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El sitio arqueológico de La Isabela y su trascendencia como patrimonio mundial de la UNESCO

Arqueologia por Arqueologia
22 de octubre de 2026
en Arqueología
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El sitio arqueológico de La Isabela y su trascendencia como patrimonio mundial de la UNESCO
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Adolfo José López Belando
Historiador y arqueólogo, miembro de número de la comisión de Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias de la República Dominicana
Publicación original: SOCIALES, n.º 7, (2018)

Resumen

La Isabela es la primera villa del Nuevo Mundo. El autor resalta su importancia histórica, describe el Parque Nacional Arqueológico del que forma parte, justifica su valor universal excepcional y establece el cumplimiento de los criterios de la UNESCO para ser declarada como patrimonio mundial.

Palabras clave: La Isabela, historia del Nuevo Mundo, arqueología, patrimonio mundial.
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El sitio arqueológico de La Isabela es un lugar que en su modesto permanecer, representa el testigo aun patente del trascendental momento de la llegada de los españoles a América, ya como colonos y conquistadores. Si la isla de Guanahaní, hoy San Salvador, por obra y gracia de Cristóbal Colón, fue el hito que marcó el “descubrimiento” de un continente hasta ese momento desconocido para los europeos y posiblemente para el resto de los habitantes del planeta, La Isabela se estableció como la conclusión de un preámbulo que marcó el destino actual del Nuevo Mundo. Es por este motivo que el sitio arqueológico de lo que fue aquel asentamiento, tiene el carácter único que le confiere la calidad de Patrimonio Mundial.

 

Vista del promontorio rocoso donde se encuentran las ruinas de La Isabela.

La gestación de la fundación de la villa

Para hablar de La Isabela hay que remontarse no solamente al primer viaje colombino a América, sino a los preparativos que fueron necesarios para que se fundara la colonia. Quienes ven desde lejos La Isabela solo advierten la panorámica que presentan los pocos restos que aún se conservan de sus nobles ruinas, pero pocos se preguntan cómo es que desde tan lejos un nutrido grupo de colonos, sacerdotes y militares llegaron hasta allí. Y es una pena, porque si hay algo que impresiona aun más que la presencia del enclave en aquel lugar, entonces y aun hoy remoto, es el proceso migratorio que engendró ya desde el momento en que se planteó su creación.

La Isabela se fundó con mucha prisa. Colón desembarcó en Lisboa el 4 de marzo de 1493 en su primer tornaviaje desde América, un anacronismo histórico que muchos consideran una más de las truculentas maniobras que Cristóbal Colón realizó intencionalmente para lograr sus propósitos, defendiendo sus intereses personales sobre cualquier otra consideración. Y posiblemente fue así, porque el ánimo urgente de los reyes españoles para asentar sus reales en Américas, valga la redundancia, partió del preciso conocimiento del descubrimiento de la nueva ruta a las Indias que el monarca portugués tuvo desde el primer momento. Y toda la información se la dio, antes que a nadie, el mismo Cristóbal Colón.

El Almirante llegó a Portugal a los catorce días de la llegada de los Pinzones a España, quienes tocaron tierra en Bayona. Lo primero que hicieron éstos fue enviar carta con la buena nueva a los reyes, que en ese momento tenían asentada su corte en Barcelona. La enfermedad de Martín Alonso Pinzón le impidió viajar a dar la noticia del descubrimiento y de hecho se lo llevó al otro mundo casi al mes y medio después de volver de su viaje transatlántico al Nuevo Mundo. La noticia debió llegar a la corte durante los primeros días de marzo, por lo que con toda probabilidad el rey portugués conoció los detalles del descubrimiento antes que los reyes españoles, ya que Bayona está mucho más cerca de Lisboa que la citada primera población de Barcelona.

Durante la estancia de Colón en Portugal que se prolongó por nueve días hasta que el 13 de marzo partió hacia Sevilla, Juan II obtuvo abundante y preciosa información sobre la situación y las características de las nuevas tierras descubiertas. Esto hizo que redoblara sus esfuerzos para proteger sus intereses comerciales y tratara de que se reconociera su derecho sobre la ruta abierta por Cristóbal Colón. De esta manera obligó a los Reyes Católicos a “mover ficha” de manera contundente e inmediata, con el fin de asentar formalmente ante la comunidad internacional y especialmente ante el Papado, “sus derechos” sobre las nuevas tierras descubiertas y la ruta marítima que a ellas llevaba. De hecho un Embajador portugués fue enviado por Juan II a Barcelona a toda velocidad, para recordar a los Reyes españoles sus compromisos adquiridos en el tratado de Alcacovas y que debían evitar viajar a la India por la ruta atlántica recién abierta por Cristóbal Colón. De hecho este Embajador se presentó en la corte antes incluso de la llegada del Almirante que viajaba hasta allí desde Sevilla.

El 4 de mayo de 1493 Isabel y Fernando ya contaban con la primera bula papal, la Inter Caetera, que les otorgaba el derecho de conquista de las nuevas tierras americanas. El Papa Alejandro VI, además estableció a solicitud de los reyes españoles un meridiano al oeste de las Azores como límite entre los derechos territoriales portugueses y españoles. Pero todos estos papeles de poco servirían sin crear la base de operaciones española en lo que entonces creían que era una parte de Asia.

Esta necesidad de establecer los derechos de España en la supuesta ruta transoceánica a la India, frente al dominio formal portugués del derrotero que circundaba África, hizo que en solo cinco meses (de mayo a septiembre de 1493) se preparase una de las mayores armadas colonizadoras que conoció la humanidad. De hecho desde tiempos de los griegos los mares no conocían movimientos migratorios de este tipo. Solamente la creación de colonias que con base en la lejana Grecia jalonaron el Mediterráneo, a costa de armar grandes flotas y cargarlas de colonos, podría compararse a la hazaña de preparar 17 naves bien pertrechadas con alrededor de 1.500 personas a bordo, para cruzar todo un océano que solamente una vez había sido navegado de extremo a extremo.

Aquello sí fue una aventura y qué aventura… Tres personajes comandaban la expedición: Cristóbal Colón, Almirante de la Mar Océana como responsable supremo; Pedro Margarit como Contino de los Reyes en la función de jefe del sector militar; el padre Boil como Nuncio papal manejando la cuestión religiosa… y también como no, apoyando la jugada, el Contador real Bernal Díaz de Pisa que debía dejar constancia de todas las incidencias que se dieran durante la jornada de conquista y asentamiento en las nuevas tierras. Una combinación en principio perfecta, la punta de la lanza que proyectada desde España se clavaría a miles de kilómetros, precisamente en un modesto rincón costero, a la orilla de un anónimo río hasta entonces llamado Bajabonico. Nadie se imaginaba los efectos que ese proyectil llegaría a causar en una parte tan extensa del globo terráqueo.

Cuando Cristóbal Colón llegó a Barcelona el 21 de abril de 1493,con su cuidada procesión de elementos y personas que probaban su hallazgo transoceánico, fue recibido con todo fausto y boato. Pero en ese momento los Reyes Católicos (el título se lo había otorgado el Papa del momento) ya habían decidido la ficha que iban a mover. De esta manera, a los pocos día de la llegada del Almirante, le encomendaron al Arcediano de Sevilla, Juan Rodríguez de Fonseca, la organización de una armada colonizadora que permitiese montar una auténtica ciudad española en lo que pensaban era parte de La India.

Y no me equivoco cuando hablo del encargo a Fonseca, pues Colón aunque titular de la gestión de la armada, solamente se ocupó de la parte operativa que dependía plenamente de la intendencia que el Cardenal debía organizar, incluida la consecución y el manejo de los fondos necesarios para financiar el empeño. Armar 17 barcos no era cosa fácil, pero en un momento como aquel, con las arcas del reino extremadamente mermadas por la recién terminada guerra con los moros granadinos, el asunto era en extremo complejo.

Así pues, con toda celeridad, se comenzaron a recaudar fondos para la armada buscándolos hasta “debajo de las piedras”. La armada costó exactamente 17.523.140 maravedíes, 40 marcos de plata y 750 piezas de oro, todo aportado principalmente por los reyes (5.625.000 maravedíes), el Duque de Medinasidonia (5.000.000 maravedíes), Hernando de Talavera (1.140.000 maravedíes), los bienes incautados a los judíos (5.523.528 maravedíes) y otras contribuciones menores, como la de Juanoto Berardi (65.000 maravedíes). Una auténtica fortuna para aquellos tiempos a lo que además debió unirse el costo de la armada de Vizcaya, un contingente de seis barcos con un poder de fuego sorprendente y cargados de militares “armados hasta los dientes”, comandados por el Capitán General Iñigo de Arieta, que debía proteger a la armada colonizadora de un posible ataque de los barcos portugueses. Su costo: 5.864.000 maravedíes (León, 2000).

La vorágine social, comercial y administrativa que se desencadenó en Sevilla a partir de junio de 1493 nunca se había visto en parte alguna. Todos querían viajar a las Indias, todos pretendían, de alguna manera, ser partícipes del empeño colonizador o al menos “sacar tajada” del mismo. Finalmente, un Cristóbal Colón que no estaba hecho para aquello sino para navegar, que era lo suyo, logró organizar la flota y prepararla para afrontar el difícil viaje transoceánico que les esperaba.

El viaje de la armada desde España hasta el río Bajabonico

El 25 de septiembre de 1493 la armada partió del puerto de Cádiz rumbo a las Indias, enfilada sin saberlo hacia un lugar de destino que creía sería glorioso, pero que finalmente resultó ser un modesto promontorio rocoso en la desembocadura de un río manso, aplacado siempre por el peso del calor del trópico caribeño y a la orilla de un mar calmo, hasta que su furia era despertada bruscamente por los huracanes que Guabancex, la madre taina de los vientos, desencadenaba sin orden ni concierto.

Durante el transcurso del viaje la armada realizó una escala en las islas Canarias. Esta parada resulta fundamental para entender los efectos que generó el asentamiento español en La Isabela, pues fue en estas islas donde Colón adquirió algunas de las especies animales y vegetales que, trasladas a América y comenzadas a reproducirse en la colonia, fueron protagonistas de enormes cambios ecológicos y sociales en toda esta parte del mundo.

Desde la Península y embarcados en Cádiz, se transportaron los caballos y algunas vacas, además de cereales y otras semillas y plántulas de especies europeas. Pero fue en las Canarias donde el Almirante adquirió las ocho cerdas preñadas que una vez en La Española diseminaron la especie por la isla y sus descendientes, después, por buena parte del continente. También de allí se llevó la caña de azúcar, además de cabras, ovejas, gallinas y un sin número de simientes para plantar tanto hortalizas como árboles, hoy tan comunes en América como los melones, las sandías, los naranjos y los limoneros. Finalmente tras haberse abastecido adecuadamente, el 13 de octubre la armada abandona las islas Canarias y se interna en el océano Atlántico rumbo a las Antillas, cuya silueta vislumbraron el 3 de noviembre de 1493 (De Las Casas, 1985)

Aun cuando el cruce del Atlántico se realizo con celeridad, en apenas tres semanas, el afán descubridor de Cristóbal Colón le hizo avanzar con lentitud en el Caribe durante casi tres semanas rumbo a La Española. En el transcurso de su viaje frente a las costas de esta isla, Colón recibió la devastadora noticia de la muerte de los marineros que habían quedado en el fuerte de La Navidad el año anterior. Una vez frente al emplazamiento del fuerte de avanzada, donde llegaron el 28 de noviembre y comprobado el desastre, el Almirante se vio obligado a localizar un punto de la costa idóneo para desembarcar y asentar la ciudad madre de la nueva colonia. Los vientos contrarios de la costa Norte de la isla, le hicieron perder un tiempo precioso para localizar un punto idóneo para el desembarco del millar y medio de personas y los cientos de animales que transportaba en sus barcos. Así pues,después de navegar frente a la costa durante casi un mes más, no le quedó otra opción que seleccionar un lugar de fondeo que si bien no era el mejor debido a las carencias de abrigo de la ensenada, al menos cumplía con los mínimos para crear un asentamiento estable y evitar el desastre que habría supuesto mantener en los barcos por más tiempo a personas y animales.

Por este motivo la elección de la desembocadura del río Bajabonico para fundar La Isabela estuvo mediatizada por la urgencia y aunque el lugar reunía aceptables condiciones geográficas y ecológicas, nunca pudo compararse con otros puntos de la costa mucho más idóneos para asentar una población que fueron utilizados posteriormente, como el vecino Puerto Plata o la desembocadura del río Ozama.

Después de un agotador viaje de tres meses, a La Isabela llegaron alrededor de 1.500 personas y se asentaron unas 1.200, pues el resto retornó a España con la mayor parte de las naves. De este contingente, además de los marinos, la mayor parte eran militares y entre ellos destacaban las 20 lanzas jinetas (escuderos montados a caballo con armadura ligera) que tantos quebraderos de cabeza dieron a Colón.Otros muchos eran artesanos, pescadores y labradores y también había personal administrativo y curas, muchos curas, además de todo tipo de aventureros que se engancharon a la empresa. El denominador común de la casi totalidad de ellos era que iban a sueldo de la Corona; muy pocos pudieron llegar allí por su cuenta para hacer fortuna.

La fundación de La Isabela

El día sábado, 21 de diciembre del año del nacimiento nuestro Salvador Jesucristo de mil y cuatrocientos é noventa y tres años Cristóbal Colón, decide fundar la primera ciudad de América en promontorio rocoso flanqueado al Este por un caño con manglares y al oeste, a apenas unos cientos de metros por el estuario de un gran río que denominó Isabela, al igual que a la nueva ciudad que fundaba. El nombre hizo justicia a quien había sido el principal soporte de la aventura, la Reina Isabel, La Católica.

Las labores de desembarco fueron complejas, tras casi tres meses de agotadora navegación hombres y animales estaban ya poco menos que desesperados por bajar a tierra. Probablemente el desembarco se realizó a la orilla del río, en la extensa playa que se desarrolla a los lados de la desembocadura. Sin duda lo primero que hicieron los colonos fue buscar agua dulce, para lo que comenzarían a cavar pozos cerca del río en la llanura aluvial. Después pasaron a comenzar la ardua labor de crear de la nada una ciudad al estilo europeo, claro está, en la medida de lo posible.

“Dice aquí el Almirante que (…) hobo por alí muy buena piedra de cantería, y tierra buena para ladrillo y teja (…) dióse grandísima prisa (…) en edificar luego casa para los bastimientos y municiones del armada, e iglesia y hospital, y para su morada [de Cristóbal Colón] una casa fuerte, según se pudo hacer; y repartió solares, ordenando sus calles y plaza, y avecindáronse las personas principales, y manda que cada uno haga su casa como mejor pudiere; las casas públicas se hicieron de piedra, las demás cada uno hacía de madera y paja, y como hacerse podía.” (Bartolomé De Las Casas, Historia de Indias)

De lo que sucedió en La Isabela

Hasta ahora hemos repasado la gestación de la primera colonia española en América y a partir de este momento vamos a resumir los acontecimientos más importantes que se dieron en el enclave hasta su completo abandono hacia finales del año 1497.

Como buenos españoles católicos que fueron, los recién llegados se centraron en construir los edificios más importantes que debían formar el germen de cualquier ciudad medieval que se preciara: la iglesia, la casa fortaleza y el almacén real (la alhóndiga). Estas edificaciones nobles se realizaron en materiales durables, fundamentalmente en piedra, obtenida del perímetro de un farallón rocoso que se desarrolla paralelo al mar a pocos metros de la orilla. También se levantaron otras construcciones en piedra, como el polvorín y la muralla jalonada por torres.

Representación ideal de la construcción de La Isabela

Roca a medio cortar que aun se puede ver en la cantera de La Isabela

Restos de la Alhóndiga Real

El área fortificada del asentamiento se situó en el promontorio rocoso; la zona marítima se amuralló con obra de piedra, pero no así el área que quedaba hacia tierra. Esta curiosa circunstancia nos certifica que las necesidades defensivas que consideraron los españoles se centraban en los posibles ataques de la flota portuguesa. Las buenas relaciones que en aquellos tiempos tenían con los indígenas y su superioridad armamentística y militar frente a ellos, les hicieron obviar una estructura defensiva de alto poder en el flanco terrestre.

Dentro de la citada área fortificada, además de las edificaciones administrativas y religiosas se construyeron gran cantidad de casas para los recién llegados; al parecer cada uno se ocupó de construir su refugio con sus propios medios y con toda seguridad fueron los indígenas quienes les ayudaron a preparar estos primitivos primeros bohíos españoles. La casa fortificada de Cristóbal Colón señoreaba la incipiente ciudad y una impresionante alhóndiga real fue el lugar donde se almacenaron los bastimentos que trajeron desde España.

En la alhóndiga, además de guardar las provisiones y bastimentos, probablemente se anexó una pequeña dependencia donde trabajaron quienes fundían el oro que se obtenía. Así pues también la villa ostenta el honor, ciertamente dudoso, de haber sido el primer lugar donde los europeos procesaron el oro obtenido en el continente americano.

Restos de la primera iglesia de América en La Isabela

La iglesia, ciertamente modesta, pero provista de una torre posiblemente fue el primer edificio en terminarse y estrenarse, pues ya el 6 de enero de 1494 se celebraba en él la primera misa formal en tierra americana. El cementerio de La Isabela se localizaba alrededor de la iglesia. Fueron muchos los españoles que murieron en la villa, buena parte de ellos debido al hambre y otros muchos vencidos por las enfermedades tropicales frente a las que los colonos no tenían defensas. Este fue el primer campo santo radicado en América y se planteó a la manera medieval, situado bajo la protección del recinto eclesiástico.

Tan importante fue para el asentamiento el área “noble” de La Isabela, como la zona industrial y agrícola que se desarrollaba extramuros a poca distancia de la zona fortificada. La poca calidad de los suelos del promontorio en contraste con la fértil tierra de la llanura aluvial presente en la desembocadura del río, hizo que buena parte de los pobladores, posiblemente los más humildes y muchos artesanos, construyeran sus viviendas fuera del promontorio a pie de los campos de labor que inmediatamente a su llegada crearon los colonos en el área del estuario del Bajabonico. Fue allí donde se plantaron las primeras simientes de las especies vegetales europeas, donde pastaron las vacas, caballos, ovejas y cabras que primero pisaron el Nuevo Mundo y ese fue el lugar donde operó el primer horno de cerámica que se construyó en América (Deagan y Cruxent, 2002).

El 24 de abril de 1494 se constituye en la villa de La Isabela el primer cabildo de América, siendo su cabeza Diego Colón, el hermano del Almirante. También se creó un tribunal de justicia que la impartió de la mejor manera que entendieron sus responsables, los hermanos Colón.

Una de las primeras cosas que hizo Cristóbal Colón en La Isabela, fue instruir a todos sobre la importancia de mantener una relación cordial con los tainos sobre la base de tratarlos con respeto. Sin embargo, por otra parte comenzó su búsqueda implacable de oro sin detenerse ante nada. Para ello lo primero que hizo fue enviar a varios capitanes a explorar la isla por tierra y por mar. Para ello comisionó a Diego Márquez para que circunvalase la isla y reconociera detalladamente su costa; por otra parte, ya el mismo 6 de enero, tras la misa solemne, envió a Alonso de Ojeda y a Ginés de Gorvalán a explorar las isla por dos rumbos diferentes. La maquinaria conquistadora-colonizadora se acababa de poner en marcha a pleno rendimiento.

En La Isabela, una vez comenzado el transcurrir diario de los colonos, se empiezan a presentar los primeros problemas económicos, morales y existenciales que serán el detonante de los acontecimientos que determinarán el futuro del enclave español.

En primer lugar los españoles dependían de los abastecimientos de comida de los habitantes de la isla para sobrevivir; además se evidencia que muchas de las plantas que se cultivaron no dieron los frutos previstos y que por tanto la dependencia de los envíos de alimentos desde España era muy grande. Por otra parte los españoles no se acostumbraban a consumir la mayor parte de los alimentos de los tainos. Finalmente fue evidente que en el área de La Isabela los indígenas no tenían la capacidad de producir alimentos para una población tan elevada de colonos. Esto generó crisis alimentarias de muy alto grado que llegaron incluso a diezmar la población española.

Cementerio de La Isabela

Por otra parte Colón al no encontrar yacimientos auríferos en el área, dirige su atención a la captura de indígenas para esclavizarlos y enviarlos como mercancía a España. Los Reyes no se entusiasman con esta iniciativa, aunque finalmente autorizan a esclavizar exclusivamente a los caníbales. Sin embargo el Almirante utiliza esta excusa para generar situaciones bélicas y capturar a la población indígena que se le oponía militarmente para esclavizarla y rentabilizar la empresa conquistadora y colonizadora.

Finalmente, debido a la precaria situación alimentaria, la inconformidad del trato recibido de Colón por los militares de a caballo, los conflictos con los indígenas, el descontento con los Colón por su manera de ejercer su autoridad y las discrepancias de criterio entre los dos poderes también avalados por los reyes: el militar de Pedro Margarit y el religioso de Bernardo Boil, se creó en la colonia una situación política y social sumamente compleja que fue motivo de constantes enfrentamientos entre los Colón y buena parte de los habitantes de La Isabela.

La Isabela como punto de partida para la conquista de La Española

El 12 de marzo de 1494 fue una fecha clave en el desarrollo de la conquista de América, pues por primera vez un contingente militar fuertemente armado y bien organizado, se internaba en tierras americanas para hacer sentir su poder y sojuzgar a los habitantes. Si hasta el momento todas los contactos con los indígenas se basaron en buscar su colaboración y llegar a un entendimiento pacífico, esta expedición ya es una verdadera incursión de conquista, cuyo modelo se repetirá una y otra vez en todos los confines del Nuevo Mundo.

Cuatrocientos hombres fuertemente armados salieron de La Isabela internándose en un territorio que para ellos era desconocido y del que solo tenían vagas descripciones proporcionadas por los indígenas y por los capitanes que previamente se habían enviado en expediciones exploratorias. Fue entonces cuando por vez primera Colón cruzó la cordillera Septentrional y desde lo alto pudo observar el maravilloso y extenso valle del Cibao en cuyo fondo se vislumbraban las cumbres de la cordillera Central que recorre la isla de Este a Oeste.

Fue durante esta expedición cuando se fundan los primeros fuertes en el interior de la isla para asentar el poderío español en La Española. Es en este momento cuando se desencadenan las primeras rebeliones indígenas que se resisten férreamente al dominio extranjero. Sin embargo el tesón de los recién llegados y su espíritu de supervivencia, ayudado por la superioridad de su armamento y su capacidad de organización militar, les hizo prevalecer sobre una población enormemente numerosa que lanzó a sus mejores guerreros sobre las tropas y los fuertes españoles en un intento desesperado por sacarlos de la isla de una vez por todas.

Mapa con la situación aproximada de las fundaciones colombinas

Fue La Isabela la cabeza de puente de todos los movimientos militares que en estos primeros años de la conquista y colonización de la isla se realizaron. Los españoles dejaron reductos fortificados con sus correspondientes guarniciones en diferentes lugares: La Magdalena, Santo Tomás, La Esperanza, Santa Catalina, La Concepción de La Vega, El Bonao… Pero la madre de todos ellos fue la primera villa de América que recogida sobre su humilde promontorio y volcada sobre el fondeadero de la bahía, era el punto de referencia y el lugar de abasto de todos los puestos de avanzada en territorio taino.

A La Isabela llegaban los abastecimientos procedentes de España; los barcos fondeaban frente a la villa en una ensenada de poca profundidad que solo tenía un problema: estaba indefensa ante los vientos del Noroeste. Esta situación dejaba al puerto de la ciudad en una situación precaria, pues aunque los vientos dominantes son del Este-Noreste, los vientos circulares de los huracanes hacen penetrar la fuerza del viento en todas direcciones dentro de la bahía y esto dejaba a las embarcaciones completamente a merced de ese tipo de eventos climáticos catastróficos.

Las armadas de abastecimiento a La colonia de La Española se sucedían con espacio de pocos meses. La primera en llegar, el 24 de junio de 1494 formada por 3 carabelas, estaba capitaneada Bartolomé Colón, hermano del Almirante; a finales de noviembre de 1494 llegó la armada de Antonio de Torres que estaba formada por 4 carabelas; en octubre de 1495 llegaron a La Isabela los cuatro barcos que componían la armada que capitaneaba Juan de Aguado y que según el contrato firmado con los reyes, en los años siguientes habría de hacer dos viajes más de aprovisionamiento con armadas compuestas de cuatro barcos cada una.

La bahía de La Isabela no era completamente segura y prueba de ello fueron los naufragios que en ella se dieron. Según relata Pedro Mártir de Anglería, en junio de 1495 un tremendo huracán hundió cuatro embarcaciones que se encontraban fondeadas en la bahía de La Isabela. No sabemos si se trata del mismo evento, pero Bartolomé de Las Casas también nos relata que cuatro embarcaciones se hundieron por estas fechas en La Isabela, aunque no recuerda bien si fueron de la flota de Aguado o si fueron otras (De Las Casas, 1985).

También desde La Isabela partían las flotas hacia España después de haber dejado su cargamento en la villa. Fue precisamente el 17 de febrero de 1495 que en el fondeadero de la ciudad se dio una los momentos cruciales en la historia de América: la carga y envío del primer contingente de esclavos americanos a Europa. Fruto de la guerra librada en el Cibao para “pacificar” la isla, Colón embarcó 550 indígenas capturados en el transcurso de las batallas libradas y los envió a Sevilla para ser vendidos como esclavos. Habían muchos más prisioneros, pero ya no cupieron en los barcos. Así pues Colón dio barra libre a los colonos para que se quedaran con cuantos esclavos quisieran y el resto que ya no quería nadie quedaron libres de marcharse donde quisieran. En España solamente desembarcaron 330 indios, el resto falleció durante el viaje.

Cuando los Reyes tuvieron noticia de cómo se había realizado la captura de los indígenas y su esclavización, ordenaron que todos los que habían sido vendidos se liberasen y que quienes así lo desearan fueran devueltos a La Española. De esta manera el puerto de La Isabela volvió a recibir a una parte de los esclavos que partieron de él, esta vez como hombres libres. Colón recibió una dura sanción por parte de los monarcas españoles, quienes a partir de ese momento dejaron bien claro que los tainos eran sus súbditos, que no se les podía esclavizar y que había que tratarles con toda consideración. Lamentablemente a miles de kilómetros de distancia, estas instrucciones no se cumplieron y la población indígena de La Española fue desapareciendo diezmada por el trabajo forzado y de las enfermedades importadas desde Europa.

El fondeadero de La Isabela fue testigo de la operación del primer astillero de América. Tenemos noticia de que en esta instalación Cristóbal Colón, mandó construir al menos dos carabelas a principios de 1496 y que una de ellas, presumiblemente el primer barco europeo construido en el Nuevo Mundo, se llamó La India.

La despoblación de la villa

Cristóbal Colón partió de La Isabela hacia España el 10 de marzo de 1496 sin saber que ya nunca más volvería a la ciudad que con tanto esfuerzo fundó a la vera del Bajabonico. La villa continuaba siendo la base de la exploración y el progresivo apoderamiento de la isla por parte de los españoles. Los viajes exploratorios por todos los rincones de La Española comenzaron a dar sus frutos y se localizaron yacimientos auríferos en la zona de La Vega y en San Cristóbal. De esta manera comenzó el declive de la primera ciudad europea en el Nuevo Mundo, pues en su entorno el oro brillaba por su ausencia y los recursos naturales del área no daban para alimentar a la población.

Los labradores fueron abandonando sus cultivos, a veces porque no fructificaban adecuadamente y fundamentalmente porque la búsqueda del oro era una actividad mucho más atractiva. Buena parte de la población se fue a establecerse en los fuertes que se habían edificado a lo largo de la ruta que cruza la isla de Oeste a Este por el centro del valle del Cibao. Otra gran parte habían muerto de hambre y por enfermedades y muchos otros andaban explorando el territorio en busca del metal amarillo.

Por si fuera poco la ausencia de Cristóbal Colón favoreció la revuelta de Bartolomé Roldán quien en 1497, después de saquear la alhóndiga real y tratar de acabar con los españoles que al mando de Diego Colón eran los regidores legales de la villa, partieron hacia el cacicazgo de Xaragua para establecerse allí y montar una colonia paralela a la que los reyes habían establecido en la isla. Los fieles al Almirante se hicieron fuertes en la casa fortificada que Cristóbal Colón había edificado en La Isabela y eso salvó sus vidas. Desde ese momento La Isabela, además de extremadamente desprovista de pobladores, quedó herida de muerte.

Reconstrucción ideal de la casa fortificada de Cristóbal Colón en La Isabela

Finalmente en 1497, los reyes Católicos, alertados por el hallazgo de ricas minas de oro al Sur de la isla, en la zona de San Cristóbal, ordenaron a Cristóbal Colón que estableciera una villa cercana a las minas, para lo cual debía trasladar a todos los habitantes que aún quedaban en La Isabela a aquella nueva fundación y despoblar el primer enclave que con tanto trabajo fue fundado casi cuatro años antes. La orden real fue cumplida y los españoles decidieron fundar una ciudad en un punto situado en la margen oriental del río Ozama donde hacía más de un año se mantenía una pequeña guarnición. Los barcos partieron del fondeadero de La Isabela llevando todo lo que de útil quedaba en la ciudad que no debía ser mucho después del saqueo de Roldán y así fundaron la ciudad de Santo Domingo que desde entonces se convirtió en la capital de la isla Española.

A partir de aquel momento La Isabela quedó despoblada y en el olvido. Convertida en un campo de ruinas, los sillares de sus edificios nobles fueron retirados del lugar a principios del siglo XVI y sirvieron para construir edificios en la naciente ciudad de Puerto Plata, especialmente para la levantar el convento de los Dominicos que se construyó en aquella villa de nueva planta. El fondeadero de la ciudad que algunos consideraron puerto seguro, pero que finalmente no lo fue, se utilizó esporádicamente durante los años de la colonia y las tierras donde antaño se asentaron los españoles, abandonadas, quedaron relegados a ser cita de cazadores de puercos cimarrones.

Las ruinas de La Isabela como Patrimonio Mundial de UNESCO

Fue con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América que los ojos de los ilustrados volvieron a posarse en las ruinas de La Isabela. De esta manera se realizaron algunas excavaciones arqueológicas en el lugar ya a mediados del siglo XX, que culminaron en los trabajos de arqueología llevados a cabo por Cruxent y Deagan financiados por dominicanos y españoles y que nos ofrecieron la dimensión real de lo que fue aquel asentamiento. A partir de aquel momento, como colofón a la celebración del quinto centenario del descubrimiento se decidió tramitar la declaratoria de Patrimonio Mundial de UNESCO del sitio y en el año 2001 se presentó el documento necesario para incluir esta propiedad en la Lista Tentativa de la República Dominicana de sitios que serían declarados como Patrimonio de la Humanidad.

Durante los diecisiete años transcurridos desde que La Isabela fue integrada en la Lista Tentativa nacional se realizaron algunos intentos para preparar la documentación necesaria para lograr la declaratoria. Sin embargo ninguno de ellos fue completado y hasta la fecha el sitio arqueológico continúa sin ser reconocido por UNESCO. Con la nueva administración de los ministerios de Cultura, Medio Ambiente y Relaciones Exteriores, esta iniciativa ha sido relanzada y como primera medida, a solicitud de los responsables de UNESCO, se ha preparado una actualización del documento de integración en la Lista Tentativa que obra en manos del Ministerio de Cultura y que confiamos se utilice para tramitar finalmente la declaratoria de Patrimonio Mundial de La Isabela.

Seguidamente publicamos el texto del documento citado anteriormente, realizado por quien suscribe este trabajo que, tal como exige UNESCO, consta de cinco capítulos diferentes: Descripción, Justificación del Valor Universal Excepcional, Criterios, Autenticidad e Integridad y Comparación con Otras Propiedades Similares

Descripción

El Parque Nacional y Arqueológico de La Isabela comprende, entre otros vestigios arqueológicos, los restos de los edificios construidos en el primer asentamiento europeo en América: la villa de La Isabela. Las ruinas que se conservan pertenecen a la alhóndiga, el polvorín, la iglesia y la casa fuerte de Colón. También abarca parte de las fundaciones del recinto amurallado de la ciudad, incluyendo la fundación de una de sus torres de defensa, dentro del que se encontraba la mayor parte de las viviendas de los moradores. El Parque abarca igualmente el lugar donde se encontraba el primer astillero de América y el muelle de la ciudad, hoy desaparecido. De la misma manera incluye la cantera de roca utilizada para construir los edificios de la villa, situada a poca distancia del área fortificada. Aproximadamente a 1.700 m. al Suroeste del área amurallada, en la desembocadura del río Bajabonico, están los sitios de Las Coles y El Tamarindo, zona arqueológica extramuros de la villa, donde se cultivaron los primeros vegetales traídos desde Europa, y donde además operaba el horno de cerámica que abastecía la ciudad. Igualmente está incorporada al Parque la bahía de La Isabela, frente a las ruinas de la villa, en la desembocadura del río Bajabonico, donde se tiene constancia histórica que naufragaron debido a la fuerza de los huracanes al menos cuatro barcos españoles en 1495, cuyos restos se encuentran hoy día sumergidos bajo el agua y enterrados profundamente a varios metros de profundidad en los sedimentos depositados por el río en el fondo marino. Dentro del área amurallada, alrededor de la iglesia formando parte del conjunto de ruinas, se conservan aun varias tumbas del que fue el primer cementerio europeo en América.

Justificación del Valor Universal Excepcional

La villa de La Isabela fue la primera ciudad edificada por los europeos en América, fundada por Cristóbal Colón entre el 20 de diciembre y el 6 de enero de 1494, fecha en la que la inauguró oficialmente como villa española. En la ciudad se asentaron las alrededor de 1.000 personas que con este fin navegaron con el Almirante en su segundo viaje a tierras americanas. El excepcional valor universal de este sitio arqueológico es evidente, pues además de ser la primera ciudad europea en el Nuevo Mundo, fue el lugar donde dos culturas completamente diferentes se encontraron e interactuaron de manera constante durante al menos los cuatro primeros años del contacto entre europeos y amerindios.

El sitio de La Isabela fue la puerta de entrada de los europeos al continente americano y en él se establecieron las bases de lo que sería el futuro sistema de conquista y colonización de América que en unos casos desplazó o eliminó a la mayor parte de la población indígena y en otros generó el mestizaje que hoy impera en buena parte del continente.

El primer edificio construido en América probablemente fue la iglesia, donde el 6 de enero de 1494 se celebró la primera ceremonia religiosa cristiana en este continente. A la vez se construyó la alhóndiga fortificada, donde se guardaron los productos europeos que trajeron del continente. Entre ellos, además de las vituallas, también estaban las semillas para plantar cultivos foráneos que hoy día representan uno de los principales sustentos de la población americana: trigo, arroz, cebada, mijo, vides, caña de azúcar, habas, garbanzos, melones, etc. Anexo a este edificio se localizaron los restos de la primera fundición europea de metales en el nuevo continente.

El 24 de abril de 1494 se constituyó en La Isabela el primer ayuntamiento de América. Extramuros, al pie del promontorio donde se construyó la ciudad, en el caño de agua salobre que conectaba el mar con una pequeña laguna, se puso en operación el primer astillero de América, donde en 1495 se fabricó la India, primera embarcación europea fabricada en este continente.

También en la Isabela desembarcaron, vivieron y se reprodujeron los primeros animales que se trajeron desde Europa: caballos, burros, perros, gatos, cerdos, reses, cabras, ovejas, gallinas, etc. En este lugar los europeos convivieron por primera vez de manera continuada con los indígenas americanos, utilizando para sobrevivir sus medios de subsistencia y la adoptando manera que tenían de obtenerlos. De la misma manera fue aquí que los amerindios probaron por primera vez las comidas europeas, incluyendo en su dieta algunos de sus productos, como la carne de vacuno, tal como atestiguan los hallazgos arqueológicos en los poblados tainos vecinos.

En La Isabela, en el área de las Coles y El Tamarindo, en la desembocadura del río Bajabonico a unos 1.700 metros del promontorio fortificado, fue posiblemente según los arqueólogos que realizaron las excavaciones, donde la armada de Cristóbal Colón desembarcó .Aquí se construyó y operó el primer horno de cerámica de América, utilizado para fabricar las tejas de los edificios de la ciudad y la vajilla que usaron sus pobladores. También fue aquí donde se abrieron los primeros pozos para obtener agua dulce y donde se cultivaron los primeros vegetales europeos, aprovechando la fertilidad de la tierra aluvional de la cuenca del río, inexistente en la zona del promontorio que fortificaron.

Desde la Isabela se realizaron las primeras expediciones que permitieron a los españoles conocer la isla y entrar en contacto con todos los cacicazgos de la isla. De la misma manera sirvió de base para comenzar a edificar fuertes y ciudades en otras zonas de la isla que dependían directamente de la villa de La Isabela.

El sitio arqueológico de La Isabela en su totalidad, tanto en tierra como bajo el mar, es el testigo del primer contacto estable entre europeos y amerindios; la puerta de entrada de Europa en América y el más antiguo vestigio de cómo los europeos se aclimataron al nuevo continente con sus particulares condiciones ecológicas y culturales. Sus ruinas nos muestran el primer planteamiento urbano que se realizó en el continente americano y que luego fue en parte imitado y en parte modificado en el resto de las primeras fundaciones españolas que se realizaron en la isla.

El modelo de ciudad fortificada que sigue La Isabela, situada en un promontorio rocoso utilizado como defensa natural, circundado de un muro defensivo, establecido frente a una bahía con área de fondeadero y separada de la zona de tierra fértil susceptible de ser cultivada, está íntimamente ligado al medio ambiente de isla y a sus condiciones sociales, geográficas y ecológicas, aunque planteado a la manera de una ciudad del comienzo del renacimiento europeo.

En el cementerio de la ciudad, alrededor de la primera iglesia de América, aun se conservan los restos de los primeros colonos, entre los que se encuentran las primeras mujeres europeas que viajaron al continente americano. También junto con los restos de los europeos, reposan algunos amerindios, los primeros indígenas americanos que se integraron en el sistema colonizador de los recién llegados.

Todas estas razones, basadas fundamentalmente en la primacía de este asentamiento que fungió como campo de pruebas de innumerables actividades que por primera vez se realizaron en América, hacen que el sitio arqueológico de La Isabela sea único a nivel mundial y que la trascendencia de su legado lo haga merecedor de un valor universal extraordinario. La Isabela es la piedra angular de la historia moderna de América, resultando un elemento fundamental para conocer la trascendencia del contacto con las poblaciones amerindias en el marco del desarrollo de la conquista y colonización del Nuevo Continente.

Criterios

Criterio ii. El sitio arqueológico de La Isabela atestigua el primer intercambio de valores humanos sostenido entre europeos y amerindios en los albores del conocido como periodo del contacto. Los recién llegados trajeron las técnicas de construcción occidentales, su tecnología en todos los ámbitos, desde la construcción naval, hasta la fundición de metales, pasando por la fabricación de cerámica y los sistemas de regadío para los cultivos. Igualmente presentaron a los habitantes autóctonos un tipo de planeación urbana diferente. De esta manera se transformó completamente el paisaje americano, creando paisajes nuevos tanto rurales como urbanos. Trajeron también animales y vegetales desde España y las islas canarias, algunos de los cuales habían sido exportados previamente desde Asia, como la caña de azúcar. Incorporaron tecnologías básicas como la de carros movidos por ruedas y la fuerza de los animales de tiro. En este lugar los recién llegados conocieron la fauna y flora americana por primera vez. Los amerindios por su parte presentaron sus sistemas tradicionales de construcción de viviendas que fueron asumidos de inmediato por los colonizadores, a la vez que ofrecieron sus medios de subsistencia y los sistemas para obtenerlos, siendo este intercambio cultural y tecnológico la base de lo que es hoy América.

Criterio iii. Es un testimonio excepcional y único en América de la tradición cultural que se creó durante esta primera tentativa colonizadora de los europeos en el nuevo continente, como modelo de sistema de conquista y colonización de las nuevas tierras americanas. En La Isabela se prueba un sistema de asentamiento humano que en parte fue replicado en las fundaciones posteriores y en parte desechado por su falta de operatividad para hacer frente a las condiciones ecológicas, climáticas y sociales que se daban en estas tierras, completamente nuevas para los españoles.

Criterio iv. Es un ejemplo eminentemente representativo y único de un conjunto arquitectónico completamente nuevo en el continente americano, integrado en un paisaje elegido precisamente por su idoneidad para edificar una ciudad fortificada, dependiente de un puerto natural que además contase con terrenos cultivables cercanos a la villa y vías de comunicación con el interior de la isla. Representa un periodo muy significativo de la historia humana al serla primera ciudad europea construida en América, siendo a su vez en sí misma el bastión que genera el comienzo del periodo colonial en el nuevo mundo.

Criterio v. Es el primer ejemplo de lo que será el patrón tradicional de los asentamientos europeos en América, aglutinando técnicas urbanísticas especializadas para mantener un sistema conquistador y colonizador, combinadas con la implantación de tecnologías de aprovechamiento agrícola, instalaciones industriales de construcción naval, procesado de cerámica, y de metales, utilizando además las características naturales de la costa como abrigo de las embarcaciones en orden a permitir el comercio y el abastecimiento del enclave colonial.

Criterio vi. Al ser La Isabela la primera ciudad europea construida en el continente americano, sus ruinas y el emplazamiento de estas,están directamente asociadas tradicionalmente como el sitio arqueológico que representa el paso primordial de lo que se ha llamado el periodo del contacto, que no es otra cosa que el comienzo del proceso de conquista y colonización de América.

Autenticidad e Integridad

La autenticidad del sitio arqueológico de La Isabela es incuestionable, ya que es conocido y reconocido desde el mismo día de su abandono, entre 1497 y 1498 habiendo sido estudiado exhaustivamente desde finales del siglo XIX. En el lugar han sido realizadas excavaciones arqueológicas parciales en varias ocasiones desde mediados del siglo XX. Sin embargo e a partir de 1987 y hasta 1996, cuando los prestigiosos arqueólogos José María Cruxent y Kathleen Deagan realizaron excavaciones arqueológicas extensivas que documentaron la mayor parte de la superficie del sitio arqueológico. Las conclusiones su trabajo están publicas en dos excelentes libros editados en 2002,titulados: “Archaeology at La Isabela. America’s First European Town”y “Columbus’s Outpost Among the Tainos”.

La integridad del Parque Nacional y Arqueológico de la Villa de La Isabela es satisfactoria y gran parte del sitio se encuentra en uso público con un sistema de visitación organizada. Al estar reconocido como un lugar protegido por la legislación dominicana, el sitio arqueológico está a salvo de cualquier depredación o maltrato. Además de la declaratoria legal de las ruinas de La Isabela como Monumento Arquitectónico, se encuentran dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas integradas en el Parque Nacional La Hispaniola que abarca todo el sitio arqueológico, por lo que este cuenta con vigilancia y monitoreo constante.

La autenticidad e integridad del sitio arqueológico de La Isabela ha sido reconocida por 36 expertos en arqueología del Caribe en el marco del Seminario realizado por UNESCO en 2004, celebrado en Fort de France, Martinica, donde se recomendó unánimemente su incorporación a la Lista de Patrimonio Mundial apoyada en los criterios ii, iii, iv, v y vi que prevé la Convención. Los resultados está publicado en el número 14 de World Heritage Papers, editado por UNESCO.

Gran parte del sitio arqueológico de La Isabela fue puesto en uso público en 1992 en base al proyecto conjunto ejecutado y financiado por el estado dominicano, la Comisión de las Comunidades Europeas y el estado español, denominado Proyecto La Isabela. El objetivo del citado proyecto fue rescatar, fortalecer y proteger el patrimonio arqueológico de La Isabela e integrarlo a la gestión económica y desarrollo socio-cultural de la población local. Fruto del proyecto, además del primer Plan de Gestión, es la presentación del sitio arqueológico y las infraestructuras con que actualmente cuenta el Parque Nacional y Arqueológico de La Isabela, las cuales son las siguientes: Centro de Recepción de Visitantes, museo, almacenes, talleres y tienda artesanal, servicios sanitarios, viales peatonales, muelle, señalización y cerramiento del área de las ruinas.

En la actualidad el sitio arqueológico corresponde a Lo siguiente: Ruinas en las que se conservan las cimentaciones de la alhóndiga, el polvorín y la iglesia; las cimentaciones y parte de los muros enlucidos de la casa fuerte de Cristóbal Colón; parte de la fundación de una torre defensiva y parte de las fundaciones de la muralla perimetral; el cementerio que se localiza alrededor del templo cristiano. Los avatares del tiempo y desafortunadas actuaciones realizadas en siglos pasados redujeron a esta expresión el área monumental del sitio arqueológico.

Parte de las tumbas del cementerio se encuentran in situ con los restos humanos aun inhumados. En el área arqueológica de Las Coles y El Tamarindo se encuentran los restos ya excavados del horno de cerámica con que se hicieron las tejas y gran parte de la loza utilizada en La Isabela, además de una zona arqueológica donde se localizaron viviendas de los primeros colonos y el área de cultivos que abastecía la ciudad y que en parte aun está pendiente de excavar.

El muelle de la ciudad y el astillero han desaparecido, aunque su localización se mantiene bien identificada tras la pequeña playa existente en la zona Oeste, al pie del emporio rocoso. Frente a la ciudad, en el fondo de la bahía, enterrados bajo varios metros de sedimentos aportados por el río Bajabonico, se encuentran los restos entre 6 y 9 barcos de finales del siglo XV, aun intactos, cuya presencia está bien documentada en las crónicas y documentos de la época.

Comparación con otras propiedades similares

El sitio arqueológico de La Isabela es la más antigua de una serie de fundaciones colombinas que fueron los primeros asentamientos europeos en el continente Americano. Sin embargo, hasta el momento solo uno de ellos, la Ciudad Colonial de Santo Domingo, ha sido inscrito como Patrimonio Mundial, aunque difiere considerablemente del sitio de La Isabela al ser un conjunto monumental que además es un sitio arqueológico. El resto de sitios arqueológicos comparables son: La ciudad de La Vega Vieja o Pueblo Viejo, también en República Dominicana e inscrito en la Lista Tentativa nacional y el sitio arqueológico de Puerto Real, en Haití. Estos dos últimos enclaves arqueológicos sí corresponden exactamente al patrón de asentamiento de La Isabela, aunque se fundaron posteriormente.

De la antigua ciudad de Santo Domingo, fundada hacia 1496 con los pobladores de La Isabela que definitivamente la abandonaron en 1497 para desplazarse a la nueva fundación, solamente queda el pozo excavado en la primera fortaleza edificada en la margen oriental del río Ozama ya desaparecida. También, bajo el piso de la capilla del Rosario, una ermita del siglo XVI situada a pocos metros de la desaparecida fortaleza, se excavó la fundación de los pilotes de madera que soportaron la cubierta de madera de la primera iglesia de esta ciudad.

El resto de las edificaciones conservadas, ya en la margen oriental del río, se edificaron a partir de 1502 cuando se desplazó la ciudad a la otra rivera del Ozama.

La antigua villa de La Concepción de la Vega, conocida como la Vega Vieja o Pueblo Viejo, fue fundado por Cristóbal Colón como un sencillo fuerte en 1495; el asentamiento fue desplazado en 1498 a poca distancia del sitio donde se encontraba, hasta el lugar donde hoy se localizan las ruinas de la antigua ciudad española. La villa, que obtuvo esta categoría en 1508, se edificó con el fin de dominar el valle del Cibao, convirtiéndose poco después en una de las ciudades más importantes de la isla, debido a su situación privilegiada para controlar los yacimientos auríferos de la región. En este sitio arqueológico se documentan también, al igual que en La Isabela, los primeros contactos con la población indígena y pruebas fehacientes de la aculturación de los tainos. La ciudad se abandonó debido a la destrucción ocasionada por un terremoto en 1562.

El sitio arqueológico de Puerto Real se funda en 1503 en la costa Norte del actual Haití, como un enclave agrícola y un puerto comercial.Fue un asentamiento muy aislado del resto de los establecimientos españoles de la isla y tuvo una importante interacción con la población indígena local. Desaparece como ciudad en 1578 cuando las autoridades españolas deciden acabar con el lugar, dado el intenso contrabando que desde allí se realizaba.

Otros sitios arqueológicos que aun se conservan en la isla de Santo Domingo, fundados en los primeros años del contacto con los amerindios, pero cuya entidad como establecimientos es menor que los descritos anteriormente, son los siguientes: El fuerte de Santo Tomás en Jánico, fundado en 1494 como un emporio de control puramente militar que desapareció pocos años después. El sitio arqueológico de Jacagua, primera fundación de Santiago de los Caballeros fundado en 1504 y destruido por el terremoto de 1562. Las ruinas de Pueblo Viejo,primera fundación de la ciudad de Azua, fundado en 1504 y destruido por el terremoto de 1751.

De la misma manera que la ciudad de La Isabela fue el enclave desde el que se comenzó el poblamiento de La Española, la isla de Santo Domingo fue la base de operaciones para continuar poblando,primero las grandes Antillas y luego el territorio continental americano.Así pues algunas fundaciones muy antiguas, pero ya todas realizadas en el siglo XVI que forman parte de la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, están en la isla de Cuba y son las siguientes: La ciudad de Trinidad y Valle de Los Ingenios, fundada en 1514, que abarca la zona urbana y el valle azucarero; La Ciudad Vieja de La Habana y su Sistema de Fortificaciones, fundada en 1519, con antiguos edificios que abarcan desde los estilos coloniales del siglo XVI hasta los estilos del siglo XX; El Centro Histórico de Camagüey, ciudad fundada en 1528, cuyo centro histórico tiene 54 hectáreas, siendo un ejemplo excepcional de asentamiento urbano colonial netamente tradicional.

Copia idéntica en polímero de los restos de uno de los españoles que fallecieron en La Isabela, colocada in situ

Conclusiones

El sitio arqueológico de La Isabela es, sin duda alguna, el patrimonio cultural más importante que posee América y uno de los lugares fundamentales para entender la historia moderna de la humanidad.Su trascendencia como lugar de encuentro definitivo de dos culturas completamente diferentes resulta incuestionable y el cambio que supuso la fundación de este enclave colonial cambió para siempre los parámetros y principios por los que se regía lo que conocemos como cultura occidental.

Por este motivo resulta comprensible que los dominicanos no hayamos sido capaces todavía de lograr que se declare Patrimonio Mundial de la UNESCO y así hacer que La Isabela adquiera el nivel de promoción internacional que le corresponde por derecho.

Por otra parte la declaratoria como Patrimonio Mundial de La Isabela sería una manera de promocionar el sitio cara a su conocimiento no solo por los dominicanos, sino por todos los turistas extranjeros que anualmente visitan nuestro país. Jamás será nuestro interés convertir La Isabela en un circo turístico, como a muchos desarrolladores quisieran; La Isabela debe tratarse con respeto, pues además de lo que representa es un auténtico campo santo donde reposan los restos de los primeros europeos que llegaron a América.

La Isabela debe tener un manejo adecuado con su importancia cultural; hay que lograr sistemas de visitación responsable donde las explicaciones de los guías respondan a la realidad de los sucesos que acaecieron en este lugar tan especial. Los restos arqueológicos han de ser consolidados, nunca restaurados, pues su situación es fruto de una historia que también merece respeto. El sitio arqueológico debe ser investigado por completo, pues aun cuando la mayor parte del lugar ya ha sido excavado, aun queda mucho trabajo por hacer en este sentido,sobre todo bajo las aguas de la bahía, donde sabemos que hay varios barcos naufragados a finales del siglo XV.

El Estado dominicano debe dirigir sus esfuerzos a poner en valor el sitio arqueológico de La Isabela; cualquier inversión que se realice será rentable desde todos los puntos de vista y especialmente desde el más nos interesa: el cultural. La población dominicana merece saber el valor de las maravillas culturales que atesora y sin duda lo que queda de la primera ciudad europea de América es uno de sus más valiosos patrimonios.

En los restos de la casa de Cristóbal Colón en La Isabela, Luis Colón, Duque de Veragua, Adolfo López y Luis Arranz

Así pues confiamos en que las loables intenciones de las actuales autoridades se lleven a efecto y pronto, lo antes posible, La Isabela sea finalmente propuesta a la UNESCO como Patrimonio Mundial y su candidatura aceptada.

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Cómo citar este artículo
López Belando, Adolfo José (2018). El sitio arqueológico de La Isabela y su trascendencia como patrimonio mundial de la UNESCO. SOCIALES, 8 (nº7, 34 pags). Santo Domingo, República Dominicana. https://www.academiadecienciasrd.org/el-sitio-arqueologico-de-la-isabela-y-su-trascendencia-como-patrimonio-mundial-de-la-unesco/
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