen.
c) Marco teórico
El marco teórico de nuestra tesis se circunscribe a las investigaciones realizadas en relación con las tipologías cerámicas del saladoide cedrosan en el área del Caribe y especialmente en las Antillas. Estos trabajos tienen su origen en los estudios realizados por José María Cruxent e Irving Rouse, principalmente en el sistema de clasificación cerámico que propusieron para el saladoide continental en su libro “Arqueología Cronológica de Venezuela”, donde documentan y dan nombre a la serie saladoide y establecen como estilo tipo el del sitio arqueológico de Saladero, situado en la cuenca baja del río Orinoco, a la misma orilla de la corriente fluvial (Cruxent y Rouse, 1961, p. 29). Sin embargo, en nuestro caso utilizaremos un sistema clasificatorio más moderno, donde cada grupo de formas cerámicas similares lo llamaremos “tipo” (Contreras, 1984, p. 328) y con ello construiremos la tipología correspondiente.
La primera tipología de la cerámica saladoide cedrosan que se publica, la realiza Froelich Rainey en 1940. Las piezas en las que se basa provienen de sus excavaciones arqueológicas en el barrio de Canas, en Puerto Rico (Rainey, 1940, p. 35), recuperadas en el estrato inferior del yacimiento cuyo sustrato cultural identifica como “Nivel del Cangrejo”. También en 1940, Irving Rouse, basado en las investigaciones publicadas por Froelich Rainey en el mismo año, asumió la existencia del tipo cerámico saladoide que en aquel momento denomina cuevas, aglutinando las formas que hoy definimos como saladoide cedrosan, como es el vaso acampanado, y las típicamente cuevas (Rouse, 1940, p. 58). La descripción del estilo cuevas la matiza y la enriquece mucho más tarde en la publicación que edita la Academia de Ciencias de Nueva York en el año 1952 (Rouse, 1952, p. 336). Este sistema clasificatorio fue modificado por el mismo Rouse con base en el avance de las investigaciones, concretamente en 1962 cuando sitúa el estilo cuevas como una fase tardía dentro del saladoide, posterior al estilo Hacienda Grande (Gutiérrez, 2007, p. 36).
Posteriormente, Ripley Bullen realizó una tipología para el saladoide cedrosan, publicada en 1964, basado en sus excavaciones en el sitio Pearls en la isla de Grenada (Bullen, 1964, p. 38). Más tarde, el Dr. Luis Chanlatte Baik, quien se basa en los materiales recuperados en sus excavaciones en Puerto Rico, concretamente en el sitio arqueológico de Sorcé, localizado en la isla de Vieques, realiza otro estudio tipológico de la cerámica saladoide (Chanlatte, 1983, p. 77). También en Puerto Rico, Irving Rouse y Ricardo Alegría realizan en 1990 un estudio en el sitio arqueológico de Hacienda Grande, donde se describen con todo detalle las cerámicas saladoides que se recuperaron en el lugar.
Mario Mattioni también establece una tipología de formas de la cerámica saladoide cedrosan, con base en los resultados de sus excavaciones en Martinica, principalmente en los sitios de Vive (Mattioni, 1976, p.11) y Fond Brule (Mattioni, 1980, p. 555). En las Islas Vírgenes, en St. Thomas, Lundberg publica algunos tipos y fotografías de las piezas cerámicas recuperadas del sitio Tutu II, donde aparecen cerámicas adscritas al saladoide temprano (Lundberg, 1999, p. 245). Un gran avance para comprender la tipología del saladoide cedrosan se lo debemos a Arie Boomert (Boomert, 2000, p. 127), quien nos presenta una tipología con dibujos arqueológicos de gran calidad de las cerámicas saladoides recuperadas en los sitios de Cedros y Palo Seco, en la isla de Trinidad.
Finalmente, el Dr. Benoît Berard realiza un estudio tipológico de gran alcance sobre la cerámica saladoide, basándose en las piezas recuperadas en los sitios arqueológicos de la isla de Martinica (Berard, 2004, p. 103). Es con este trabajo con el que finalmente se establece un sistema tipológico amplio y abierto que nos permite integrar dentro del mismo los tipos saladoides que se localizan en el sitio de El Francés, en la República Dominicana.
El modelo clasificatorio que usaremos como referencia para organizar tipológicamente las cerámicas de la serie saladoide cedrosan halladas en el sitio arqueológico de El Francés, es el que creó el Doctor Benoît Berard para organizar los tipos cerámicos del período saladoide temprano y medio/ tardío en la isla de Martinica. Su trabajo se encuentra en el libro titulado “Les Premières Occupations Agricoles de L’arc Antillais, Migration et Insularité”. Su propuesta para clasificar los tipos cerámicos se centra en dos criterios: morfológicos y decorativos (Berard, 2004, p. 85). También incluye en su estudio la funcionalidad de las piezas basado en observaciones directas del arqueólogo, como son la alteración de la superficie interior, las evidencias de exposición directa al fuego y otras (Berard, 2004, p. 84). Sin embargo, en nuestro caso, para realizar apuntes en torno a la función de las vasijas, además de observaciones directas, contamos con los estudios de la presencia de almidones realizados en algunas piezas que nos ofrecen datos científicos fidedignos sobre la funcionalidad de las mismas (Pagán, 2021, p. 16).
El sistema de clasificación tipológica de la cerámica saladoide propuesto por el Dr. Benoît Berard, ya ha sido utilizado recientemente en la clasificación de los tipos cerámicos de otros yacimientos arqueológicos, como es el caso del sitio Terre Patate, localizado en Macouba, isla de Martinica (Gronnier, 2021, p. 31). La sistematización tipológica utilizada por Marine Gronnier también ha sido de gran ayuda para completar nuestro trabajo, al servir de guía práctica en parte del desarrollo del mismo.
Nuestro estudio tipológico, pretende integrar las formas del sitio arqueológico de El Francés a un sistema recientemente establecido que ha integrado los tipos cerámicos de varias islas del Caribe. De esta manera, se pueden establecer paralelos con gran facilidad en cuanto al origen y la funcionalidad de las piezas, además de poder entender los diferentes conjuntos cerámicos insulares comparando los mismos parámetros. Resulta fundamental para la investigación que los arqueólogos utilicemos sistemas similares para, como se dice vulgarmente, poder comparar “peras con peras y manzanas con manzanas”. El estudio del Dr. Berard está publicado en francés y a la hora de utilizar los nombres de sus parámetros morfológicos y funcionales, los traduciremos al español de la manera más similar posible a lo que indica el término en su idioma original.
Los conceptos que se aplicarán a la hora de realizar el trabajo son básicamente procesuales (Binford, 1962, p. 219), pues pretendemos establecer sistemas puramente científicos a la hora de establecer la tipología, que además servirá para realizar análisis estadísticos que permitan conocer la incidencia de cada tipo detectado o establecido en su contexto arqueológico, pudiendo compararlo así con otros similares en cualquier área antillana (Contreras, 1984, p. 328). Por otra parte, siguiendo el procesualismo de la nueva arqueología, también estableceremos el uso funcional de los objetos en la medida que sea posible.
d) Objetivos que se persiguen con la investigación
Nuestra investigación se centra en lograr una serie de objetivos prácticos que creemos pueden ser de gran utilidad para apoyar el estudio de las culturas formativas del Caribe antillano y sus orígenes continentales. Los citados objetivos son los siguientes:
Realizar la tipología cerámica de la serie saladoide cedrosan del sitio arqueológico de El Francés, situado en la península de Samaná, en la República Dominicana, basándonos en los tipos cerámicos ya tipificados en otras islas del Caribe y aportando las nuevas formas que se puedan identificar.
1. Demostrar la presencia de establecimientos permanentes del grupo saladoide en la isla de Santo Domingo en base a su pro- ducción cerámica.
2. Asociar las formas cerámicas con la horquilla temporal a la que pertenecen en la medida que sea posible.
3. Asociar las formas cerámicas al contexto material en el que se han localizado.
4. Comparar las formas cerámicas de la serie saladoide cedrosan de El Francés, con las que figuran en las tipologías de la misma serie cerámica que se han realizado en otras islas antillanas.
5. Entender la funcionalidad de los tipos cerámicos basados en su forma, estado de conservación, decoración y restos de almidones identificados en algunos de ellos.
Después de los hallazgos de El Francés y con la colección de cerámicas saladoides cedrosan recuperada dentro de un detallado trabajo arqueológico, es fundamental realizar un estudio tipológico de las mismas que además será el primero que se hace en la isla de Santo Domingo. De esta manera, podremos tener una idea clara de los tipos cerámicos de este periodo y complementar los estudios cerámicos del saladoide cedrosan en otras islas del Caribe, cuyo principal aporte ha sido la tesis agregada para acceder a la posición de catedrático, realizada por el arqueólogo Benoît Berard en 2018, presentada y aprobada, pero aún inédita, quien ya había publicado un interesante libro al respecto en 2004 que hemos citado anteriormente.
Por otra parte, contamos con un abanico muy amplio de dataciones de carbono-14 del lugar en el que se han excavado las cerámicas halladas en el sitio de El Francés y esto, unido al hecho de que la mayoría de las piezas han aparecido en un contexto uniforme, un extenso residuario con todo el material lítico, coralino, faunístico y de concha asociado, nos permitirá situar los tipos cerámicos en el tiempo con bastante precisión. De esta manera, la tipología cerámica, además de ofrecernos datos intrínsecos sobre la misma, también queda asociada a elementos materiales, como herramientas de piedra, coral y concha, y a la fauna localizada en el lugar que sirvió de alimento a quienes fabricaban las cerámicas.
Los estudios realizados a los almidones encontrados en las vasijas nos proveen también datos sobre su posible funcionalidad y esta característica nos ofrecerá interesante información asociada a la puramente tipológica. Estos estudios han sido hechos por la empresa Holandesa Cultural Heritage & Plantscape Research, CUPLAR, propiedad del arqueólogo puertorriqueño Jaime Pagán Jiménez, quien es indudablemente el mejor experto sobre esta materia en la actualidad. Los estudios de la fauna asociada al conjunto cerámico del residuario, han sido realizados por la bióloga y arqueóloga, experta en paleofauna, Yvonne Narganes, en el Museo de Historia, Antropología y Arte de Puerto Rico. Los análisis ceramológicos los ha realizado el arqueólogo Simone Casale, dentro de un programa de investigaciones patrocinado por la Universidad de Leiden.
La investigación planteada pretende responder a una serie de interrogantes que se han generado durante los trabajos de excavación y de investigación previa, sobre los restos materiales recuperados en el contexto arqueológico. Los cuestionamientos que nos hacemos son fundamentalmente los siguientes:
1. ¿Cuál fue la técnica empleada para fabricar las piezas cerámicas?
2. ¿Cuántos tipos cerámicos de la serie saladoide cedrosan mane- jaron los colonos saladoides establecidos en El Francés?
3. ¿Podemos establecer una variación o evolución de los mismos durante esta fase cultural?
4. ¿Qué tipos de decoraciones se presentan en las vasijas de la serie saladoide cedrosan en El Francés?
5. ¿Cuál fue la funcionalidad de cada uno de los tipos cerámicos identificados?
6. ¿En qué islas podemos encontrar paralelos de los tipos cerámicos saladoides tempranos de El Francés?
7. ¿Qué similitud hay entre los tipos cerámicos saladoides de la subserie cedrosan de El Francés y los que se han encontrado en otros sitios arqueológicos de la isla de Santo Domingo?
Durante nuestro trabajo de investigación, pretendemos responder en la media de lo posible a estas preguntas que nos planteamos, o al menos realizar aproximaciones que aporten datos para que en un futuro podamos resolverlas.
CAPÍTULO 1.
EL SALADOIDE TEMPRANO Y MEDIO EN LAS ANTILLAS
1.1. Origen de los grupos saladoides en el continente
La ocupación del arco antillano por grupos humanos procedentes del continente americano es una cuestión de sobra conocida en el marco del estudio de la prehistoria caribeña. Los trabajos realizados por destacados investigadores como Irving Rouse, José María Cruxent, Ricardo Alegría, Arie Boomert, Luis Chanlatte e Yvonne Narganes, entre otros, han demostrado que las migraciones de grupos ceramistas de agricultores avanzados llegaron a nuestras islas procedentes del medio y bajo Orinoco, desde donde pasaron a la costa venezolana para de allí realizar el salto hacia la colonización de las Antillas navegando en grandes canoas de remos, donde se asentaron definitivamente (Cruxent y Rouse, 1961, p. 29), (Chanlatte y Narganes, 2005, p. 13).
Los grupos saladoides provienen de la cuenca del río Orinoco; los sitios arqueológicos donde se rastrea el origen de este conjunto cultural se encuentran en la margen del citado río, en el oriente de la actual Venezuela. Los yacimientos arqueológicos más antiguos que se han estudiado son: La Gruta, con fechas de 4090 +/- 105 B.P2. y 4065 +/- 85 B.P. (Roosevelt, 1978), (Barse, 2000, p. 339) y Saladero, fechado en 2870 +/- 150 B.P. ( Cruxent y Rouse, 1961, p. 14). Del sitio Saladero es que toma el nombre el grupo saladoide (Chanlatte et al., 2002, p. 10).
Se considera que los denominados saladoides pertenecían a la etnia arahuaca; recientemente, algunos autores han presentado una forma de entender el fenómeno arahuaco de una manera muy interesante y novedosa. Más allá de ver una relación puramente lingüística entre las personas pertenecientes a esta etnia, la han identificado como un ethos, el Ethos Arahuaco, que se presenta como “una agrupación regional de valores, percepciones, creencias, costumbres y prácticas compartidas entre comunidades con varios tipos de organización sociopolítica y lenguaje, vinculados en una red poco organizada” (Hardy, 2008, P. 13).
2. Al respecto de esta fecha hay una controversia que William Barse nos explica sintéticamente: “Teniendo en cuenta la amplia gama de fechas de radiocarbono, Rouse (1978) propuso dos cronologías, una larga y otra corta; para la Tradición de La Gruta, Rouse (1978) y Roosevelt (1978) aceptaron la cronología más larga, que sitúa las fases de La Gruta y Ronquín entre 2100 y 1000 a. C., argumentando que estas cerámicas eran precedentes de los estilos Saladero y Barrancas del Bajo Orinoco que datan de alrededor de 900-800 a. C. La cronología corta sostenida por Vargas (1981) considera que el sitio de La Gruta data de alrededor del 600 a. C. como mínimo, y Ronquín y los sitios relacionados con Ronquín Sombra, son de alrededor del 300 d. C. y más tardíos” (Barse, 2000, p.339).
En relación con los movimientos migratorios de los grupos pertenecientes a este particular ethos, Hardy continúa diciéndonos lo siguiente: “Con base en evidencia lingüística, Heckenberger sostiene que el centro de desarrollo de la lengua y la cultura arahuacas estaba ubicado entre el Alto Amazonas y el Orinoco Medio en el noroeste de la Amazonia, y que alrededor del año 3000 B.P. los grupos arahuacos comenzaron a extenderse arriba y abajo del Orinoco, a lo largo del río Amazonas y hacia el Caribe” (Hardy, 2008, p. 102). Los saladoides insulares provienen del complejo Saladero, situado en el bajo Orinoco (Berard, 2004, p. 12).
Podemos considerar al grupo saladoide como una etnia fundamentalmente de navegantes, dado que, solamente manejando perfectamente el arte de navegar, en este caso a remo, se pudo lograr colonizar las islas del Caribe y organizar establecimientos permanentes en sus costas (Shearn e Isaac, 2020, p. 1). La fabricación de canoas para navegar en mar abierto resultaba un empeño sumamente complejo que requería aplicar técnicas muy precisas, aprendidas durante generaciones, y que constituía una parte fundamental de la cultura de estos grupos humanos (Berard, 2018, p 33). El salto de la navegación fluvial a la marítima requirió de un aprendizaje práctico largo y lleno de riesgos que aquellos navegantes debieron afrontar con valor. Una vez dominada la técnica de navegar en mar abierto, hubieron de organizar expediciones para desplazar a cientos de personas a islas lejanas, lo cual requería de una organización muy precisa en todos los ámbitos que lograron dominar igual que la misma navegación a remo. De esta manera, les fue posible abandonar la tierra firme de origen, para lanzarse a la colonización y podemos suponer que probablemente, en algunos casos, la conquista de las islas del Caribe.
1.2. Proceso de colonización de las Antillas
Los grupos saladoides colonizaron o, tal vez, conquistaron y colonizaron, la mayor parte del arco antillano. Su expansión fue imparable a partir de principios del siglo VI a.C. Sus colonias llegaron hasta las Antillas Mayores, pero no se establecieron más allá de las costas de la zona Sur, Sureste (Rouse, Irving, 1992, p. 36), Suroeste (López, Shelley, 2020, p. 7) y Norte (Voss, 2013, p. 148) de La Española. La permanencia del grupo saladoide, con base en los tipos cerámicos que crearon, se estima que llegó hasta el siglo VIII d.C., estableciendo de manera general un periodo saladoide temprano entre el 400 a.C. y el 400 d.C. caracterizado por la presencia de la cerámica de la subserie cedrosan y un periodo cerámico medio/tardío desde el 400 d.C. hasta el 750 d.C. (Berard, 2019, p. 58) con cerámicas de tipo cuevas en Puerto Rico (Cooper, Curet, 2006, p. 24) y saladoide modificado en otras islas de las Antillas Menores, aun cuando se considera que también perviven formas cerámicas de tipo saladoide modificado hasta el siglo XII d.C. conviviendo con otros grupos cerámicos (Berard, 2018, p. xx), (Berard, 2019, p. 58); concretamente en la isla de Trinidad se localiza un saladoide cedrosan tardío en el sitio arqueológico de Palo Seco que pervive hasta el 800 d.C. (Boomert, 2016, p. 28). Otros autores consideran que la presencia saladoide llega incluso hasta el siglo XVI d.C., concretamente en el sitio arqueológico de Sorcé, con una fecha del 1540 d.C. (Chanlatte y Narganes, 2002, p. 33).
El tipo de cerámica más antiguo que define el grupo saladoide insular se identificó en la isla de Trinidad en el sitio arqueológico denominado Cedros, con fechas de carbono-14 del 300 a.C. al 350 d.C. (Boomert, 2016, p. 28). De esta manera, el saladoide cedrosan se convierte en un tipo cerámico diferenciado del saladoide que se fabricaba en los poblados situados a la orilla del curso medio del río Orinoco que se conoce como serie saladoide ronquiniana (Berard, 2013, p. 184) en atención al sitio arqueológico de Ronquín, cuya fecha más antigua es, según los últimos estudios de C-14 mediante técnica de AMS sobre restos de carbón presentes en la cerámica, 1720 +/- 60 BP (Barse, 2000, p. 340). La cerámica saladoide de tipo cedrosan se considera una producción típicamente antillana, en la que se integran, por el momento, todos los estilos de la alfarería de este grupo cultural que aparecen a lo largo del tiempo en las diferentes islas.
Con relación a las dataciones del grupo saladoide, en la actualidad se están realizando trabajos para verificar y calibrar las fechas que se han publicado a lo largo de los años, pues existen dataciones en las que no se indica si han sido calibradas o cuya calidad, o no es confia- ble o carece de datos que permitan conocer detalles importantes para valorar su exactitud, como por ejemplo el material orgánico del que proceden (Napolitano et al., 2019). Las fechas más antiguas de sitios saladoides en las Antillas son las siguientes: Vieques, sitio Sorcé3: 640 a.C. (Narganes, 2015, p. 239); Martinica, sitio Fond Brule4: 530 a.C.; Montserrat, sitio Trants: 2430 +/- 80 B.P. (Haviser, 1997, p. 61); Puerto Rico, sitio Tecla II: 1500 +/- 80 B.P. y 1350 +/- 110 B.P. (Napolitano, 2019, p. 88); San Martín, sitio Hope State: 2275 +/- 60 B.P.; Vieques, sitio Sorcé: 2010 +/- 80 B.P. (Berard, 2004, p. 16); Trinidad, sitio Cedros 300 B.C. (Boomert 2016, p. 28); Antigua, sitio Indian Creek: 1915 +/- 80 B.P. (Haviser, 1997, p. 62); Grenada, sitio Pearls: 370 a.D. – 645 a.D., calibrado (Anna, 2019, p. 20). Resulta interesante comprobar que hasta el momento las fechas más antiguas de la cerámica saladoide cedrosan se sitúen en islas muy alejadas del continente, varios siglos antes de las que se han datado en lugares tan cercanos a la costa venezolana como la isla de Trinidad.
Ovidio Dávila, Chanlatte Baik e Yvonne Narganes, atendiendo a las similitudes estilísticas de la cerámica, consideran que los saladoides localizados en Puerto Rico provienen de la región de Carúpano en el estado de Sucre, Venezuela, donde se encuentra el complejo de El Mayal (Chanlatte y Narganes, 2002, p. 30). Este sitio arqueológico ha dado una fecha de 1795 +/- 80 B.P. (Cruxent y Rouse, 1961, p. 141), presentando las cerámicas pintadas evidentes similitudes a las que se observan en las vasijas puertorriqueñas de la subserie denominada Hacienda Grande (Rouse y Alegría, 1990, p. 39) que es similar a la subserie cedrosan, pero definida en Puerto Rico.
Los motivos de la migración de grupos arahuacos para colonizar las islas del Caribe, aún no se han aclarado de manera convincente. Tal vez ni siquiera hubiese una razón particular para hacerlo, que no fuese la necesidad intrínseca de encontrar espacios nuevos para desarrollar las comunidades cuando crece la población y se dificulta obtener los medios de subsistencia necesarios para cubrir las necesidades de todos los habitantes; o, tal vez, que eventos climáticos o telúricos desastrosos de los que hay constancia que suceden con frecuencia en el Caribe (Cooper, 2013, p. 55) como huracanes o terremotos que provocan tsunamis, anegasen los poblados y campos de cultivo y obligasen a los habitantes de las zonas costeras a hacerse a la mar en busca de espacios favorables donde asentarse de nuevo.
3. Aun cuando esta datación está publicada, no es frecuente que se cite por considerarla demasiado temprana para la ocupación saladoide en la Antillas.
4. La fecha de este sitio de Martinica es contestada por diferentes autores, como Benoît Berard, que la consideran errada y aconsejan evitar tenerla en cuenta en la cronología saladoide.
Una vez en las Antillas, el grupo cultural saladoide temprano con cerámica del tipo cedrosan, evoluciona hacia lo que se ha llamado el saladoide medio/tardío cuyo inicio se estima que comienza a producirse hacia el siglo IV d.C. (Berard, 2013, p. 187) y que evoluciona hasta el saladoide tardío cuya cerámica característica se conoce como saladoide modificada5 (Bright, 2011, p. 72).
Hacia el siglo V d.C. en la isla de Puerto Rico, aparece un tipo de cerámica denominada cuevas (Cooper, Curet, 2006, p. 24) por el sitio arqueológico excavado por Irving Rouse en Trujillo Alto que la identifica como un tipo saladoide (Rouse, 1952, p. 413). Esta división entre dos etapas de lo que se supone como un mismo grupo cultural asentado en Puerto Rico (Hacienda Grande y cuevas), se realiza fundamentalmente en base a los tipos cerámicos que son completamente diferentes tipológica y técnicamente hablando6. En el sitio arqueológico dominicano de El Francés hay, además de una clara diferenciación entre los tipos cerámicos saladoides tempranos y los cuevas, sensibles diferencias entre la dieta (Pagán y López, 2021, p. 194), el tipo de herramientas que acompañan a los ajuares cerámicos y en general el tipo de vida de unos y otros. Por otra parte, el nivel saladoide temprano con cerámica cedrosan del yacimiento está completamente separado del nivel con cerámica cuevas por una gruesa capa estéril. Esta circunstancia indica que solamente cuando han desaparecido los saladoides tempranos es que aparecen los cuevas, no habiendo aparecido señal alguna de la continuidad de los saladoides hasta generar una etapa cuevas, sino más bien todo lo contrario (López y Shelley, 2020, p. 15).
5. Benoît Berard en su publicación de 2013 titulada Los Saladoides, hace este interesante resumen: “…el saladoide cedrosan primitivo se caracteriza por un sistema económico estandarizado y predeterminado; por una identidad cultural muy fuerte visible en la producción de cerámica, cuentas y colgantes; y por una amplia red de intercambio de larga distancia”. En la misma publicación, más adelante nos indica las características que considera básicas del saladoide cedrosan medio/tardío: “…una fuerte continuidad con la fase anterior; una influencia barrancoide continental; un aumento en la riqueza de la producción cerámica, pero una disminución en la diversidad que puede estar vinculado a una reducción en el control social y la inversión; cambios en el sistema simbólico; un sistema económico menos estandarizado y predeterminado que era más flexible y adaptable; una expansión demográfica; la colonización de nuevos territorios; y una disminución en el intercambio de larga distancia”.
6. Recientemente Adolfo José López y Daniel Shelley, han presentado un estudio en el 29 Congreso de la Asociación Internacional de Arqueología del Caribe, IACA con el título: “Saladoides tempranos y cuevas, dos grupos culturales en el sitio arqueológico de El Francés, península de Samaná, República Dominicana”, donde se expone con detalle la diferencia entre los tipos cerámicos saladoide cedrosan y cuevas y todo el ajuar lítico y de concha además de los sistemas de alimentación asociados que se relacionan con cada uno de los tipos cerámicos, llegando a la conclusión de que se trata de la producción cerámica de dos grupos culturales diferentes.
1.3. Modos de vida de los grupos saladoides antillanos
Las investigaciones realizadas en los diferentes sitios saladoides localizados en Las Antillas, indican que este tipo de establecimientos se sitúan fundamentalmente en las zonas costeras, aprovechando las llanuras aluviales donde se pueden realizar cultivos con facilidad y en algunas ocasiones en zonas de manglares (Dávila, 1979 p. 72) en las que abunda la pesca y los moluscos. De la misma manera, estos lugares tienen siempre un acceso al mar que permite el recalado de las canoas y siempre cuentan con corrientes fluviales que permitan el aprovisionamiento de agua abundante, aunque en lugares secos también se identifica la posibilidad de la excavación de pozos para obtener el agua dulce (Berard, 2018, p. 23). Sus viviendas se construyeron del mismo modo que las que se localizaban en el continente, a base de postes de madera, paredes de fibras vegetales trenzadas y techos de hojas de diferentes especies de palma. Los restos de las construcciones que se han encontrado en las excavaciones arqueológicas se limitan generalmente a huecos de poste que permiten definir un perímetro determinado y en algunos casos también los pisos de tierra apisonados. Del análisis de estos elementos se deduce en algunos casos que las viviendas eran circulares u ovaladas con tamaños diversos, que van desde los 4,5 m hasta los 19 m de diámetro (Keegan, 2000, p. 143), siempre dispuestas en forma más o menos circular en torno a una plaza central. Sin embargo, la interpretación general sobre el tipo de estructuras de habitación se acerca más al concepto de maloca, o sea, casas circulares o semi circulares en forma de herradura en torno a un espacio central utilizado como plaza, estando rodeadas de áreas de residuarios en su parte trasera (Curet y Oliver, 1998, p. 222). Es precisamente en las áreas comunes que constituían las plazas situadas en el centro de las malocas o en su caso en la plaza a la que rodeaban las viviendas circulares, donde los saladoides tenían el área del cementerio (Curet y Oliver, 1998, p. 226).
Los saladoides mantuvieron los mismos sistemas de subsistencia que manejaban en sus lugares de origen en el río Orinoco. La agricultura de roza, teniendo como base el cultivo de la yuca amarga (Manihot esculenta) (Drew, Rose, 2009, p. 181), la pesca y la caza continuaron realizándose en las Antillas (Keegan, 2000, p. 142), pero además se complementaron con otras prácticas que eran propicias en los nuevos ambientes ecológicos donde se asentaron, como la captura de cangrejos marinos y terrestres y el marisqueo costero, por ejemplo. También llevaron con ellos animales domésticos como los perros (Laffoon, et al., 2017, p. 134) que les acompañaron fielmente durante sus largos periplos interinsulares.
La cultura material saladoide se caracteriza principalmente por la excelente calidad de su cerámica y la variedad y belleza, tanto de sus formas como de las decoraciones que las engalanan. La cerámica saladoide cedrosan, al igual que la subserie Hacienda Grande, lleva al extremo la calidad en la fabricación de elegantes vasijas carenadas de excelente factura, que alcanzan su máxima perfección en los vasos acampanados pintados en blanco sobre rojo. Los colores que se usan en la confección de la cerámica son el rojo, el blanco y el negro (Boomert, 2000, p. 142), habiéndose observado que en la etapa saladoide medio/ tardía también se utilizan, en menor medida, los colores naranja y burdeos (Berthé y Berard, 2013, p. 62). También se incorporan apliques en algunos casos y asas acintadas. Es frecuente igualmente encontrar decoraciones a base de incisiones formando dibujos, generalmente geométricos, que a veces se rellenan con pasta blanca.
Las herramientas saladoides son muy variadas, pero adquieren especial relevancia en los trabajos de piedra, donde las características hachas planoconvexas son una constante (Rodríguez, 2007, p. 173); buriles, majadores y percutores se localizan también con gran frecuencia (Rodríguez, 2007, p.168). La industria de concha adquiere gran relevancia en este grupo cultural, destacando las hachas planas fabricadas en este material, las gubias, las puntas y los perforadores, además de adornos corporales de gran belleza estética.
Otro campo en el que los saladoides se destacan especialmente, es el de la fabricación de lapidaria ornamental; utilizan para ello piedras de colores llamativos que en muchos casos son de extrema dureza, pero que a pesar de ello trabajan y perforan de forma primorosa, creando hermosos amuletos, colgantes y cuentas de collar. La materia prima, en muchos casos piedras semi preciosas (Queffelec et al., 2020, p. 2), era obtenida de manera local o bien mediante comercio con otras islas o incluso con el área continental (Knippenberg, 2006, p.24). De esta manera, queda bien patente la capacidad de los saladoides para movilizarse en el marco marítimo caribeño y su adscripción a las culturas de navegantes que hacen del mar fuente de subsistencia y vía de comercio y comunicación a grandes distancias.
En relación con la organización social de los grupos saladoides, consideramos que cualquier interpretación está sujeta a ser una mera hipótesis. En base a los antecedentes etnohistóricos de grupos tribales que aún sobreviven en las selvas y por las crónicas de los europeos que conocieron a los indígenas antillanos, sabemos que los taínos asentados en las islas tenían una organización social de tipo cacical (De Las Casas, 1985, p. 275). Sin embargo, los estudios arqueológicos nos indican que los grupos saladoides mantenían una organización social diferente, con un nivel primario de complejidad social (Curet, 1998, p. 222), probablemente basada en la presencia de jefes de guerra cuando era necesario, chamanes y líderes ocasionales para emprender proyectos colectivos, como las largas navegaciones interinsulares que necesitaban de una sólida organización que se apoyase en el liderazgo de algunos individuos. Por otra parte, la profusión de elementos ornamentales de evidente uso ritual y sus sistemas de enterramientos con ofrendas funerarias en algunos casos, indican que debían existir también chamanes que manejasen los asuntos religiosos presentes en su cultura. Su sistema social sin duda debió ser muy uniforme en todos los lugares donde se asentaron, dada la similitud tanto de las formas de vida que presentan como de los emplazamientos de los poblados y las estructuras habitacionales de las que los dotaban.
1.4. El saladoide temprano con cerámica de la subserie cedrosan en La Española
La presencia del grupo cultural saladoide temprano en La Española es un hecho reconocido por los investigadores; algunos lo consideran procedente de Puerto Rico (Chanlatte, 1981, p. 55), pero, aunque lo consideramos más que probable, pensamos que es necesario realizar trabajos ceramológicos con la profundidad y el detalle necesario, para poder comprobar este hecho. Hasta hace muy poco tiempo, el saladoide temprano caracterizado por la cerámica cedrosan en la isla de Santo Domingo se ha considerado como algo extremadamente escaso y casi anecdótico; de hecho, solamente se citaba el sitio arqueológico de La Caleta de La Romana, reportado en los años setenta del pasado siglo (Chanlatte, 1976, p. 17), fechado hacia el 240 A.D. (Rouse, 1992, p. 90), donde aparece un poblado saladoide, “cuyos habitantes probablemente provenían de Puerto Rico, portadores de técnicas agrícolas basadas en la roza y la siembra de yuca” (Ortega, 2022, p. 72). En La Caleta de La Romana se han realizado dos campañas de excavaciones arqueológicas, pero lamentablemente, las excavaciones realizadas en estos lugares fueron de muy pequeña extensión y con metodología arqueológica anticuada; tampoco se llegó a publicar una monografía del sitio y solamente se cuenta con una fecha de carbono-14 para La Caleta de la que da cuenta Irving Rouse (Rouse, 1992, p. 90).
Por otra parte, se desconoce dónde se encuentran las cerámicas que se recuperaron. La única muestra de cerámica de este sitio arqueológico relativamente extensa se localiza en el Museo Provincial de Altos de Chavón en La Romana y corresponde a piezas extraídas sin criterio arqueológico, que pertenecieron a la colección particular de Samuel Pion (García Arévalo, 1992, p.36). También se conservan algunos fragmentos de cerámica saladoide cedrosan procedentes del sitio arqueológico, expuestos en la interesante Sala de Arte Prehispánico, de propiedad de la fundación sin espíritu de lucro del Dr. Manuel García Arévalo, abierta al público y a los investigadores y situada en la ciudad de Santo Domingo. En el año 2020 realizamos una detallada prospección arqueológica en el lugar y pudimos constatar que el sitio arqueológico de La Caleta ha sido completamente destruido por las construcciones realizadas donde se ubica, resultando extremadamente improbable que se pueda localizar alguna zona donde pudiese aparecer material arqueológico.
Es importante no confundir el yacimiento de La Caleta de La Romana con La Caleta de Santo Domingo, donde también existe un importante sitio arqueológico prehispánico en el cual, además de indicarse la presencia de restos saladoides en la zona más profunda que se estima datada en 250 A.D. (Ortega, 2005, p. 50), existe un nivel muy potente caracterizado por la profusión de cerámica chicoide adscrito a la cultura taína y numerosos enterramientos de este periodo. Marcio Veloz en su libro Arqueología Prehistórica de Santo Domingo, indica que en La Caleta de Santo Domingo se habían localizado “importantes muestras saladoides de cerámica igneri” (Veloz, Marcio, 1972 a, p. 159). Este detalle le pasó desapercibido al primer excavador del sitio arqueológico, pues al consultar el libro que publicó René Herrera Fritot sobre sus excavaciones arqueológicas en La Caleta se entiende que allí nunca se localizaron este tipo de cerámicas (Herrera y Youmans, 1946, p. 55). Lamentablemente no es posible constatar la presencia de los tipos cerámicos saladoides que aparecieron, ya que no figuran en ninguna publicación y la mayor parte de la colección cerámica de este sitio ha desaparecido, pues se encontraba expuesta en el museo arqueológico monográfico que se construyó sobre el sitio arqueológico y al cerrarse, la colección se disgregó y las cerámicas se perdieron en su mayor parte.
También, Marcio Veloz informa de otro lugar con cerámica saladoide en el sitio arqueológico de Andrés, en Boca Chica (Veloz, 1993, p. 64), pero no nos ha sido posible comprobar esa información, dado que nunca se realizaron excavaciones arqueológicas sistemáticas en el emplazamiento citado y el único dato alternativo que se ha publicado sobre el yacimiento omite la aparición de piezas saladoides y adscribe todos los hallazgos a estilo chicoide propio de los grupos taínos (Ortega, 2005, p. 56).
En años recientes, en la provincia de La Altagracia, en el pueblo de El Macao, se ha excavado el sitio arqueológico de la Iglesia del Macao que ha ofrecido una fecha de 1820 – 1550 cal. B.P., 2 sigma ( Beta Analytic nº 179653, sobre muestra de concha) (Ortega et al., 2003 a, p. 92), en estratos donde se localizó cerámica saladoide cedrosan; los investigadores expusieron claramente el hallazgo de cerámicas saladoides en los niveles más tempranos y está bien documentada su existencia en el informe arqueológico publicado. Sin embargo, las excavaciones se limitaron a una serie de catas de reducido tamaño, por lo que son pocos los datos que se pudieron obtener de este interesante yacimiento arqueológico, que todavía puede ofrecernos mucha información si se realizan excavaciones de alcance con metodología arqueológica moderna.
El sitio arqueológico de La Iglesia del Macao se encuentra a pocos kilómetros del yacimiento del Morro del Macao, donde se localizan, o mejor decir que se localizaban, los restos de lo que tal vez fue uno de los mayores poblados taínos de la isla de Santo Domingo, tal como lo describe Bartolomé de Las Casas en su Historia de Indias (Las Casas, 1992, p. 325). Las primeras excavaciones arqueológicas en el lugar, las realizaron los investigadores del Museo del Hombre Dominicano en 1972, documentando solamente cerámica que catalogaron como ostionoide (Veloz y Ortega, 1972 b, p. 163). Lamentablemente, el sitio arqueológico ha desaparecido prácticamente por completo debido a la construcción de un enorme hotel. Sin embargo, las ultimas excavaciones arqueológicas realizadas por el Museo del Hombre Dominicano, documentaron un estrato saladoide en la parte más profunda del yacimiento que los responsables del trabajo decidieron fecharlo entre el 200 d.C. y el 400 d.C. (Olsen, 2007, p. 97); esta hipótesis ha sido discutida por otros arqueólogos que han considerado la afirmación como errónea, pues en su opinión las cerámicas saladoides están ausentes en el sitio arqueológico (Ulloa, 2008, p. 293). En nuestra opinión sí existe presencia de cerámicas saladoides tardías en el Morro de Macao, tal como ya apuntó Marcio Veloz en sus investigaciones sobre el sitio (Veloz, 1972, p. 334), pero lamentablemente aún no se ha realizado un estudio de las mismas y difícilmente se hará de manera precisa, pues la colección ha sufrido muchas alteraciones debido a problemas de estiba en los lugares de depósito donde se almacenó en un primer momento.
En 2011 se excavó un sitio arqueológico saladoide en el área protegida denominada Santuario de Mamíferos Marinos de Estero Hondo, situado en la provincia de Puerto Plata, en la costa norte de la República Dominicana. Hasta el momento solamente se ha publicado un escueto artículo en la Actas del 25 Congreso Internacional de Arqueología del Caribe (Voss, 2013, p. 145) donde aparecen algunas fotografías de material cerámico saladoide temprano. Las dataciones que la investigadora indica que se realizaron en el laboratorio Beta Analytic de Miami, se exponen parcamente, sin detalle alguno referente a su calibración ni referencia de la numeración de la mismas, por lo que resulta difícil asumirlas como definitivas, pero según la autora del trabajo las fechas del yacimiento arqueológico estarían entre el 500 a.C. y el 360 a.C. (Voss, 2013, p. 151).
En el sitio arqueológico de El Francés, en Samaná, aparece el primer asentamiento saladoide temprano con cerámica de la subserie cedrosan, que se documenta detalladamente en el proceso de una excavación arqueológica extensiva realizada con metodología moderna basada en el sistema de Harris, en la isla de Santo Domingo. Se han realizado ya cuatro campañas de excavaciones arqueológicas entre los años 2018 y 2020, financiadas por Guahayona Institute, donde han participado varios equipos de arqueólogos profesionales dominicanos y extranjeros y un nutrido grupo de asistentes de arqueología formados localmente. El estrato arqueológico donde aparecen las cerámicas tipo saladoide cedrosan ha ofrecido fechas calibradas de C-14 (AMS) tomadas sobre carbón que sitúan el nivel saladoide temprano entre los siglos IV d.C. y VII d.C. El hallazgo de este asentamiento ha sido providencial, pues nos permite arrojar luz sobre una cultura que pese a estar presente en muchos lugares de la costa de la isla, nunca se había excavado de manera extensa y sistemática. Gracias a estos trabajos, hemos podido solventar el problema que genera la falta de información casi absoluta sobre el saladoide temprano con cerámica de la subserie cedrosan en la isla de Santo Domingo.
También adscrito tradicionalmente al grupo saladoide, pero en este caso tardío, tenemos el sitio arqueológico de Los Corrales, en Juan Dolio, provincia de San Pedro de Macorís, con fechas del 640 y 670 A.D. (Veloz et al., 1981, p. 376). Carecemos de publicaciones de detalle de las excavaciones arqueológicas que se realizaron, por lo que es difícil saber si en estratos inferiores se pudieron encontrar restos del periodo saladoide temprano o medio/tardío, aunque los arqueólogos que realizaron el trabajo descartaron esta posibilidad. Los pocos restos cerámicos que hemos podido observar corresponden al tipo cuevas, tal como lo identificaron los excavadores (Ortega, 2022, p. 225), pero tal vez en el sitio hayan aparecido cerámicas más antiguas, dado que en la misma zona se halló una botella con decoración pintada que podría corresponder a la serie saladoide cedrosan (Veloz, 1971, p. 19).
En el sitio arqueológico de Punta de Garza, a poca distancia de la desembocadura del río Higuamo, en la provincia de San Pedro de Macorís, los excavadores reportaron el hallazgo de cerámica supuestamente saladoide en estratos profundos del yacimiento (Veloz, 1972, p. 310). Sin embargo, en el libro que se publica sobre el sitio arqueológico en 1977, “Arqueología de Punta Garza”, ni se hace referencia a este tipo de cerámica, ni se ofrecen dibujos o detalles que puedan identificarla.
Actualmente se están realizando investigaciones por toda la isla que probablemente ofrecerán la localización de nuevos sitios saladoides. De hecho, ya tenemos noticias formales del hallazgo de este tipo de cerámicas en yacimientos arqueológicos de la costa noreste (comunicación personal de Corinne Hofman), concretamente detrás de la playa del pueblo de La Entrada, en la provincia María Trinidad Sánchez. También es muy probable que, si se excavase en los sitios de la provincia de Samaná del entorno de El Francés, se hallasen restos de cerámica saladoide; los sitios arqueológicos de El Valle y Anadel y algunos lugares de Cueva del Agua, son los principales candidatos para ofrecernos restos de este grupo cultural. De hecho, en las excavaciones arqueológicas realizadas por Guahayona Institute en el abrigo de El Frontón en el Monumento Natural Cabo Samaná, se recuperó del nivel revuelto carente de estratigrafía un plato de estilo cuevas junto con abundantes restos de cerámicas locales (López, Burkhalter y Shelley, 2021, p. 233).
Sin embargo, por el momento los datos de que disponemos para estudiar el saladoide en la isla de Santo Domingo son los que hemos expuesto anteriormente. Es por tanto indudable que la posibilidad de realizar una tipología de la cerámica saladoide cedrosan del yacimiento arqueológico de El Francés, supone un importante avance en la compresión de este grupo cultural.
CAPÍTULO 2.
EL SITIO ARQUEOLÓGICO DE EL FRANCÉS
2.1. Descripción del sitio arqueológico
El sitio arqueológico de El Francés se encuentra en la República Dominicana, concretamente en la provincia de Samaná, dentro del distrito municipal de Los Cacaos, en el pequeño pueblo de El Francés, situado a la orilla del mar, en la costa Este de la isla, justo al norte de la entrada de la bahía de Samaná. El enclave cuenta con una hermosa playa de arena flanqueada por salientes rocosos en el área costera que se denomina bahía Francés (López y Shelley, 2020, p. 95).
En cuanto a la geología y la geomorfología del área arqueológica, la zona de El Francés se localiza dentro de la formación Samaná7, donde el sustrato está compuesto de rocas metamórficas; fundamentalmente encontramos calizas pleistocenas con abundantes fósiles y un gran conjunto de esquistos mesozoicos jalonados de mármoles masivos. El lugar donde se localiza el yacimiento arqueológico es una llanura litoral de suelos muy fértiles, formados por los sedimentos generados en el Holoceno, procedentes de los montes que cierran un gran valle que se extiende desde la loma de La Piña hasta La Talanquera. El área arqueológica comienza justamente en la margen oriental del río El Pozo, situado en la zona oeste del pequeño valle, que es hoy una corriente estacional, pero que en el pasado probablemente fue un río con un caudal constante y abundante.
En el área geográfica de El Francés, la provincia de Samaná presenta un clima tropical húmedo, influido principalmente por la presencia de los anticiclones subtropicales, como son el de origen continental que tiene efectos variables y el de origen oceánico, que tiene efectos permanentes. Existen dos estaciones de lluvias, el periodo en que las precipitaciones son escasas, de diciembre a abril, y el de lluvias más frecuentes, de mayo a noviembre (López, 2014, p. 9). La zona de vida es el bosque húmedo subtropical, localizado desde la costa hasta una altitud aproximada de 400 metros sobre el nivel del mar, aunque la mayor parte de la masa forestal ha sido talada y en su lugar se presentan conucos y potreros. En esta zona están presentes diversas especies botánicas caracterizadas por las condiciones ambientales de la región, siendo las más comunes, entre otras, las siguientes: canelilla (Eugenia samanensis), coco (Cocus nucifera), amacey (Tetragastris balsamifera), mara (Canophyllum calaba), cigua blanca (Ocotea coriacea), mango (Mangifera indica), palo de burro o lengua de vaca (Dendropanax arboreus), caya amarilla (Sideroxylon foetidissimun), palo amargo (Trichilia pallida) y uva de playa (Coccoloba uvifera) (Salazar y Peguero, 1994, p. 54). El grupo mejor representado de la fauna son las aves, siendo las más comunes: pájaro bobo (Saurothera longirostris), pájaro carpintero (Melanerpes striatus), pelícano (Pelecanus occidentalis), gaviota (Sterna fuscata), aura tiñosa (Cathartes aura), tijereta (Fregata magnificens) y ruiseñor (Mimus polyglottos) (Mateo y López, 2020, p. 560), entre otros.
7. Los datos de geología y geomorfología se han obtenido de los mapas y sus memorias correspondientes preparados por el proyecto SISMIN I y SISMIN II que se encuentran en el Ministerio de Energía y Minas de la República Dominicana. Hoja Geológica nº 6373-IV (año 2010) y Hoja Geomorfológica nº 6374 (año 2010)

Vista aérea aérea del sitio arqueológico de El Francés.En la costa existe un arrecife de coral en muy buen estado de conservación, con todo su ecosistema asociado y en las aguas abiertas de la bahía, además de los peces bentónicos propios de la costa, se observan abundantes especies de mamíferos marinos, como son los manatíes (Trichechus manatus), las ballenas jorobadas (Megaptera novaengliae) y los delfines (Turisop truncatus) (López y Mateo, 2020, p. 57).
La zona arqueológica se encuentra en un estrecho valle formado por la llanura litoral que cierran las montañas de las estribaciones de la sierra de Samaná, lo que convierte el lugar en un área geomorfológica- mente muy particular y perfectamente delimitada geográficamente. Es a la entrada del estrecho paso al valle por el Norte, donde se encuentra un importante petroglifo escultórico representando a alguna deidad prehispánica (Pagán y Jiménez, 1983, p. 46), cuya función fue proba- blemente marcar el comienzo del territorio del valle de El Francés. En base a la prospección arqueológica de detalle que hemos realizado, se concluye que el antiguo asentamiento indígena tiene en la actualidad un frente de mar de unos 204 metros en dirección Norte – Suroeste y un fondo de al menos 156 metros hacia el Noroeste. En total tenemos una superficie acotada de alrededor de 25.000 m2 donde se desarrolla el sitio arqueológico.
El área arqueológica se encuentra situada en su totalidad dentro de la llanura aluvial que se extiende frente a la costa. La zona costeromarina evidencia un avance del mar sobre la línea costera existente en tiempos prehispánicos, pues los estratos arqueológicos del yacimiento se encuentran bruscamente cortados por la acción de las olas. El sitio arqueológico se desarrolla inmediatamente detrás de la costa rocosa y está claramente delimitado por la desembocadura del arroyo El Pozo al Sureste y al Noroeste por una pequeña cañada situada a unos 200 metros del arroyo. La parte del sitio arqueológico que se sitúa entre la carretera y la línea del mar está fuertemente impactado por la plantación de cocoteros (Cocus nucifera) que alberga, lo que provoca que el paquete de restos culturales situado en la zona más superficial del yacimiento se encuentre revuelto por las raíces. Sin embargo, entre las matas de coco y bajo su paquete radicular, los estratos arqueológicos se presentan en buenas condiciones, tal como se ha podido comprobar por el perfil del talud que ha creado el impacto del mar en la línea costera. Los conucos y las plantaciones de plátanos (Musa acuminata) han afectado varias áreas del sitio arqueológico.
También hay varias zonas en las que se observa la presencia de grandes agujeros realizados por excavadores ilegales en busca de materiales arqueológicos, pero la superficie que han afectado es relativamente pequeña en relación con la extensión del sitio arqueológico. Así pues, aún existe gran parte del yacimiento intacto que es la que ha sido excavada metodológicamente por nuestro equipo durante las cuatro campañas de trabajos de campo que llevamos realizadas.
No se han podido localizar restos arqueológicos tras la zona de playa. Esta situación puede deberse a la acción humana, pues el desarrollo inmobiliario existente tras la franja de arena pudo haber destruido las evidencias de ocupación prehispánica, si es que hubiesen existido. Sin embargo, bajo la arena de la playa, en la berma y previsiblemente bajo la duna, a apenas cuarenta centímetros de profundidad, aparece un lecho arcilloso de gran calidad. Hasta el momento no se ha encontrado evidencia de que esta arcilla fuera utilizada como materia prima por los habitantes prehispánicos del sitio para fabricar cerámica, pero no podemos descartar por completo esta posibilidad.
2.2. Metodología de excavación empleada
Durante los trabajos de excavación arqueológica se realizaron 13 cortes diferentes. El método utilizado para llevar a cabo las excavaciones sistemáticas se basó en los principios establecidos por E. Harris en su libro “Principios de Estratigrafía Arqueológica” (Harris, 1991, p. 11).
• Para tomar las profundidades de las excavaciones se estableció un punto base utilizando una Estación Total, localizado a 8,23 m sobre el nivel del mar.
• Durante los trabajos de excavación se utilizó un nivel digital con el que se mantuvo el control de las profundidades en cada etapa de excavación de cada uno de los cortes arqueológicos.
• Se realizaron fotografías digitales de cada uno de los niveles ex- cavados en cada corte y se tomaron fotos de detalle de diferentes piezas “in situ”, para ser después integradas en los informes.
• Los estratos se excavaron con todo cuidado, siguiendo cada uno de los paquetes naturales para evitar que se mezclen entre sí y contar con la colección de materiales arqueológicos que se localizan en cada uno de ellos bien definida.
• Durante el proceso se tomaron muestras de carbón donde aparecieron, para así realizar posteriormente dataciones por carbono-14.
• Igualmente se van seleccionando piezas cerámicas que pueden ser susceptibles de contener restos de almidones, con el fin de evitar su manipulación hasta realizar la extracción de la muestra correspondiente.
• Una vez excavado un estrato por completo, dejando todos los materiales expuestos y limpios “in situ”, se realizan las labores de fotografía del mismo.
• Toda la tierra extraída durante el proceso de excavación pasa por un proceso de cribado, donde se seleccionan los restos cul- turales y se separan en primera instancia según su composición: piedra, concha, concha trabajada, cerámica, hueso, etc.
• Los materiales se enfundan y se llevan al área de almacén conve- nientemente etiquetados, donde se preparan para su posterior lavado y secado.
• Durante el proceso de lavado de la cerámica se mantiene un especial cuidado con las que pueden ser susceptibles de tener pintura o engobe.
• Los restos óseos se cepillaron en seco solamente, para favorecer de esta manera su conservación.
• Después, todos los materiales selectos se siglan, se etiquetan de nuevo y se embolsan adecuadamente, colocándolos en cajas de plástico bien identificadas separadas por cortes arqueológicos.
• Una vez que el material está listo, se lleva al área de laboratorio donde se reconstruyen las cerámicas en la medida de lo posible y se realizan diferentes trabajos de dibujo y fotografía.
• En el laboratorio también se realizan otro tipo de trabajos, como estudios de ceramología, paleofauna, traciología, etc.
De esta manera se planteó un trabajo arqueológico con un elevado nivel metodológico, el cual nos ha permitido recuperar los diferentes aspectos culturales del establecimiento prehispánico y reconstruir en buena parte los procesos de ocupación del sitio y los modos de vida que se daban en el mismo. Terminada cada campaña de excavaciones, se sintetizan todos los resultados obtenidos y se preparan informes parciales que se entregan al Museo del Hombre Dominicano, junto con todos los materiales arqueológicos procedentes del proceso de excavación sistemática que se han recuperado en el sitio de El Francés. Este material se almacena en cajas plásticas apilables perfectamente organizado e identificado, para que pueda ser estudiado en cualquier momento por los investigadores que se interesen en ello.
Mediante el sistema de trabajo arqueológico expuesto, es como se han obtenido las cerámicas de tipo cedrosan del periodo saladoide temprano que serán analizadas en este estudio. Así podemos garantizar que la colección se ha mantenido siempre sin posibilidad de que se mezcle con elementos que provienen de estratos diferentes y que los fechados realizados corresponden a materiales íntimamente ligados a las cerámicas, contando así con datos cronológicos extremadamente confiables.

Durante las diferentes campañas de excavaciones realizadas entre 2018 y 2020, se excavaron un total de 13 cortes arqueológicos de di- ferentes tamaños en distintas áreas del yacimiento que suponen un total de 218.85 m2 realizado hasta una profundidad media de 1 metro. En total se removieron alrededor de 200 m3 de tierra con materiales arqueológicos que fue cribada y manejada con todo detalle. Las áreas de excavación fueron cubiertas con carpas o con estructuras fijas techadas para evitar en todo momento que el agua de lluvia alterase las excavaciones. El personal empleado contó con el entrenamiento necesario para manejar sus funciones correctamente, garantizando así la calidad de los resultados y la integridad de todos los materiales recuperados. Nuestro personal es en su totalidad oriundo de El Francés y los pueblos aledaños; de esta manera nuestra institución científica, Guahayona Institute, cumple con los correspondientes estándares de responsabilidad social que consideramos deben manejarse con la comunidad que habita el lugar donde se encuentra el sitio arqueológico.
2.3. Contexto arqueológico de los hallazgos cerámicos del saladoide temprano
Para entender con todo detalle el depósito saladoide temprano del sitio arqueológico de El Francés, es necesario conocer todo el contexto arqueológico en el que se ha encontrado. El estrato donde aparece la cerámica cedrosan del periodo saladoide, es el más profundo del sitio arqueológico. Aun cuando se han realizado sondeos bajo esta capa con material cultural, no se han localizado restos de ocupaciones previas en el lugar. De hecho, las abundantes conchas de moluscos marinos que se han encontrado a este nivel, especialmente las de Cittariun pica (burgao) y las de Lovatus gigas (lambí) presentan un tamaño enorme; nunca se han encontrado en la zona conchas de moluscos de esas dimensiones y mucho menos en una abundancia semejante. Este detalle nos indica que el nicho ecológico de la zona costera era prácticamente virgen en el momento de la llegada de los saladoides y, por consiguiente, difícilmente habría comunidades arcaicas de importancia establecidas exactamente en este lugar, aunque sí las había en enclaves cercanos (Pagán y Jiménez, 1983, p. 46), (López Burkhalter y Shelley, 2021, p. 229).
Seguidamente, procedemos a desarrollar una interpretación razonada de los resultados obtenidos en el proceso de excavación de los Cortes 10, 11, 12 y 13 que es donde aparece el nivel saladoide temprano intacto que hemos excavado durante las dos últimas campañas de excavaciones arqueológicas. Para ello, establecimos una secuencia cronoestratigráfica que enumeramos desde la fase más antigua a la más reciente. Incluimos además una referencia numérica a los niveles de ocupación:
FASE I-Nivel natural. Corresponde al nivel de arcillas estériles que colmataban la zona costera en un momento previo al asentamiento que puso fin al proceso natural de sedimentación.
FASE II-Nivel de ocupación saladoide temprano. Corresponde al primer establecimiento humano en el sitio. Para esta fase tenemos dos áreas bien diferencias que se encuentran una al lado de la otra: el residuario y el nivel de uso. El residuario saladoide temprano está constituido por una serie de deposiciones regulares de desperdicios que quedaron completamente selladas con el paso del tiempo. En este basurero se han localizado restos de alimentación, herramientas de piedra, coral y concha gastadas y rotas y por ello desechadas, entre gran cantidad de vasijas rotas de tipo saladoide cedrosan, a veces muy fragmentadas que fueron depositadas allí por los pobladores prehispánicos del lugar. Destacan entre la antigua basura los restos de una enorme tortuga destazada “in situ”, al lado de los cuales se encontraron sencillos útiles de concha y piedra probablemente utilizados en el proceso de despiece. Sobre esta interfaz horizontal y también anexa a ella, se hicieron varias hogueras y se generó un depósito que interpretamos como un nivel de uso.
En el citado nivel de uso, documentamos una gran cantidad de desechos de cocina y otros materiales arqueológicos, ya sea como inclusiones formando parte del estrato, así como “in situ” abandonados sobre el suelo. Nos referimos principalmente a acumulaciones de burgaos (Cittarium pica) de gran tamaño que aparecen literalmente amontonados junto al hogar. También hemos hallado un conjunto de varias conchas de lambí (Lovatus gigas), con indicios de haber sido expuestos al fuego para su cocinado, que aparecen alrededor de los restos de la hoguera. Junto a estos desechos de cocina, encontramos algún guayo de coral, donde destaca un ejemplar de gran porte, diversos elementos líticos, como majadores, pesas de red de piedra y coral, así como multitud de fragmentos de cerámica, donde destacan varios recipientes casi completos, especialmente vasos acampanados, bandejas y ollas de cocinar, todos de tipología saladoide cedrosan.
La cronología para este nivel saladoide temprano nos la proporcionan las dataciones por radiocarbono de varias muestras obtenidas durante las excavaciones arqueológicas, que se presentan en la horquilla temporal situada entre 382 – 538 cal. AD (Beta Analytic nº 542326, sobre muestra de carbón) y 416 – 545 cal. AD 2 sigma (Beta Analytic nº 597731, sobre muestra de carbón).
FASE III-Nivel de abandono. Se corresponde con un único depósito que cubre la fase precedente. Se trata de un tramo estéril de la secuencia estratigráfica que creemos pudo generarse gracias a un proceso de sedimentación natural, tras el abandono repentino de esta zona del yacimiento, el cual creemos pudo iniciarse en un momento situado hacia finales de la segunda mitad del siglo VI d.C.
FASE IV-Nivel de ocupación cuevas. Comienza con la formación de una interfaz horizontal sobre el estrato de arcillas estériles de la fase precedente. Sobre este plano se generó un nuevo depósito que podemos interpretar como un nivel de uso. Esta ocupación se caracteriza por la presencia de hogares, entre los que se encuentran dispersas conchas de grandes moluscos y restos de huesos de pescados y de otros animales, así como herramientas. Este nivel constituye un contexto similar a la anterior fase de ocupación que parece indicarnos que el lugar volvió a estar igualmente destinado a cocinar, fundamentalmente moluscos y pescados procedentes de la actividad pesquera y el marisqueo en el litoral y caracoles terrestres de las especies Caracollus excelum y Polidones sp. Sin embargo, se han constatado importantes diferencias entre el material manufacturado localizado, principalmente con relación a las piezas de cerámica, donde podemos destacar la casi total desaparición de la cerámica del saladoide cedrosan y la presencia, por primera vez, de abundantes cerámicas de tipo cuevas.
En base a los estudios ceramológicos realizados, aún inéditos, comparado la composición de la cerámica cuevas de El Francés, con fragmentos de cerámica cuevas de varios sitios arqueológicos de Puerto Rico, se ha llegado a la conclusión de que al menos parte de la cerámica cuevas de El Francés no fue fabricada localmente y que su posible origen está precisamente en la citada isla vecina8.
Además de las diferencias en la cerámica cuevas frente a la saladoide temprana, junto con la primera también se documenta una abundante presencia de cerámica local que se ha denominado ciguoide. Las tipologías y porcentajes de tipos de las herramientas de piedra y concha que acompañan a los paquetes estratigráficos saladoides y cuevas también cambian, al igual que la alimentación, como se ha podido constatar en los estudios arqueofaunísticos y de presencia de plantas amiláceas (Pagán y López, 2021, p. 193 y 194), (Narganes, 2022, p. 15). A la luz de estos hallazgos, hemos concluido que los ocupantes del sitio en la fase IV corresponde a una ocupación diferente a la saladoide temprana, que se mezcla con la población arcaica local del entorno y cuyo origen probablemente sean las costas de la vecina isla de Puerto Rico.
La cronología para este nivel cuevas y ciguoide, nos la proporcionan las dataciones por radiocarbono de varias muestras obtenidas durante las excavaciones arqueológicas, que se presentan en la horquilla temporal situada entre: 663 – 775 cal. AD (87,3%), 786 – 828 cal. AD (11,2%) y 862 – 866 cal. AD (0,4%) 2 sigma (Beta Analytic nº 597731, sobre muestra de carbón); 656 – 727 cal AD (68%) y 737 – 769 cal AD (27,4%) 2 sigma (Beta Analytic nº 548164 sobre muestra de carbón); 772 – 900 cal. AD (73.7%) y 916 – 974 cal. AD (21,7%) 2 sigma (Beta Analytic nº 597724, sobre muestra de carbón) y 768 – 900 cal. AD (87,4%), 920 – 952 cal. AD (7,3%) y 730 – 736 cal. AD (0,6%) 2 sigma (Beta Analytic nº 548164, sobre muestra de carbón).
FASE V-Nivel de ocupación. La fase precedente finaliza con la formación de una nueva interfaz horizontal sobre el nivel de uso anterior, resultando la formación de un nuevo estrato que interpretamos también como un nivel de uso y que ha proporcionado abundante material malacológico y arqueológico. En cuanto a la cerámica, desaparece por completo la saladoide cedrosan temprana y, como en la fase precedente, encontramos abundantes restos cerámicos de estilo cuevas, así como grandes fragmentos de burén, herramientas y todo tipo de restos de alimentación.
8. Los estudios ceramológicos de las piezas cerámicas recuperadas durante las excavaciones arqueológicas han sido realizadas por el especialista Simone Casale y van a ser publicados durante el presente año en prestigiosas revistas científicas. La información que aportamos ha sido ofrecida de manera personal por el citado investigador previamente a su publicación.
FASE VI. Sobre este nivel de uso, de manera inmediata y realizado por el mismo grupo que ocupa el lugar, se genera un denso residuario, donde se multiplican los hallazgos de material arqueológico de exactamente las mismas características que el de la fase anterior. Consideramos que, en momento dado, simplemente se modificó el uso de suelo en esta área del poblado.
La cronología para las FASES V y VI, donde prácticamente desaparece la cerámica cuevas y aparece ya la cerámica protochicoide es prácticamente la misma y nos la proporcionan las dataciones por radiocarbono de varias muestras obtenidas durante las excavaciones arqueológicas, que se presentan en la horquilla temporal situada entre: 892-1014 cal. AD 2 sigma (Beta Analytic nº 528869, sobre muestra de carbón).
FASE VI-Nivel de ocupación. Supone la amortización del “residuario” con la formación sobre este de una interfaz horizontal, que interpretamos como superficie de uso.
FASE VII-Nivel de uso. En este momento se observa una aplanación artificial del terreno del residuario, donde aparecen abundantes restos arqueológicos y donde desaparece la cerámica cuevas, manteniéndose una gran profusión de fragmentos cerámicos ciguoides e irrumpiendo de manera muy evidente la cerámica protochicoide. Bajo este nivel del terreno es que se realizan abundantes fosas donde se inhuman cadáveres que curiosamente se disponen de manera semicircular unas a poca distancia de las otras. Creemos posible que en esta fase el lugar correspondiese al piso de una gran vivienda y que las inhumaciones se realizaran bajo este suelo en la zona más cercana al perímetro interior de un bohío. Esta es la fase más reciente del sitio arqueológico, pues los estratos superiores han sido arrasados por la actividad humana.
La cronología para esta fase nos la proporcionan igualmente las dataciones por radiocarbono de los restos humanos de las tumbas que consideramos originarios de este momento, aun cuando se encuentran depositados en fosas enclavadas dentro de un estrato arqueológico inferior, que han sido datados por carbono-14 en la horquilla temporal situada entre 944 – 1024 cal. AD (86%) y 898 – 924 cal. AD (14%) 2 sigma (INNOVA SCaRL Código DSH91_GE, sobre muestra ósea humana).

Del análisis de las fases anteriormente descritas, se desprende que el estrato saladoide temprano con cerámica de tipo cedrosan responde a una colonización de grupos humanos que se asientan en la costa noreste de La Española a finales del siglo IV d.C. o ya en el siglo V d.C., en una época en que se considera que comienza la transición entre la cerámica cedrosan temprana y la medio/tardía (Berard, 2013, p. 187), caracterizada por un cambio en algunos aspectos de fabricación de la cerámica saladoide cedrosan que en principio se observa en las piezas encontradas en este nivel del sitio arqueológico de El Francés. A esta colonización inicial sucede otra de mayor duración, caracterizada por un grupo que trae la cerámica cuevas y cambios sustanciales de dieta, tipos de herramientas, probablemente de sistemas de cultivo y de organización social.
2.4. El nivel saladoide temprano
La colonia saladoide temprana que hemos localizado en la costa de la bahía de Samaná, consideramos que probablemente se establece hacia el siglo V d.C. en el sitio de El Francés. Este es un hecho con pocos precedentes en la actual arqueología dominicana; sin embargo, consideramos que, con el avance de las investigaciones de campo en las costas norte, noreste, este y sureste de la isla, donde ya se han localizado establecimientos prehispánicos con cerámica cuevas, probablemente aparecerán otros sitios saladoides tempranos, e incluso más antiguos que el de El Francés, como ya se ha apuntado en lugares como La Iglesia de Macao (Ortega et al., 2003 b, p. 408), por ejemplo. Según los resultados de las investigaciones arqueológicas que estamos realizando, los saladoides tempranos con cerámica cedrosan, ocupan un área de manera exclusiva, sin mezclarse con los pobladores locales9, al menos en el lugar donde establecen su poblado, pero interactuando con ellos de alguna manera. Esta es una característica que se ha documentado en otros sitios arqueológicos saladoides en diferentes islas caribeñas (Berard, 2004, p. 19).
Los saladoides que se establecen en la costa de Samaná, tienen su origen ancestral en otras islas del Caribe. Durante el desarrollo del presente trabajo trataremos de localizar, en la medida de lo posible, cuál fue la isla de la que salieron estos grupos saladoides para llegar finalmente a colonizar las costas de La Española. Para ello, compararemos el conjunto cerámico dominicano con el del resto de las islas del Caribe donde se ha levantado este tipo de información arqueológica. El tipo de cerámica que identifica a este grupo saladoide se documentó en la isla de Trinidad, en el sitio arqueológico denominado Cedros, con fechas de carbono-14 de entre el 300 a.C. y el 350 d.C. (Boomert 2016, p. 28). El establecimiento saladoide temprano que se ha localizado en El Francés, se mantiene durante relativamente poco tiempo, al menos en el residuario y el piso de uso que hemos excavado. Luego hay un periodo de abandono del lugar, pero es importante recalcar que es posible que este abandono se dé en el área excavada pero que en otras zonas del sitio arqueológico el asentamiento saladoide temprano se mantenga por un tiempo mayor. En el nivel cuevas hemos encontrado solamente un porcentaje mínimo de cerámica saladoide cedrosan temprana y aparece en la parte más baja del citado nivel, probablemente debido a alteraciones de los paquetes estratigráficos provocados por animales o por las raíces de las plantas.
9. Con respecto a esta situación es interesante citar textualmente la que detalla Benoît Berard en su libro publicado en 2004, titulado Les Premières Ocupations Agricoles de L’arc Antillais: “El avance en las Indias Occidentales de las poblaciones cerámicas se produjo a expensas de los grupos arcaicos que anteriormente ocupaban la zona. Hasta el momento se han identificado pocos rastros de contacto entre estos dos grupos culturales. Esto probablemente se deba en parte a la baja densidad de la ocupación prealfarera de las Antillas Menores. Los únicos rastros significativos de interacción se han identificado en el extremo norte del área de ocupación saladoide, en el extremo este de la isla Hispaniola, donde un conjunto de sitios asociados al complejo El Caïmito muestran la adquisición de tecnología cerámica por grupos cuyo sistema económico sigue basado en la caza y la recolección (Rouse, 1992)”.

Las excavaciones arqueológicas en los Cortes 10, 11, 12 y 13, al lado del mar, evidencian que el piso de uso saladoide temprano y el residuario localizado, se mantienen casi intactos después de ser abandonados. Las vasijas de barro están en el mismo sitio donde las dejaron, junto a amontonamientos de conchas de bulgaos (Cittarium pica) cerca de los fogones que se localizan “in situ”. Muy cerca de estos se encuentran dispersas varias conchas enormes de lambí (Lovatus gigas). Los restos destazados de una enorme tortuga marina también se observan en una pequeña área del basurero, junto con herramientas de concha probablemente utilizadas para cortar su carne en ese mismo lugar. Sobre este estrato intacto, aparece una capa de sedimentos arcillosos, bien compactados, que denotan la ausencia de uso del sitio por un cierto periodo de tiempo.
Gracias a las excavaciones sistemáticas realizadas, podemos entender mejor a los saladoides tempranos, un grupo cultural que dominaba de manera exquisita la forma de fabricar vasijas cerámicas, las cuales, en ocasiones, estaban pintadas en uno o en varios colores. Hemos observado piezas pintadas en blanco sobre rojo, otras en rojo y naranja e incluso algunos fragmentos de vasijas con la parte interior pintada en negro. La variedad de las formas cerámicas es una constante en el yacimiento arqueológico, así como la presencia de tipos bien establecidos, como las resistentes bases para colocar vasijas fabricadas en cerámica gruesa, los vasos acampanados pintados en color rojo o anaranjado o las bandejas exquisitamente decoradas. La calidad de la fabricación de los burenes es sorprendente y muchos tienen un característico labio pronunciado que no se encuentra en las colecciones cerámicas de los grupos que les sucedieron en este espacio de habitación.
Los primeros habitantes de El Francés, saladoides tempranos con cerámica cedrosan, eran excepcionales navegantes y expertos pescadores que se internaban en el mar en busca de grandes ejemplares de peces y de otros animales marinos, cuyos restos hemos podido documentar en el sitio arqueológico. La pesca fue, sin duda, una de sus actividades primordiales, situación esta que ya ha sido constatada en otros establecimientos del citado grupo cultural donde la arqueofauna ha sido estudiada con todo detalle, como en el sitio de Sorcé situado en la isla de Vieques (Narganes, 215, p. 217). En las excavaciones de El Francés, se han localizado en el residuario grandes cantidades de
espinas y mandíbulas de peces cuyo hábitat está tanto en los arrecifes de coral como en las aguas abiertas. También, como era de esperar, capturaban enormes tortugas que constituían una parte importante de su base alimenticia. Es interesante observar la incidencia en la alimentación que tenían los quelonios, tanto marinos como de agua dulce, en el establecimiento saladoide temprano.
Los moluscos terrestres, Caracollus excellum y Polydontes sp., también fueron una parte importante de la dieta de los saladoides tempranos, aunque en menor medida que los moluscos marinos. Cuando avanza el asentamiento y aparece el grupo con cerámica de estilo cuevas, esta proporción entre el consumo de caracoles terrestres y marinos se invierte, pasando a ser los terrestres los más abundantes en los residuarios.

Otra especialidad de los saladoides tempranos fue el marisqueo; hemos podido comprobar que cuando llegaron al lugar, el nicho ecológico marino se encontraba muy poco explotado. Prueba de ello es la cantidad y el enorme tamaño de los bulgaos (Cittarium pica) y los lambís (Lovatus gigas) que encontramos en el área de cocina. Sin embargo, sí existían poblaciones autóctonas en los alrededores, denominados grupos arcaicos, tal como se ha podido constatar durante las prospecciones arqueológicas en el entorno realizadas por quien suscribe y patrocinadas por Guahayona Institute. También hemos constatado la presencia de población arcaica en las excavaciones realizadas por el Museo del Hombre Dominicano, a pocos kilómetros del enclave de El Francés, en cabo Samaná, provincia de Samaná, donde anteriormente habían aparecido restos de enterramientos arcaicos en el abrigo de playa Madama fechados en 2249 +/- 80 B.P. (Morbán, 1979, p. 43) y en 2795 +/- 140 B.P. (Morbán, 1982, p. 170). Igualmente, se ha documentado la presencia de estos pobladores originarios de la isla en las excavaciones arqueológicas de Guahayona Institute en el abrigo de El Frontón, también en el cabo Samaná, donde se localizaron estructuras arcaicas dentro del citado abrigo y abundante material arqueológico con el fechado más antiguo en la horquilla temporal 42 cal. BC – 166 cal. AD (Beta Analytic nº 548159 sobre muestra de carbón) (López, Burkhalter y Shelley, 2022, p. 226).
Entre la fauna recuperada durante las excavaciones del nivel saladoide temprano de El Francés, hay bastantes quelas de cangrejos de tierra (Cardisoma sp.) y marinos, circunstancia esta que ya fue observada desde el principio de los trabajos que identificaron a este grupo cultural y que fue la causa de que el primer nombre con que se les conoció fue precisamente la “cultura del cangrejo” (Rainey, 1940, p. 35). Las iguanas (Cyclura sp.) también fueron una fuente de alimentación, junto con las tortugas de agua dulce denominadas hicoteas (Trachemiys sp.), lo que nos indica que en aquellos tiempos en la zona donde se asentaron debió existir, además de ríos de caudal constante, un área de lagunas de las que aún queda un pequeño remanente en forma de humedal con algunos mangles, a pocos metros del lugar donde realizamos las excavaciones. Sin embargo, tal como ya se ha constatado en otros sitios saladoides, los consumos de estas especies tienen una trascendencia menor en su alimentación. (Narganes, 2015, p. 220).

La presencia de burenes, trabajados de manera excelente, con una calidad y una terminación que solamente los saladoides podían realizar, denota su dominio de las técnicas cerámicas y el hecho de que tuvieron actividad agrícola en el lugar. Los estudios de almidones realizados han ofrecido interesantes datos a este respecto, pues se ha identificado la presencia de las siguientes plantas amiláceas: yuca (Manihot sculenta), yautía (Xanthosoma sp.), bejuco de membrillo (Smilax dominguensis), ñame silvestre (Dioscorea polygonoides), platanillo (Canna sp.), maíz (Zea mais) y frijol (Fabaceae). Tanto los almidones de yuca como los de maíz tienen muestras de haber sido procesados en burenes, lo que nos hace deducir que se comían en forma de cazabe y de tortas. Otras plantas detectadas, tanto por sus posibilidades como por el tipo de vasija en que se encontraron los restos de sus almidones, hacen suponer que se utilizaron para fabricar bebidas embriagantes, a base de bejuco de membrillo (Smilax dominguensis) y ñame silvestre (Dioscorea polygonoides).
También se ha podido localizar la presencia de una pasta de ajíes, posiblemente utilizada como condimento. (Pagán y López, 2022, p.164). El porcentaje de fragmentos de burén localizados es pequeño, alrededor del 3% del total de los fragmentos cerámicos recuperados, por lo que podemos deducir que durante la primera ocupación del poblado la base alimenticia era proporcionada por la pesca y la recolección de mariscos más que por los cultivos de vegetales. Si la técnica agrícola que utilizaron en un principio fue la roza o si establecieron plantaciones en montones, es algo que por el momento no podemos conocer con toda seguridad, aunque probablemente el cultivo en montones fue el sistema utilizado para la producción agrícola en el sitio, ya que de otra manera el establecimiento en el lugar difícilmente habría pervivido por mucho tiempo sin tener que mudar la ubicación del poblado, debido al agotamiento del suelo de las tierras cercanas al mismo que provocaría una clásica agricultura de roza.
El emplazamiento de El Francés fue escogido por sus especiales características geomorfológicas, las cuales coinciden con las que se dan en la mayoría de los enclaves saladoides localizados en Las Antillas. Los saladoides buscaron lugares costeros, más del 80% de los sitios saladoides se encuentran a la orilla del mar (Haviser, 1997, p. 66). Construían sus poblados en llanuras litorales que fueran aptas para cultivar y con áreas de playa cercanas para acceder al lugar con sus canoas y ponerlas a salvo del oleaje cuando hiciese falta. Además, estos emplazamientos cuentan casi siempre con un río u otra fuente de agua dulce para proveerse de agua potable en cualquier momento (Berard, 2004, p.26). El área geográfica de El Francés cuenta con todas estas características, por lo que resultó un enclave óptimo para el establecimiento saladoide; pero, además, el hecho de estar completamente cerrado por una formación rocosa de mediana altura en la zona terrestre, le otorga una particular protección sobre los vientos.
Igualmente, la zona que se encuentra sobre el farallón que delimita el valle de El Francés, cuenta con un importante bosque tropical húmedo que en la época del establecimiento saladoide debió estar en perfecto estado, proveyendo de madera al poblado y constituyendo una excelente área para cazar y recolectar frutos. También, el hecho de que esta área costera se encuentre dentro de la espectacular bahía de Samaná, le proporciona otra ventaja más en cuanto a la protección de las grandes marejadas. La playa de El Francés está muy abrigada gracias a los salientes rocosos que la delimitan y hace de esta un lugar ideal para varar canoas y para sacarlas a la mar; de hecho, en la actualidad en las cartas náuticas a esta zona se la conoce como bahía Francés. Por si fuera poco, bajo las arenas de la playa, a unos 50 cm de profundidad, aflora un estrato de arcilla de excelente calidad que tal vez pudo ser utilizado para la fabricación de cerámica, aunque esta circunstancia todavía no se ha comprobado.

Las herramientas que hemos encontrado en los estratos correspondientes a la ocupación saladoide temprana son pocas y como es habitual se fabricaron en materiales de concha, coral y piedra, pues, aunque podemos deducir que gran parte de su utilería de trabajo era de madera, esta ha desaparecido por completo. Hay muy poca concha trabajada, limitándose el conjunto a puntas, cuchillos, gubias y cucharas, además de algunos elementos decorativos como un brazalete y una cuenta de collar. En cuanto a la piedra, la colecta realizada se limita a fragmentos de hachas planoconvexas, cuchillos de sílex de tosca factura, pesas que suponemos que se utilizaron para lastrar las redes de pesca, bruñidores para dar terminación a las piezas de cerámica, majadores, metates, afiladores y puntas. En cuanto a los utensilios de coral destacan los grandes guayos (ralladores), las limas y otros utensilios de menor tamaño utilizados para rallar o percutir.
En el sitio arqueológico han aparecido varios amuletos y cuentas de piedra de excelente factura. Sabemos que los saladoides fueron grandes especialistas trabajando piedras semi preciosas y que esos objetos formaron parte de un tráfico comercial que involucraba las Antillas y la parte continental del Caribe (Hofman y Hoogland, 2011, p. 19). Lamentablemente, la gran mayoría se han localizado en superficie o han sido recuperadas por personas de la comunidad que las han encontrado al excavar para realizar cimentaciones de viviendas o cultivos en sus conucos. Dado que en el lugar se encuentran piedras de gran calidad, como cuarzos cristalizados, consideramos muy probable que muchas de estas piezas se fabricaran en El Francés, aunque alguna de ellas, especialmente un lagarto finamente tallado en un cuarzo rosado recuperado por los campesinos cuando cavaban en el sitio para realizar sus cultivos posiblemente sea fruto del comercio con el área continental. Lamentablemente, al carecer de estratigrafía no podemos asegurar que proviniera del estrato saladoide temprano.
El nivel de ocupación correspondiente al periodo saladoide temprano de El Francés nos ofrece una visión muy completa de varios aspectos de la vida de este pueblo, aunque aún nos quedan por conocer muchos detalles importantes, como son la estructura del poblado, el tipo de las viviendas de que se componía y sus prácticas funerarias, entre otros. Sin embargo, con lo que ya sabemos fruto de las excavaciones que hemos realizado en el sitio arqueológico, podemos completar con bastante detalle el trabajo de clasificación tipológica de la cerámica que es el objeto base del presente trabajo.
CAPÍTULO 3.
TIPOLOGÍA DE LA CERÁMICA SALADOIDE CEDROSAN DE EL FRANCÉS
3.1. Metodología de la investigación
El método que hemos aplicado para generar la tipología de la cerámica saladoide cedrosan del sitio arqueológico de El Francés, pasa por diferentes fases que exponemos seguidamente:
• En primer lugar, se han seleccionado todos los restos cerámicos cuya forma pueda ser reconstruida total, o parcialmente y se han dibujado en un formato arqueológico tradicional.
• Se han dibujado igualmente todos los fragmentos cerámicos que presentan algún tipo de decoración pintada, incisa o mo- delada cuya forma pueda haber sido reconstruida de manera significativa.
• Los colores de los dibujos representan el color aplicado a la cerámica que puede ser: blanco, rojo o naranja.
• Se han diferenciado las pastas de arcilla con que se fabricaron las piezas dibujadas en relación con su aspecto físico, el color básico y el grosor del desgrasante.
• Se han agrupado los tipos cerámicos conforme al orden de las formas de las vasijas, basándonos en el sistema de clasificación ideado y publicado por Benoît Berard para sistematizar la tipo- logía cerámica saladoide (Berard, 2004, p. 83).
• Se han descrito los distintos tipos de decoración existentes en las piezas clasificadas.
• Hemos asociado la tipología cerámica a las dataciones por car- bono-14 obtenidas en las diferentes unidades estratigráficas del sitio arqueológico.
• Se presentan los hallazgos de almidones y la interpretación del especialista que ha analizado algunas de las piezas, asociándolos a las formas cerámicas identificadas.
• Se presentan las fotografías de apoyo de cada una de las piezas incluidas en la tipología, para apoyar la identificación y la com- prensión de los tipos cerámicos establecidos.
• Se ha preparado una tabla tipológica con los dibujos de todas las formas cerámicas establecidas a modo de herramienta para observar la tipología en su conjunto.
De esta manera, garantizamos que el trabajo se ajusta a las necesidades de uniformidad en cuanto a los datos manejados, para que pueda ser comparado con el resto de los informes tipológicos que utilicen el mismo sistema clasificatorio en base al que realizamos nuestro proyecto de investigación.
3.2. Base metodológica para generar la tipología
La base metodológica para generar la tipología de la cerámica cedrosan del periodo saladoide temprano hallada en El Francés, se ciñe al sistema empleado por el Dr. Benoît Berard para clasificar las piezas cerámicas correspondientes a la fase del saladoide temprano de los sitios arqueológicos investigados en Martinica, publicada en 2005. Los tipos que se definen agrupan formas que se distinguen por presentar características uniformes dentro de una amplia variedad de atributos particulares, lo que genera la creación de una serie de grupos específicos. Para ello se crea una tabla general donde cada pieza se coloca dentro de su conjunto característico, determinado por una serie de atribuciones morfológicas particulares. Los criterios morfológicos que definen cada tipo son los siguientes (Berard, 2004, p. 87):
• Diámetro de la boca. De esta manera se establecen dos formas que determinarán la adscripción tipológica de base de todas las piezas estudiadas: vasijas abiertas y vasijas cerradas. Las vasijas abiertas tienen el diámetro máximo de la pieza en la boca y las cerradas tienen el diámetro de la boca menor que el diámetro máximo del cuerpo de la vasija. En la ficha de identificación tipológica las formas abiertas se indicarán con la letra griega “a” y las formas cerradas con la letra griega “β”.
• Perfil del cuerpo de la vasija. Se han establecido diez tipos de perfiles diferentes: cuerpo plano, cuerpo cilíndrico, cuerpo troncocónico regular, cuerpo troncocónico abierto, cuerpo semiesférico, cuerpo ovalado, cuerpo cónico en “S”, cuerpo carenado alto, cuerpo carenado bajo o con pie y vaso efigie. En la ficha de identificación tipológica, el perfil plano se indica mediante la letra mayúscula “A”; el perfil cilíndrico, se indica mediante la letra mayúscula “B”; el perfil troncocónico regular se indica mediante la letra mayúscula “C”; el perfil troncocónico abierto se indica mediante la letra mayúscula “C’” con apóstrofe; el perfil semiesférico se indica mediante la letra mayúscula “D”; el perfil ovalado se indica mediante la letra mayúscula “E”; el perfil cónico en “S” se indica mediante la letra mayúscula “F”; el perfil carenado alto se indica mediante la letra mayúscula “G”; el perfil carenado bajo o con pie se indica mediante la letra mayúscula “G’” con apóstrofe; y el vaso efigie se indica mediante la letra mayúscula “H”.
• Perfil de la sección de la vasija. Se establecen cuatro tipos de secciones diferentes en relación con la forma del cuerpo de la vasija: redondo, ovalado, cuadrangular y polilobular. En la ficha de identificación, el perfil redondo se indica mediante el número romano “I”; el perfil ovalado se indica mediante el nú- mero romano “II”, el perfil cuadrangular se indica mediante el número romano “III” y el perfil polilobular se indica mediante el número romano “IV”.
• Sección del cuello. Se ha determinado un tipo sin cuello y cuatro tipos diferentes de cuellos en las vasijas que son los siguientes: cuello recto, cuello cóncavo, cuello convexo y cuello largo. En la ficha de identificación, el tipo sin cuello se indica mediante la letra minúscula “a”; el cuello recto se indica mediante la letra minúscula “b”; el cuello cóncavo se indica mediante la letra minúscula “c”: el cuello convexo se indica mediante la letra minúscula “d” y el cuello largo se indica mediante la letra minúscula “e”.
De esta manera, mediante la combinación de los criterios enumerados, se generan fichas con denominación alfanumérica que nos permiten identificar cada tipo de pieza en sí misma e incorporarla dentro de un grupo de vasijas de similares características, las cuales incluyen también las formas especiales que constituyen los burenes y las bases troncocónicas halladas en El Francés.
3.3. Descripción de las piezas cerámicas estudiadas
Durante el desarrollo del presente trabajo de investigación, en total han sido descritas cuarenta y seis piezas cerámicas (46), cuyas fichas se incluyen adjuntas, y contienen, además de la descripción general, una fotografía orientativa de cada una de las citadas piezas convenientemente identificada, y el dibujo arqueológico de la misma. Las fotografías pueden ser de la pieza completa o solamente de parte de la misma, pues la mayor parte de las vasijas incluidas en el estudio tipológico están fragmentadas y no ha sido posible restaurarlas.
Seguidamente, explicaremos con mayor detalle alguno de los apartados que componen la ficha técnica de cada pieza que ha sido incluida para generar la tipología de la cerámica saladoide cedrosan, recuperada en el residuario saladoide temprano del sitio arqueológico de El Francés. Para describir las piezas se ha preparado una plantilla donde se vierten los siguientes datos:
Tipo. Se indica el grupo tipológico al que pertenece la pieza, según los criterios expuestos en el apartado 3.2 del presente capítulo.
Referencia. Se indica el número de referencia de cada una de las piezas, donde aparecen los siguientes datos: Inicial del nombre del sitio arqueológico (FR) y año de la campaña; número del corte arqueológico donde ha aparecido (C); unidad estratigráfica en la se encontraba (UE) o nivel de ocupación identificado (N); número de la pieza. La referencia corresponde a la sigla que en su momento se plasmó sobre cada una de las piezas cerámicas y que es un elemento fundamental de cara a poder identificarla en todo momento con seguridad y precisión.
Localización. En este apartado se indica el Corte del que se recuperó la pieza. Durante las cuatro campañas de excavaciones arqueológicas, realizadas entre los años 2018 y 2020, se excavaron 13 cortes diferen- tes que suponen un total de 218.85 m2 a una profundidad media de 1 metro. En total se removieron alrededor de 200 m3 de tierra que fue cribada y manejada con todo detalle. Las dimensiones de los cortes excavados son las siguientes:
• Corte 2: 3 x 4 m. Originalmente de 2 x 2 m y ampliado posteriormente.
• Corte 3: 4 x 2,5 m. Originalmente de 3 x 2 m y ampliado posteriormente.
• Corte 4: 1,5 x 1 m.
• Corte 5: 3,7 x 5,5 m. Originalmente de 2 x 4 m y ampliado posteriormente.
• Corte 6: 5 x 3 m. • Corte 7: 6 x 3 m. • Corte 8: 3 x 2,5 m.
• Corte 9: 3 x 2,5 m. Originalmente de 2 x 2 m y ampliado posteriormente.
• Corte 12: 10 x 7 m.
• Cortes 10, 11 y 13: Reunidos finalmente en uno solo. Originalmente se realizó un corte de 2 x 3.5 m, otro de 3 x 5 m, otro de 5 x 7 m. En total 57 m2.
Para realizar la presente clasificación tipológica, solamente se han utilizado piezas procedentes de los Cortes 10, 11 y 13, dado que todos corresponden a un área de residuario uniforme y su zona aledaña. También se han localizado algunas piezas de tipo saladoide cedrosan en otros cortes, pero hemos preferido omitirlas para ofrecer una mayor uniformidad en el conjunto y fechas de radiocarbono ajustadas a la colección cerámica exclusiva del residuario y así evitar también la posibilidad de introducir piezas cerámicas que pudieron haber sido removidas de su lugar de depósito original.
La mayoría de las piezas corresponden al Corte 13, pues fue en esta sección de la excavación donde apareció el núcleo del residuario saladoide temprano y en el que se recuperaron la mayor parte de los objetos cerámicos. Se realizaron dataciones de carbono-14 muy cuidadas, utilizando exclusivamente restos de carbón vegetal, para de esta manera ajustar con la mayor precisión posible la horquilla temporal a la que corresponde el depósito saladoide temprano.
Unidad morfológica. Se indica claramente las partes de la vasija que se han recuperado y mediante las cuales se ha reconstruido la forma en el dibujo. Para ello hemos utilizado la nomenclatura clásica que designa las diferentes partes que componen la estructura de una vasija (Balfet et al, 1989, p. 15), (Heras y Martínez, 1992, p. 10) aplicadas a los tipos cerámicos objeto de nuestro estudio:
• Base. El fondo de la vasija que, en este caso, en todas las piezas estudiadas en que aparece es plano.
• Galbo. Cuerpo de la vasija.
• Carena. El área donde cambia bruscamente la dirección de la curva del galbo (Heras y Martínez, 1992, p. 15).
• Cuello. Ángulo que marca la transición entre el galbo y el borde.
• Borde. Parte superior del cuerpo de la vasija. Puede ser recto, exvasado o invasado.
• Labio. Terminación del borde que en el caso de nuestra colección cerámica puede ser redondeado o recto.
• Asa. Sistema de prensión que consiste en una cinta de arcilla aplicada al cuerpo, el borde o el labio de la vasija, unida por dos puntos, de forma que deja un espacio entre el cuerpo cerámico y la citada cinta.
• Pestaña. Sistema de prensión conformado mediante la amplia- ción del borde de la vasija hacia afuera en un punto determinado de la misma.
• Mamelón. Aplique semiesférico de arcilla que se une a una parte de vasija a modo decorativo o para facilitar su prensión. Pues ser perforado o ciego.
Descripción. En este apartado se ofrece una descripción de la pieza en la que se detallan las características físicas de la misma. Para ello, hemos revisado cuidadosamente cada una de las vasijas cerámicas y con la ayuda del dibujo realizado, se ha expuesto un panorama estructural general de ellas. Desde el punto de vista de su funcionalidad, hemos podido diferenciar de esta manera varias morfologías muy características que son las siguientes:
• Vasija. Se ha utilizado el término genérico de vasija para iden- tificar a las piezas cerámicas cuya funcionalidad no resulta específica de un uso determinado. Se ha preferido obviar las diferentes denominaciones de formas cerámicas existentes por no existir un consenso universal sobre este tipo de nomenclatu- ras; así pues, dentro del término vasija se agrupan, entre otras, denominaciones particulares de formas como pueden ser: plato, bandeja, cuenco u olla, entre otras.
• Burén. Esta plancha circular de cerámica es una las formas imprescindibles en cualquier sitio arqueológico de agricultores antillanos. Se utilizaba fundamentalmente para cocinar tortas de maíz o de harina de yuca, pero al ser una plancha de cocina, probablemente se utilizó también para cocinar cualquier tipo de alimento, como pequeños mamíferos, iguanas, pescados o mariscos. Los burenes saladoides tienen una gran calidad; eran las piezas de cocina más populares y en las excavaciones se han recogido centenares de fragmentos.
• Soporte. Esta es una pieza específica del grupo saladoide tem- prano de El Francés que no hemos podido documentar por el momento en otro sitio arqueológico. Por su factura y la mor- fología física de la misma, consideramos que probablemente fue utilizada para colocar sobre ella vasijas que se retiraban del fuego o que se disponían para que su contenido fuese consu- mido durante las comidas.
• Contenedor de líquidos. Calificamos como botellas a los reci- pientes que evidentemente permiten el almacenamiento de líquidos y cuentan con un cuerpo esferiforme y un cuello largo característico.
• Vasija acampanada. Este tipo de pieza es tal vez la forma más común en los sitios saladoides de cualquier época y la más ca- racterística de la citada cultura. Tienen una forma muy parti- cular, determinada por una pronunciada carena baja y bordes elegantemente exvasados que le dan el aspecto de una campana invertida.
Uso estimado. Se indica el posible uso que pudo tener la pieza cerámica en relación con el área a la que se destina su utilización primordial: vajilla de servicio o vajilla de cocina.
Superficie. Se indica la técnica empleada para dar el acabado a la superficie de la vasija. En todos los casos estudiados (excepto en los burenes y los soportes) la técnica de acabado determinada ha sido el bruñido (Horton et al., 1997, p. 146), que consiste en aplicar fricción sobre la pasta cerámica aún húmeda con un elemento duro (en El Francés se utilizaron como bruñidores cantos rodados fundamentalmente) para compactarla, tapar los poros y darle un lustre característico.
Tipo de pasta. Se ofrece un somero detalle de la consistencia de la pasta cerámica de que consta la pieza. En los casos de las piezas estudiadas, la pasta ha sido siempre de tipo compacto.
Color. Se indica el color de la arcilla de la vasija, basado en los tipos básicos de la clasificación de Munsell (Horton et al., 1997, p. 157): rojo (R), amarillo (Y), verde (G), azul (B), morado (P), rojo amarillento correspondiente al naranja (YR), amarillo verdoso (GY), verde azulado (BG), azul morado (PB), morado (P) y morado rojizo (RP). Sin embargo, la identificación de los colores es complicada porque los pigmentos estaban muy alterados debido a las condiciones del terreno en que se encontraban, húmedo y de alta acidez. Por este motivo, consideramos que probablemente habría muchas más piezas pintadas y que la realidad es que hay pocos elementos donde se conserva la pintura.
Desgrasante. Se indica el tamaño de desgrasante que se presenta en la arcilla en base a la granulometría del mismo. Se considera como desgrasante las partículas de materiales que se añaden a la pasta de arcilla para evitar que se agriete la pieza durante la cocción (Heras y Martínez, 1992, p. 20) y mejorar su resistencia después de la cocción (Horton et al., 1997, p. 250); en el caso de nuestra colección cerámica consideramos que son siempre minerales. Hemos indicado tres tipos de desgrasante con relación a su tamaño: fino (alrededor de 1 mm de diámetro), medio (entre 1 mm y 2 mm de diámetro) y grueso (mayor de 2 mm de diámetro). Hemos preferido evitar el caracterizar geológicamente el material desgrasante, a la espera de que se realicen estudios ceramológicos de detalle por especialistas en este campo.

Grosor. Se indica el grosor máximo del cuerpo de la vasija o de la parte que se ha conservado. El dato se ha tomado con un calibre en el punto más grueso del cuerpo del fragmento cerámico.
Decoración. En caso de que exista decoración de algún tipo, se indica sencillamente la o las técnicas empleadas para realizarla (Balfet et al., 1989, p. 91), de las cuales hemos identificado las siguientes:
• Incisa. Realizada aplicando un instrumento punzante sobre la arcilla previamente a la cocción de la pieza cerámica.
• Grabada. Realizada aplicando un instrumento punzante sobre la arcilla después de la cocción de la pieza cerámica.
• Modelada. Realizada modelando una parte de la pieza de ar- cilla para darle una forma determinada antes de la cocción de la misma.
• Aplicada. Realizada aplicando a la pieza cerámica, antes de la cocción, un elemento decorativo preparado previamente de manera independiente al modelado de la vasija.
• Pintada. Realizada aplicando un pigmento sobre la vasija cerámica posteriormente a su cocción.
Cuadro tipológico de las cerámicas del saladoide temprano recuperadas

La ficha de cada pieza estudiada se ha acompañado de una fotografía de la misma a título orientativo, con el fin de facilitar así la comprensión de la descripción anexa; las fotos no siempre corresponden a todos los fragmentos que se conservan de la vasija, sino solamente a elementos característicos de la misma. Igualmente se ha presentado un dibujo de cada una de las piezas que incide en la visualización de la forma lo más completa posible, cuya reconstrucción gráfica se deduce del estudio minucioso del fragmento cerámico.
La tipología definida para las vasijas que han podido ser reconstruidas total o parcialmente mediante un cuidadoso estudio de su morfología, se ha basado, como ya hemos expuesto anteriormente, en la que el Dr. Benoît Berard ha publicado referida al saladoide cedrosan de la isla de Martinica. Seguidamente exponemos el cuadro tipológico general y su desarrollo pormenorizado que incluye lo siguiente: dibujo de cada una de las cuarenta y seis (46) piezas estudiadas, fotografía de cada una de ellas y descripción de las mismas. Aun cuando la colecta cerámica en el nivel saladoide temprano de El Francés es muy superior en cuanto al número de fragmentos cerámicos recuperados, solamente hemos trabajado con los que nos permiten reconstruir total o parcialmente las vasijas a las que pertenecen, de manera que puedan ser incluidas dentro de los diferentes tipos establecidos.

Fichas tipológicas de la cerámica saladoide temprana de El Francés












































3.5. Asociación de los tipos con su posible uso funcional
Las diferentes formas de vasijas de cerámica que hemos seriado tipológicamente se fabricaron con vistas a cubrir las necesidades de quienes las utilizaban y según su morfología tuvieron funciones distintas. Seguidamente realizaremos un análisis funcional de nuestras cerámicas que en gran medida se deriva del que se presenta en el libro del Dr. Benoît Berard (Berard, 2004, p. 159), el cual, al estar referido a piezas cerámicas de la serie saladoide y subserie cedrosan, consideramos válido para aplicarlo al conjunto cerámico saladoide temprano que hemos recuperado en las excavaciones arqueológicas de El Francés, siendo los tipos cerámicos que estudia y los que nosotros presentamos, similares y en alguno de los casos idénticos.
Por otra parte, valoraremos la funcionalidad de los tipos cerámicos de El Francés, basándonos en la morfología de los tipos descritos anteriormente y en los resultados de los análisis de almidones presentes en algunas vasijas procedentes de las excavaciones del sitio arqueológico que han sido identificados por el Dr. Jaime Pagán (Pagán y López, 2021, p. 164). Durante este proceso, se ha constatado la utilización de las vasijas para procesar alimentos e incluso el contenido de alguna de ellas, como es una pasta preparada con ajíes machacados, posiblemente destinada a servir como condimento (Pagán, 2020, p. 20), aunque desafortunadamente el fragmento analizado no nos permite conocer la tipología concreta de la vasija a la que pertenece.
Tipo aAI: Burén. Esta pieza es característica de todas las culturas ceramistas prehispánicas antillanas. Se utilizaba para cocer al fuego las tortas de cazabe o las que se fabricaban con maíz. De la misma manera es de suponer que en ella se podían cocer todo tipo de alimentos, desde pescados y mariscos hasta carne. En los análisis de almidones realizados en las piezas de El Francés se han localizado principalmente restos de maíz (Zea mays) y también algo de yuca (Manihot sculenta) y de frijoles (Fabaceae). Los burenes saladoides tienen un acabado especialmente cuidado y la mayoría cuentan con un borde levantado característico.
Tipo βCIb: Soporte. La funcionalidad de estas piezas no había sido establecida hasta ahora. El grosor de la pasta es muy considerable, más de 1 cm y se encuentran bastantes fragmentos en el área de excavación, aunque solamente hemos podido reconstruir dos formas completas.
Consideramos que lo más probable es que sean soportes para colocar sobre ellos piezas de cerámica, posiblemente con el fin de elevarlas del suelo a modo de pequeña mesilla, tal vez durante el desarrollo de las comidas. No tienen restos de haber sido sometidos al fuego, lo que refuerza la idea de que fuesen elaborados soportes cuya forma era bien establecida por quienes fabricaban la cerámica en base a la función a la que eran destinados.
Tipo aC’I: Vaso trococónico exvasado de sección circular. La carencia de decoración en estas piezas nos hace pensar en su uso para trabajo duro de almacenamiento de alimentos en áreas de cocina.
Tipo aDI: Vaso redondeado exvasado de sección circular. Este tipo de pieza, al estar decorada con pintura en su parte exterior, no sería apta para colocarla directamente sobre el fuego. Por otra parte, cuenta con un mamelón perforado que permite que sea transportado o colgado mediante un cordón, lo que sugiere un tipo de uso particular. Probablemente su función fuera la de presentación y disposición para el consumo de los alimentos.
Tipos aDII y aDIII: Vasos de sección ovalada y cuadrangular. Estos tipos presentan pintura en el interior y decoración en el labio respectivamente. Es evidente que su uso fue como vajilla de mesa, posiblemente para consumir alimentos en frío, como frutas o alimentos cocinados a la plancha o asados.
Tipo βFIb: Vasos carenados exvasados de sección circular. Este tipo de vasos probablemente corresponden a piezas cerámicas estandarizadas utilizadas para el transporte y consumo de líquidos, algo similar a las botellas que aparecen en otros sitios saladoides antillanos (Berard, 2004, p. 159).
Tipo aGI: Vaso carenado de sección circular o vaso acampanado. Esta tipología de elegantes vasos de carena baja, es recurrente durante todo el desarrollo de la cultura saladoide y corresponde indudablemente al tipo cedrosan de cerámica antillana. Sobre su probable funcionalidad nos remitimos a las, a nuestro juicio acertadas, ideas del Dr. Berard que los considera como vasos de vajilla de servicio en los casos en que tienen decoración y vasos para cocinar en los que carecen de ella (Berard, 2004, p. 159). En nuestro conjunto cerámico, la mayor parte de las piezas decoradas están pintadas en el exterior y en dos de las piezas que hemos recuperado bastante completas, no hemos observado trazas de haber sido expuestas al fuego. Sin embargo, dentro de esta tipología observamos otras vasijas donde la carena se encuentra en el centro de la pieza, las cuales carecen de decoración y aunque no hemos localizado ninguna con su base, consideramos que probablemente pudieron servir para cocinar los alimentos en el fuego.
Tipo βGIa: Los vasos carenados de borde invasado, especialmente los que están provistos de asas en forma de letra “D”, son evidentemente vasijas para cocinar alimentos al fuego. Una de las piezas localizadas, casi completa, fue desechada en el residuario que excavamos debido a que perdió parte del fondo, pero en la parte que quedaba, observamos evidencias de haber sido expuesta al fuego. El hecho de contar con asas acintadas de fácil prensión, nos indica que posiblemente fueron utilizadas para poder manejar la pieza en caliente con mayor facilidad y seguridad. Este tipo está bien contemplado en la tabla publicada en el trabajo del Dr. Berard que utilizamos como guía para establecer buena parte de nuestras conclusiones (Berard, 2004, p. 160)
Tipo βGIb: Los vasos carenados de borde fuertemente exvasado y sección circular, son piezas que presentan elaboradas decoraciones pintadas en la parte exterior. Esta característica nos dirige a plantearnos un uso como vajilla de servicio de alta calidad que seguramente fue utilizada durante las celebraciones que se realizaron en el poblado10. Probablemente estuvieron ligados al consumo de bebidas fermentadas, pero dado que las piezas que hemos obtenido carecen de la parte del fondo, no nos ha sido posible detectar afectaciones de la superficie interior de la pieza que pudiesen corroborar este uso. En las investigaciones realizadas sobre la presencia de almidones en las cerámicas del residuario saladoide temprano de El Francés, se han encontrado evidencias de la presencia de bebidas de maíz fermentadas que pudieron ser embriagantes (Pagán, 2020, pp. 18 y 19); lamentablemente el fragmento estudiado no nos permite conocer la tipología de la vasija a la que pertenece.
10 Al respecto de esta situación el Dr. Benoît Berard, nos ofrece la siguiente explicación: “Los festivales de bebida durante los cuales se consumen grandes cantidades de cerveza de mandioca son un hecho cultural importante entre las poblaciones amerindias del área del Caribe y más allá. Su práctica está atestiguada tanto en los relatos de los primeros cronistas europeos como entre muchas poblaciones amerindias actuales. Estaríamos tentados a comparar los tipos de vasijas con decoraciones pintadas policromadas con este tipo de ceremonia”. (Berard, 2004, p. 158).
Tipos aG’I, aG’II y aG’III: Vasos carenados exvasados de sección circular. Este tipo de vasijas corresponden en su mayor parte a una elegante vajilla de mesa y, en algunos casos, posiblemente a piezas utilizadas para la transformación en frío de alimentos. Las piezas que presentan decoración pintada en su interior corresponderían a la vajilla para presentación y consumo de alimentos y los que carecen de ella seguramente se utilizarían también para manejar alimentos en su fase de preparación.
Tipo βG’Ia: Vasos carenados invasados de sección circular. Este tipo de vasijas podemos encuadrarlos en buena parte como piezas de cocina para colocarlas sobre el fuego, aunque la falta de hallazgos de recipientes cerámicos del tipo citado que conservasen el fondo nos impide certificar este uso. Sin embargo, en clasificación del Dr. Berard tenemos el dibujo de una pieza muy similar clasificada como tipo de cocina, con evidencias de haber sido sometida al fuego (Berard, 2004, p. 158).
CAPÍTULO 4.
DISCUSIÓN GENERAL
4.1.Dataciones de carbono-14 del nivel saladoide temprano de El Francés
Situar en el tiempo, en la medida de lo posible, la colección de piezas cerámicas de tipo saladoide cedrosan del sitio arqueológico de El Francés, es fundamental para poder entender su presencia en la costa dominicana y establecer comparativos con las cerámicas que aparecen en otros yacimientos del arco antillano. Con este fin, se realizaron diferentes tomas de muestras, fundamentalmente de carbón vegetal, en las unidades estratigráficas que componen el nivel saladoide temprano del sitio arqueológico. Las citadas muestras se enviaron al laboratorio Beta Analytic de Miami, donde se dataron mediante la técnica del carbono-14. Los resultados obtenidos nos permiten conocer el periodo de tiempo aproximado en el que fueron utilizadas estas cerámicas, las cuales en su totalidad corresponden a las que fueron desechadas y arrojadas a un basurero, junto con otras muchas piezas inservibles de diferentes materiales y los restos de la comida que consumieron los habitantes del poblado durante el lapso de tiempo en que el residuario estuvo operativo.
El residuario de donde proceden todas las cerámicas que se han integrado en la tipología del sitio arqueológico de El Francés, se desarrolla en el nivel más profundo de cada uno de los tres cortes arqueológicos realizados en el lapso de dos campañas de trabajo, las cuales se llevaron a cabo durante los años 2019 y 2020. De esta manera, se pudo excavar el área del citado residuario en su totalidad. Los cortes corresponden a los números 10, 11 y 13; las tomas de muestras se realizaron en las diferentes unidades estratigráficas de que constan, las cuales corresponden a diferentes conjuntos de materiales desechados en el lapso de tiempo en que el lugar fue utilizado como basurero. Se seleccionaron siempre restos de carbón vegetal que consideramos el tipo de material más confiable a la hora de analizarlo para obtener las dataciones. El proceso de obtención de las muestras se realizó respetando en todo momento los protocolos necesarios para evitar la contaminación de las mismas.

Como se puede observar, las fechas que se obtuvieron oscilan entre finales del siglo IV d.C. y el siglo VII d.C., aun cuando la mayoría de las dataciones se sitúan dentro de los siglos V d.C. y VI d.C. que es el lapso de tiempo que mejor se ajusta al tipo de materiales cerámicos y a los que se encontraron asociados a estos, fabricados en piedra, concha y coral. Las características del residuario y la potencia que presenta, nos hace pensar que su utilización duró relativamente poco tiempo, aunque no podemos precisar exactamente cuanto. Sin embargo, en base al análisis Bayesiano que se ha realizado sobre las dataciones obtenidas reflejadas en el Cuadro N.º 1, los resultados apuntan a que el conjunto cerámico estudiado probablemente corresponde a un periodo de tiempo comprendido entre finales del siglo V d.C. y finales del siglo VI d.C. Según el citado análisis, el intervalo de fechas más probable que refleja el uso del residuario sería entre el 481 A.D y el 590 A.D. con un rango de probabilidades de acierto estimado en el 95%.

El análisis Bayesiano de las fechas de carbono 14 obtenidas en base a los restos de carbón recuperados durante las excavaciones del sitio arqueológico de El Francés, fue realizado por Pauline Garberi de la UMR 7264, CEPAM (Univ. Nice/CNRS) y por el Dr. Benoît Berard, profesor de arqueología de la Universidad de Las Antillas, utilizando el programa informático denominado Chronomodel.
4.2. Comparativo de la cerámica saladoide cedrosan de El Francés con la de otras islas antillanas
Durante las investigaciones bibliográficas que hemos realizado, se ha tratado de localizar conjuntos tipológicos de piezas cerámicas saladoides cedrosan, tanto en la isla de Santo Domingo como en el resto de las islas del Caribe antillano. En esta búsqueda hemos chocado frontalmente con la escasez de este tipo de trabajos; los informes publicados en muy pocos casos abordan las cuestiones tipológicas y en su inmensa mayoría carecen de documentación gráfica suficiente sobre las cerámicas recuperadas. Por este motivo, la comparación tipológica de las cerámicas de El Francés ha resultado muy compleja, lo que, en base al conjunto cerámico, solamente nos permite realizar hipótesis aproximadas sobre el origen geográfico ancestral del grupo cultural que se estableció en la costa de La Española. Las comparaciones entre los grupos cerámicos, las hemos centrado pues en dos características comunes principales: la datación de los conjuntos saladoides con cerámica de estilo cedrosan y las tipologías y decoraciones de los mismos, especialmente referidas estas últimas a los colores de las pinturas utilizadas.
La primera tipología de la cerámica saladoide temprana que se publica, la realiza Froelich Rainey en 1940. Las piezas en las que se basa provienen de sus excavaciones arqueológicas en el barrio de Canas, en Puerto Rico (Rainey, 1940, p. 35), recuperadas en el estrato inferior del yacimiento cuyo sustrato cultural identifica como Nivel del Cangrejo, pues en aquellos momentos aún no se había planteado ni el término saladoide, ni se había excavado el sitio Cedros en Trinidad. Tanto las descripciones de las formas, como los dibujos de las mismas (Rainey, 1940, p. 36) y las decoraciones pintadas en blanco sobre rojo (Rainey, 1940, pp. 46 y 49) indican claramente la asociación de estas cerámicas a la tipología saladoide cedrosan. Sin embargo, la ausencia de fotografías de las piezas y de dataciones absolutas, nos impide conocer las piezas suficientemente como para compararlas con el detalle necesario con las del sitio de El Francés.
Ripley Bullen realizó una tipología para el saladoide temprano, publicada en 1964, basado en sus excavaciones en el sitio Pearls en la isla de Grenada (Bullen, 1964, p. 38). En este trabajo, presenta algunos dibujos parciales de formas estandard y una serie de fotografías de fragmentos cerámicos de pequeño tamaño que dificultan enormemente deducir a qué formas pertenecen exactamente. Bullen considera las cerámicas de Pearls como saladoide de tradición barrancoide (Bullen, 1964, p. 58) y apunta claramente su similitud con las que se recuperaron del sitio Cedros en Trinidad (Bullen, 1964, p. 39). La comparación de las cerámicas clasificadas por Bullen con las de El Francés resulta sumante difícil, salvo en la identidad de las decoraciones pintadas blanco sobre rojo y un fragmento con pintura negra (Bullen, 1964, p. 68). Por otra parte, la datación del sitio Pearls, 370 Ad. – 645 A.D., calibrado (Anna, 2019, p. 20), lo sitúa en fechas anteriores o similares al establecimiento de El Francés, por lo que podemos considerar al sitio arqueológico de Grenada como un posible antecedente del grupo cultural que estudiamos en la costa de la República Dominicana.
Un interesante estudio tipológico del saladoide temprano en particular, lo realizó el Dr. Luis Chanlatte Baik, quien se basa en los materiales recuperados en sus excavaciones en Puerto Rico, concretamente en el sitio arqueológico de Sorcé, localizado en la isla de Vieques. Al grupo saladoide lo integra dentro de una categoría cultural que denomina Agro II (Chanlatte, 1983, p. 74), al que asocia dataciones radiocarbónicas que lo sitúan entre el siglo II y el siglo III de nuestra era (Chanlatte, 1983, p. 83).
Entre sus primeras observaciones, destaca la realizada en orden a la forma más común de las vasijas que localiza, que denomina “campanular” (Chanlatte, 1983, p. 76) y que efectivamente corresponde a la mayor incidencia de las formas cerámicas que se localizan en El Francés: los vasos acampanados y las vasijas carenadas. También menciona la gran cantidad de formas diferentes que observa (Chanlatte, 1983, p. 75), lo que igualmente corresponde a la situación que encontramos en el citado yacimiento arqueológico dominicano.



En cuanto a las observaciones que realiza Chanlatte en orden a las decoraciones cerámicas aplicadas, debemos resaltar que indica la presencia constante de botones exteriores perforados (Chanlatte, 1983, p. 78) y de asas acintadas con botón decorativo (Chanlatte, 1983, p. 79), los cuales, tanto los perforados como los que se colocan en las asas, también son frecuentes en las vasijas recuperadas del sitio arqueológico de El Francés. Sobre los colores de las decoraciones pintadas, además de exponer la presencia de las típicas decoraciones saladoides de rojo sobre blanco, apunta que en ocasiones también se combinan en la misma pieza el rojo, el naranja y el blanco (Chanlatte, 1983, p. 80), especificando que algunas vasijas están completamente engobadas en rojo y con combinaciones entre decoraciones incisas y áreas pintadas en rojo (Chanlatte, 1983, p. 78), situación muy similar también a la que observamos en las cerámicas saladoides cedrosan de El Francés. Sobre la forma de manejar la pintura en los vasos acampanados indica textualmente lo siguiente: “Cuando se trata de vasijas campanulares, generalmente la ornamentación pintada se limita a cubrir el panel exterior comprendido entre el borde y el ángulo de flexión. Esporádicamente el diseño baja hasta el fondo”, característica idéntica a la que se da en los vasos acampanados del sitio arqueológico de El Francés.
En el artículo de Chanlatte, se presenta una tabla de dibujos de formas cerámicas, pero carece de fotografías de las piezas; sin embargo, en el catálogo de la exposición sobre la arqueología de Vieques que se publica en 1984, se localizan abundantes fotografías a color de las cerámicas saladoides de sus excavaciones en Sorcé, claramente identificadas en el periodo Agroalfarero II (Chanlatte, 1984, p. 51). Después de revisar las fotografías y los dibujos de los tipos cerámicos, observamos que corresponden a una tipología muy similar a la de El Francés, tanto en formas como en decoraciones, aunque difiere en algunos aspectos estilísticos, cosa lógica, dado no solamente la distancia geográfica de los dos sitios arqueológicos sino la diferencia de su cronología, evidentemente posterior en el caso de El Francés.
Luis Chanlatte, además de en Sorcé, realizó excavaciones arqueológicas de gran alcance en Tecla, en la isla de Puerto Rico, presentando una excelente publicación sobre sus investigaciones en 1976. Después de revisar sus hallazgos, consideramos que el paralelo más claro entre las cerámicas de El Francés y las de Puerto Rico, lo encontramos en el citado sitio arqueológico de Tecla, en Guayanilla, donde el nivel Tecla II ofrece dataciones entre 1500 +/- 80 B.P. y 1350 +/- 110 B.P. (Napolitano, 2019, p. 88) con cerámicas saladoides cedrosan pintadas en ocasiones a tres colores: rojo, blanco y naranja. Resulta interesante apuntar la presencia del color naranja, igual que sucede en Sorcé y en El Francés, pero combinado con los otros dos colores característicos de la decoración pintada saladoide cedrosan, el blanco y el rojo (Chanlatte, 1976, p. 60).
También en Puerto Rico, contamos con el interesante estudio realizado en el sitio arqueológico de Hacienda Grande publicado por Irving Rouse y Ricardo Alegría en 1990. En el trabajo se describen con todo detalle las cerámicas saladoides que se recuperaron en el lugar, presentándolas incluso como un estilo propio que denominan con el nombre del yacimiento: Hacienda Grande (Rouse y Alegría, 1990, p. 39), asumido como la fase temprana de la subserie cedrosan en la isla de Puerto Rico. La fecha que Rouse y Alegría consideran más tardía para las cerámicas saladoides de Hacienda Grande es 430 A.D. (Rouse y Alegría, 1990, p. 57), la cual coincide perfectamente con las dataciones obtenidas para el saladoide temprano de El Francés. Lamentablemente, la publicación carece de un estudio tipológico donde se recojan las formas de las vasijas, por lo cual el comparativo con la cerámica de El Francés resulta incompleto.
Las decoraciones de las cerámicas de Hacienda Grande son prácticamente iguales a las de El Francés, presentando combinaciones de color blanco sobre rojo y decoraciones incisas que a veces se combinan con la pintura. También son iguales los tipos de asas acintadas y un sistema de prensión muy característico en forma de botón aplicado y luego perforado, del que ya hemos hecho mención anteriormente (Rouse y Alegría, 1990, p. 117), y que es típico de las piezas saladoides cedrosan dominicanas y puertorriqueñas. Igualmente, hay formas que se observan en las fotografías que indican una identidad entre los estilos de ambos sitios arqueológicos, como son las bandejas, los platos de bodes exvasados a 90° y los vasos acampanados.
Otro interesante estudio puramente tipológico del saladoide cedrosan que hemos localizado, se lo debemos a Arie Boomert (Boomert, 2000, p. 127); en este trabajo se nos presentan una serie de dibujos arqueológicos de gran calidad de las cerámicas recuperadas en los sitios de Cedros y Palo Seco, en la isla de Trinidad. De la descripción de las cerámicas y la observación de sus formas, podemos concluir que los tipos tienen una gran similitud, principalmente basada en las decoraciones pintadas donde aparece el blanco y el rojo y en muy pocas ocasiones el negro (Boomert, 2000, p. 142) y en las formas en las que predominan acusadas carenas y los perfiles acampanados. Sin embargo, la cronología de las cerámicas de El Francés difiere claramente de la establecida en los sitios de Cedros: 200 cal. BC (Boomert, 2000, p. 129) y Palo Seco: 50 cal. BC (Boomert, 2000, p. 131), siendo la cronología del yacimiento arqueológico dominicano mucho más moderna, al situarse entre los siglos IV y VI después de Cristo.

Mario Mattioni establece una tipología de formas de la cerámica saladoide temprana con base en los resultados de sus excavaciones en Martinica, principalmente en los sitios de Vive (Mattioni, 1976, p.11) y Fond Brule (Mattioni, 1980, p. 555) donde identifica y da nombre una serie de formas que se repiten constantemente en el registro cerámico de estos yacimientos arqueológicos. Aun cuando las fechas del saladoide de los sitios arqueológicos citados anteriormente son más tempranas que las de El Francés, 130 A.D. para Fond Brule y 220 A.D. para Vive (Mattioni, 1980, p. 554), es evidente que ambos estilos saladoides son en buena parte similares y algunos de los tipos identificados en sus trabajos también los localizamos en el yacimiento arqueológico dominicano, especialmente el que denomina como “marmita” y lógicamente los burenes.
En las Islas Virgenes, en St. Thomas, se publicaron algunos tipos y fotografías de las piezas cerámicas recuperadas del sitio Tutu. Se presentan dos niveles de ocupación en el que el denominado Tutu II, coincide cronológicamente con el nivel saladoide temprano de El Francés y los sencillos dibujos que se exponen (Lundberg, 1999, p. 245) también coinciden con varios tipos del sitio dominicano. Tutu II se fecha entre 395 A.D. cal. Y 615 A.D. cal. (Lundberg, 1999, p. 234). Sin embargo, la asuencia de fotografías en los reportes publicados que están a nuestro alcance, nos impiden hacer comparativos más exactos con las piezas de El Francés. Resulta particularmente interesante comprobar que, en este sitio arqueológico, en el nivel situado sobre el estrato saladoide temprano, los investigadores indican la existencia de cerámicas de estilo cuevas (Lundberg, 1999, p. 236), igual que sucede en la secuencia estratigráfica de El Francés.


El estudio tipológico de mayor alcance que hemos podido localizar es el que realizó el Dr. Benoît Berard, basándose en las cerámicas recuperadas en los sitios arqueológicos de la isla de Martinica (Berard, 2004, p. 103). Durante el desarrollo de los comparativos tipológicos y estilísticos entre las piezas de tipo saladoide cedrosan que se presentan en el citado estudio y los tipos cerámicos de El Francés, hemos podido deducir que a pesar de existir claras diferencias entre los tipos cerámicos de los sitios arqueológicos martiniqueños y el sitio dominicano, ambos pertenecen a la misma serie saladoide cedrosan.
Hay claros paralelismos entre una y otra isla que se identifican principalmente en los vasos acampanados, las bandejas con bordes exvasados y las vasijas marcadamente carenadas, además de las decoraciones pintadas. Por otra parte, en Martinica contamos con dataciones de sitios arqueológicos que sí se corresponden con el periodo de tiempo en que se sitúa el poblado saladoide de El Francés. Los citados yacimientos arqueológicos son los siguientes: Anse Couleuvre, cuyo estrato con cerámicas saladoides cedrosan se fecha entre el 400 d.C y el 600 d.C., siendo clasificada esta tipología como un “saladoide modificado” (Berard, 2004, p. 68); Diamant, datado por la universidad de Yale en el 475 d.C. +/- 60 años (Petitjean, 1968, p. 8), también considerado como “saladoide modificado” (Berard, 2004, p. 68).


Hemos de destacar la publicación de la Memoria de Master de Prehistoria realizado por Marine Gronnier, titulado “Analyse du Mobilier Céramique du Site de Terre Patate (Macouba, Martinique) Saladoïde Cedrosan: 0-700 ap. J.-C” (Gronnier, 2021), que se refiere precisamente a establecer las diferencias tipológicas entre las cerámicas saladoides cedrosan del periodo temprano y las del periodo transicional al medio/ tardío, a cuya fase de transición entre ambos, al menos desde el punto de vista cronológico, pertenecen las recuperadas en el sitio arqueológico de El Francés. Las conclusiones del estudio refieren categóricamente que la diferencia entre las cerámicas de estos dos momentos es mínima, estableciendo solamente la presencia del color naranja en la fase de transición entre el saladoide temprano y el saladoide medio/ tardío (Gronnier, 2021, p. 59), el ligero aumento del grosor de la pasta en la citada fase transitoria y una pequeña disminución de la variedad de tipos cerámicos (Gronnier, 2021, p. 58). Lamentablemente, este excelente trabajo carece de cuadros tipológicos de formas cerámicas completas, por lo que debemos obviar la posibilidad de comparar los tipos de Terre Patate con los de El Francés. El estudio tampoco resulta demasiado concreto en relación con las dataciones del periodo saladoide temprano de transición, pues la fecha calibrada con que se cuenta, basada en la erupción del volcán de la isla, el Monte Pelée, cuyas cenizas sepultaron el poblado en su fase saladoide temprana, tiene una horquilla demasiado ancha, establecida entre el 40 d.C. y el 692 d.C. (Gronnier, 2021, p. 19).
Por todo lo apuntado anteriormente, tanto en los estudios de Mattioni y de Gronnier, como en los de Berard, debemos concluir que la isla de Martinica es también un referente cultural importante a la hora de valorar el origen de la ocupación saladoide temprana en la isla de Santo Domingo. Si bien los tipos cerámicos hallados en una y otra isla no son exactamente iguales, sí denotan un claro paralelismo tipológico que nos hace pensar en la posibilidad de una identidad cultural entre grupos saladoides martiniqueños y grupos saladoides dominicanos.
4.3. Comparativo de la cerámica de El Francés con la de otros sitios de La Española
En la isla de Santo Domingo, tal como hemos expuesto en el Capítulo 1, apartado 4, se han localizado varios sitios arqueológicos donde apareció cerámica saladoide cedrosan. El yacimiento donde más cerámica se ha recuperado es La Caleta, en la provincia de La Romana. Sin embargo, la ausencia de informes detallados de las excavaciones llevadas a cabo, nos impiden conocer con exactitud tanto los tipos cerámicos aparecidos como la cronología asociada a los mismos, ya que no contamos con los detalles estratigráficos necesarios para ello. En las diferentes instituciones que actualmente tienen expuestas cerámicas procedentes de La Caleta, como son el Museo Regional de Altos de Chavón en La Romana y la Sala de Arte Prehispánico en Santo Domingo, las piezas que se exhiben carecen de contexto arqueológico formal, pues proceden de colecciones particulares y fueron recuperadas sin metodología arqueológica.
Sin embargo, tanto las cerámicas saladoides de La Caleta expuestas, como las que podemos observar en publicaciones (García Arévalo, 1992, p. 16) denotan claramente que se trata de un sitio arqueológico donde predomina la presencia de cerámica saladoide cedrosan, asociada en parte a una fecha obtenida mediante Carbono-14 de 240 A.D (Rouse, 1992, p. 90). La similitud de las cerámicas de La Caleta con las de El Francés es evidente, pero dado el escaso material comparativo de La Caleta con que contamos y la existencia de una única datación absoluta, es difícil decir hasta qué punto puede tratarse del mismo grupo de colonizadores saladoides que se asienta en la costa de Samaná.
La situación general de carencia de tipologías realizadas sobre las cerámicas saladoides halladas en diferentes lugares de la República Dominicana, nos impide poder hacer comparativos detallados de las cerámicas de El Francés. De hecho, la colección visitable más amplia que existe en nuestra isla, a excepción de la de El Francés, es la que procede de La Caleta y como hemos observado es muy escasa en relación de la cantidad de piezas con que cuentan y de información sobre las mismas. El único sitio, además de La Caleta, donde se presentan fotos a color de alguna pieza con decoración pintada que podemos identificar claramente como saladoide temprana, es el yacimiento de La Iglesia del Macao (Ortega et al., 2003, p. 80); en el resto de los sitios hemos de contentarnos con descripciones más o menos detalladas de las cerámicas, excepto en la publicación del sitio de Estero Hondo donde se incorporan un par de fotografías de fragmentos saladoides, pero sin decoración pintada (Voss, 2013, p. 154 y 155).
En esta situación, por el momento debemos mantenernos a la espera de que se realicen posteriores investigaciones que permitan publicar tipologías cerámicas específicas de los sitios arqueológicos saladoides dominicanos, para así poder establecer paralelos detallados con las cerámicas saladoides tempranas de El Francés. Actualmente, solo podemos afirmar que la cerámica saladoide cedrosan comparable con la de El Francés, aparece en varios yacimientos, como son: La Caleta en la provincia de La Romana, la Iglesia del Macao en la provincia de La Altagracia y Estero Hondo en la provincia de Puerto Plata, pero sin poder establecer hasta qué punto se relacionan estos conjuntos, fuera de su adscripción a la misma colonización de los grupos saladoides tempranos.
Conclusión
La cerámica saladoide recuperada en el nivel más profundo del sitio arqueológico de El Francés, el denominado Nivel 3, es un conjunto de la mayor importancia para entender la presencia de este grupo cultural en la isla de Santo Domingo que cuenta con paralelos en algunos sitios de La Española, en las Antillas Menores y en Puerto Rico. La tipología realizada concluye que, a nivel de las formas cerámicas, las piezas recuperadas corresponden al saladoide temprano, caraterizado por la cerámica de la subserie cedrosan, pero hay algunos detalles, como el de presentar color naranja en un número considerable de las piezas, que se integran ya a una fase que el Dr. Benoît Berard considera como saladoide medio/tardía (Berthé y Berard, 2013, p. 62).
Las fechas de El Francés localizan el depósito saladoide hacia finales del siglo IV d.C. y VI d.C., pero tras estudiar detenidamente el conjunto arqueológico del residuario, nos decantamos por situarlo a finales del siglo V d.C., lo que coincide con un periodo de transición entre el saladoide temprano y el saladoide medio (Berard, 2004, p. 190); consideramos pues, que el conjunto cerámico representa un periodo de transición entre las fases temprana y medio/tardía de este grupo cultural.
La calidad de las pastas con las que se fabrican las cerámicas es excelente, así como su acabado y las decoraciones pintadas e incisas que presentan. Las vasijas se fabricaron a mano, mediante la técnica de superponer cordones de arcilla y unirlos posteriormente, alisando y bruñiendo la superficie interior y exterior. Estas características también son comunes a las cerámicas que presentan todos los sitios saladoides tempranos, especialmente la decoración con pintura blanca sobre fondo rojo, otra constante que siempre indica la presencia de este grupo cultural, tanto en su periodo temprano como en el medio/tardío.
Las formas cerámicas estudiadas y clasificadas, nos indican una gran diversificación de las mismas. Predominan los perfiles carenados, como es habitual en el periodo saladoide temprano, siendo el vaso acampanado la forma más representativa del conjunto y que además resulta un factor común en todos los sitios arqueológicos saladoides; vendría a ser pues, la pieza guía que nos indica la presencia de los saladoides tempranos y de los medio/tardíos.
Los burenes que se han estudiado presentan en su mayoría un borde elevado y en alguno de los casos muy pronunciado, mostrando también una gran calidad en su factura. Consideramos que este borde elevado es un indicador del tipo de producto que se cocía, posiblemente pastas algo líquidas, sirviendo el reborde para impedir que se vertiese el producto fuera de la pieza antes de que se completase el proceso de cocción.
En El Francés, se localiza una novedosa forma cerámica que se repite frecuentemente y que no hemos visto reportada en ningún otro sitio arqueológico de este periodo, a la cual hemos denominado “soporte”, pues consideramos muy probable que se trate de una pieza que se utilizó para colocar sobre ella burenes, bandejas u otras vasijas, con el fin de elevarlas del suelo y así, bien comer directamente de las mismas, mantenerlas en posición de presentación o simplemente ayudar a hacer más cómodas las labores culinarias propias de la preparación de los alimentos.
Conocer la procedencia de los colonizadores saladoides tempranos que se establecen en El Francés es complicado, dada la escasez de tipologías de otros sitios arqueológicos con que contamos y que nos permitan realizar comparativos detallados. Sin embargo, consideramos que la mayor similitud que hemos podido observar con el conjunto cerámico objeto de estudio, desde el punto de vista estilístico y cronológico, se da en la isla de Puerto Rico, por lo que tentativamente y a la espera de realizar estudios más profundos, podemos apuntar la posibilidad de que el origen ancestral de los grupos saladoides que se asientan en La Española y que encontramos en el sitio arqueológico de El Francés, fuera la vecina isla de Borinquén.

En definitiva, debemos concluir que el conjunto cerámico de los colonizadores saladoides que se establecieron en la costa de Samaná, en el sitio de El Francés, denota un elevado conocimiento técnico de sus habitantes en las labores de fabricación cerámica, así como una amplia especialización de las labores culinarias que se reflejan en la variedad de las formas que creaban, tanto para hacer la función de vajilla de mesa, como de vajilla de cocina. Estas características, indican que el grupo saladoide mantenía elevados estándares culturales que se reflejan en su producción de cerámica.
El estudio tipológico de la cerámica saladoide cedrosan que hemos presentado, servirá para establecer comparativos con otros conjuntos procedentes de diferentes sitios saladoides, lo cual ayudará a conocer la filiación y la procedencia de cada grupo humano antillano en el periodo que se denomina saladoide temprano, aunque en este caso situado en las postrimerías del citado periodo. Consideramos que el trabajo realizado es un aporte necesario dentro del marco de los estudios arqueológicos que estamos realizando en el sitio arqueológico de El Francés, para así poder comprender plenamente el significado cultural del lugar y el tipo de poblamiento que presenta.
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