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Situación de las investigaciones sobre los grupos arcaicos en la República Dominicana y sus paralelos en otras islas del Caribe

Arqueologia por Arqueologia
7 de septiembre de 2026
en Arqueología
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Situación de las investigaciones sobre los grupos arcaicos en la República Dominicana y sus paralelos en otras islas del Caribe
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Adolfo José López Belando
Investigador, Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, Cuba.
Publicación original: SOCIALES, (2025)

Resumen

En el artículo se presenta un estudio pormenorizado sobre la presencia de los grupos arcaicos en La Española, haciendo énfasis en el contexto caribeño donde se desarrollaron estos antiguos grupos humanos. El trabajo aporta datos de las últimas investigaciones realizadas en nuestra isla y supone una actualización de la cuestión, lo que resulta sumamente útil para quienes se dedican a la investigación de las primeras colonizaciones humanas en la isla de Santo Domingo.

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Introducción

En el territorio de la República Dominicana, desde el pasado siglo, se han realizado una serie de excavaciones arqueológicas que han evidenciado la presencia humana en la isla desde tiempos muy tempranos. A estas poblaciones se les dio el nombre de “arcaicas” identificándolas como tales en base a su antigüedad. Sin embargo, la connotación de esta denominación les atribuye también un cierto carácter de primitivismo que se ha visto acentuado por las primeras conclusiones que los investigadores expusieron sobre las formas de vida que supuestamente les eran propias.

A los grupos arcaicos se les han dado otras denominaciones, siempre haciendo énfasis en las carencias culturales o tecnológicas que se consideraron propias de ellos. De esta manera se acuñó el término de “precerámicos” al suponerles incapaces de lograr la tecnología necesaria para trabajar y cocer el barro. También se les conoce como “protoagrícolas” o “preagroalfareros”, incluyendo también entre sus carencias culturales la incapacidad para ni siquiera cultivar especies vegetales. Finalmente, algunos investigadores cubanos se han referido a ellos con la denominación de “comunidades aborígenes de bajos niveles productivos”, la cual, además de evidentemente larga, continúa indicando una considerable carencia cultural en este grupo humano, suponiéndoles incapaces de producir excedentes de alimentos si así hubiese sido su deseo.

En 1514, Diego Velázquez escribe al rey Fernando el Católico dándole noticia de los detalles de sus avances en el reconocimiento y la conquista de la isla de Cuba; durante el transcurso de esta relación expone lo siguiente:

Vinieron allí los que envie al Habana y dijeron haber llegado a esa provinvia el vergantín i que con él podrían visitar dos provincias que eran al cabo de la isla a la banda del poniente, la de Guaniguanico i los Guahatabibes, estas ultimas que son las postreras son a manera de salvajes: no tienen casa, asientos ni pueblos ni labranzas i no comen sino tortugas, pescados i algunas salvajinas que toman por los montes (León, 2018).

Este concepto del arcaico como grupo aborigen en extremo atrasado culturalmente hablando, tiene una sólida base en las descripciones realizadas por los cronistas españoles a finales del siglo XV y principios del XVI que utilizan informaciones vertidas en cartas y relaciones como la citada anteriormente, para extraer conclusiones que luego vierten en sus escritos.

Fray Bartolomé de las Casas, en el “Memorial Sobre el Remedio de Las Indias” que envía al Cardenal Cisneros, hace mención de dos denominaciones que se aplicaban a diferentes indígenas de Cuba y que han sido utilizadas en la actualidad para referirse a los grupos arcaicos: Guanahatabeyes y Siboneyes:

Lo mismo se entienda para unos Indios al cabo de Cuba “los quales son como salvajes que en niguna cosa tratan con los de la isla, ni tienen casas, sino están en cuebas contino sino es quando salen a pescar: llamanse Guanahatabeyes. Otros hay que se llaman Cibuneyes que son los Indios de la misma isla tienen por sirvientes, y casi son así todos los de los otros Jardines.” Todos estos llevanse y dominanse “en qualquier momento”. (Marte, 1981, p. 198).

 

Individuos arcaicos frente a su cueva.

Bernal Díaz Del Castillo, también se hace eco de la existencia de los Guanahatabeyes cuando en su libro “Historia de la Verdadera Conquista de la Nueva España”, nos dice los siguiente:

En ocho días del mes de febrero del año de mil y quinientos diez y siete, salimos de La Habana, del puerto de Axaruco, que es en la banda del norte, y en doce días doblamos la punta de Santo Antón, que por otro nombre en la isla de Cuba se llama Tierra de los Guanahataveyes, que son unos indios como salvajes. (Díaz del Castillo, 1939 p. 54).

Procesos de recoleccion y marisqueo.

Bartolomé de las Casas también hace referencia a los Siboneyes en su “Historia de Indias”, cuando en el capítulo XXI del Libro III escribe lo siguiente:

… la más antigua y natural (gente) de aquella isla (Cuba) era como la los yucayos, de quien hablamos en el I y II libros, ser como los Seres, que parecía no haber pecado nuestro padre Adán con ellos; gente simplicísima, bonísima, careciente de todos vicios y beatísima, si solmente cognoscimiento de Dios tuviera. Esta era la natural y nativa de aquella isla, y llamábanse en su lengua siboneyes, la penúltima sílaba luenga; los désta, por grado o por fuerza, se apoderaron de aquella isla y gente della y los tenían como sirvientes suyos… (De Las Casas, 1985, p. 507).

El término Ciboney fue utilizado por Harrington para designar a los primeros habitantes de Cuba en 1921, cuando propone referirse a estos con el nombre Siboney o Ciboney que hasta ese momento servía para designar a todas las culturas prehispánicas de la isla (Harrington, 1921, p. 384). Por otra parte, el término arcaico, utilizado para referirse a uno de los grupos humanos más antiguos que poblaron las Antillas, se deriva del establecimiento de los periodos en que Irving Rouse dividió la ocupación humana en las islas del Caribe: Lítica, arcaica, cerámica e histórica (Rouse, 1972).

En La Española también tenemos noticias de los cronistas sobre la existencia de grupos indígenas similares a los Siboneyes y Guanahatabeyes cubanos, aunque carecemos de información sobre que denominación se les daba. El dato nos lo ofrece Pedro Mártir de Anglería en sus “Décadas del Nuevo Mundo”:

En la región de Guaccaiarima, que es la ultima hacia el occidente y dentro del pequeño territorio de Zauana, se dice que habitan unos hombres que, contentándose con cavernas y frutas silvestres, nunca se han amansado ni venido al trato con ningún mortal, sino que viven vagabundos, sin sembrados ni agricultura, según se lee de la edad de oro. Se asegura que carecen de lenguaje determinado. Alguna que otra vez se los ve, pero nunca se han logrado apresar a ninguno, porque si al llegar a la presencia humana se dan cuenta de que se mueve hacia ellos, escapan con la velocidad del ciervo. Son, se dice, más rápidos que galgos. (Martir de Anglería, 1979, p. 366).

También el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo hace referencia a la presencia de estos grupos indígenas caracterizados por la vida “salvage” que llevaban en las agrestes montañas de la sierra de Bahoruco:

Despues de lo qual, se hizo la guerra á los indios de la Guahava é de la Savana é de Amigayahua é de la provingia de Guacayarima, la qual era de gente muy salvage. Estos vivían en cavernas ó espeluncas soterrañas é fechas en las peñas é mon tes : no sembraban, ni labraban la tierra para cosa alguna, é con solamente las fructas é hiervas é rayges que la natura de su proprio é natural ofigio producía, se mantenían y eran contentos, sin sentir nesgessidad por otros manjares, ni pen saban en edificar otras casas, ni aver otras habitagiones mas de aquellas cuevas, donde se acogían. Todo quanlo tenían , eso que era d e cualquier género que fuesse, era común y d e todos, exgepto las mugeres, que estas eran distintas, é cada uno tenia consigo las que quería; é por cualquiera voluntad del hombre ó d e la muger se apartaban , é se congedian á otro hombre, sin que por eso oviese gelos ni rengillas. Aquesta gente fué la mas sal vaje que hasta agora se ha visto en las Indias. (Fernández de Oviedo, 1992, Tomo CXVII, pag. 83).

Las primeras investigaciones puramente arqueológicas que evidenciaron la presencia de grupos humanos arcaicos en La Española, de características supuestamente similares a las que relatan Pedro Mártir de Anglería y Gonzalo Fernández de Oviedo, se deben a Herbert Krieger, quien excavó la cueva de la Línea del Ferrocarril, conocida también como cueva del Templo, situada en el hoy día denominado Parque Nacional Los Haitises, en la bahía de San Lorenzo, situada a su vez dentro de la gran bahía de Samaná. Krieger identificó un estrato arqueológico muy antiguo ocupado por los que denominó “comedores de conchas” (conch eaters) (Krieger, 1929, p. 6) que corresponden a lo que más tarde fue denominado como cultura arcaica. Dado que en aquellos años aún no existía el método de datación absoluta mediante Carbono 14, no fue posible obtener una fecha para el estrato más profundo de la cueva. Sin embargo, muchos años después, en 1973, los arqueólogos del Museo del Hombre Dominicano volvieron a excavar el lugar, datando el estrato de los comedores de conchas en una fecha más moderna de lo que, en un principio, sería asumible admitir, 785 d.C, (Veloz, 1976, p. 88); en este caso, la denominación que se dio a este grupo fue la de “precerámico”.

Conchero “precerámico” de la cueva de la Línea del Ferrocarril.

Después de lo expuesto en este capítulo, podemos concluir que, al menos en dos de las Antillas Mayores, Cuba y La Española, pervivieron hasta el periodo de la conquista y colonización española grupos indígenas con formas de vida muy alejadas de las que caracterizaban a los agricultores avanzados que conocemos con el nombre de tainos. Las características sobre sus costumbres que los diferentes cronistas nos indican, podemos resumirlas de la siguiente manera:

• Consideran su forma de vida “salvaje” en contraposición con la de los tainos.

• Se mantienen aislados de los taínos en la medida que les resulta posible.

• En la isla de Cuba, asumen ponerse al servicio de otro grupo cultural indígena más desarrollado tecnológicamente.

• En la isla de Santo Domingo, rechazan el dominio español y luchan contra sus tropas en las montañas donde habitan.

• Se mueven con mucha agilidad en el medio montañoso. • Carecen de viviendas construidas en madera u otro material.

• Utilizan las cuevas como morada.

• La propiedad de las herramientas y los medios de subsistencia es de la comunidad.

• Algunos son polígamos.

• Otros se unen en parejas y no comparten las esposas.

• Admiten la separación de las parejas por voluntad de cualquiera de los integrantes.

• Carecen de agricultura.

• Recolectan frutos silvestres y raíces.

• Cazan en los bosques.

• Comen tortugas.

• Son pescadores.

Ante esta situación, se nos plantea la incógnita de si es posible deducir que estos grupos humanos calificados como “salvajes” por los españoles, son descendientes directos de los que la arqueología ha documentado viviendo en las Antillas Mayores varios milenios antes que ellos. ¿Podemos asumir que las costumbres descritas para estas personas son extrapolables a las que tuvieron los grupos que en la actualidad denominamos arcaicos?…

Por el momento, y al nivel en que se encuentran las investigaciones arqueológicas en las Antillas, responder a esta pregunta es en extremo difícil. Sin embargo, los estudios que tienen como base el análisis del ADN antiguo de los indígenas antillanos, tal vez puedan en algún momento arrojar luz sobre esta cuestión. Si se pudieran localizar algunos restos óseos de individuos pertenecientes a los grupos Guanahatabeyes, Siboneyes o a los considerados “salvajes” de La Española, y comparásemos su ADN con el que ya se ha extraído e identificado de individuos arcaicos que vivieron miles de años antes que ellos, al menos podríamos saber si se trata o no de la misma gente.

Igualmente, con estudios pormenorizados de las herramientas, los restos de alimentación y en general de las formas de vida de estos grupos arcaicos que ya se han localizado y se están analizando minuciosamente con técnicas científicas modernas, podríamos también comprobar si hay una identidad clara en las costumbres de los arcaicos y los indígenas que sobrevivieron hasta el contacto con los españoles.

Diorama del Museo del Hombre Dominicano representando arcaicos cazando un manatí.A lo largo de este trabajo, trataremos de establecer la situación actual del estudio de los grupos arcaicos, aportando, además, la información que estamos obteniendo en las excavaciones arqueológicas que realizamos en la República Dominicana y los resultados de los estudios de ADN antiguo que está llevando a cabo la Universidad de Harvard, sobre los restos humanos que hemos exhumado recientemente. Igualmente, se analizarán todos los estudios de ADN antiguo que se han publicado durante los últimos años en relación con restos humanos de individuos pertenecientes a grupos arcaicos.

Los Arcaicos

En relación al origen de los grupos humanos que conocemos como arcaicos antillanos, se ha considerado tradicionalmente que tienen su origen en las costas venezolanas y colombianas de América del Sur, aunque había dudas sobre la posible procedencia de otros grupos migrantes desde Centroamérica o incluso desde la península de Yucatán. También existen teorías que les hacen provenir, al menos en parte, de Norteamérica (Cruxent y Rouse, 1971, p. 157), (Naegüele, 2020), desde donde llegarían a las Antillas Mayores directamente. Sin embargo, las recientes conclusiones de la investigación que ha realizado el Departamento de Genética de la Escuela Médica de la Universidad de Harvard, sobre los restos humanos exhumados por Guahayona Institute en la Cueva Funeraria de Daniel y el Abrigo de Daniel, situados en el Monumento Natural Cabo Samaná, en la República Dominicana, indican que estos individuos, fechados a mediados del cuarto milenio antes de Cristo, parecen tener una filiación consistente con un origen en la región ístmo-colombiana1. A su vez, están emparentados con los restos de algunos grupos de arcaicos líticos excavados en Cuba, lo que demuestra que por el momento, la migración más antigua detectada en las Antillas procede de la costa caribeña situada en la zona norte de Centroamérica.

1 Comunicación personal de Kendra Sirak (Department of Human Evolutionary Biology, Harvard University, Cambridge, MA, USA) en febrero de 2024, sobre la investigación de ADN antiguo de los restos humanos exhumados por Guahayona Institute en la Cueva Funeraria de Daniel y en el Abrigo de Daniel en Samaná, República Dominicana, que se encuentra actualmente en proceso de publicación.

El hecho de que los individuos de Samaná, a los que se han denominado Samaneses de tradición Casimiroide puedan proceder de la región ístmo-colombiana no elimina en modo alguno que otros grupos, especialmente los que se consideran Ortoroides, provengan de la zona venezolana o colombiana. En los albores del periodo geológico denominado Holoceno que comienza aproximadamente hacia el año 10000 antes de Cristo, se constata la presencia de bandas de cazadores y recolectores la actual Colombia, concretamente en la Sabana de Bogotá, con fechas de 12400 +/- 160 BP en el sitio arqueológico conocido como Abra y hacia el 11740 +/-110 A.P. en el sitio arqueológico denominado Tibitó (Aceituno, 2010, p. 22). El sitio colombiano más antiguo conocido, se encuentra en los abrigos de Cerro Azul, Limoncillos y Cerro Montoya, con fechados entre el 12600 y 11800 cal. B P (Morocote-Ríos et al., 2021, p. 5). Las fechas son más tardías en los yacimientos de la región andina de Colombia, donde las dataciones obtenidas se encuadran entre el décimo primer milenio y el décimo milenio A.P. (Aceituno, 2010, p. 24). Otro de los sitios arqueológicos fundamentales para entender la llegada de los seres humanos a Suramérica es Taima Taima, situada en la región venezolana de Coro, en plena costa caribeña; en este yacimiento se han obtenido fechas de entre el 13400 y 12600 BP (Oliver y Alexander, 2003, p. 84). En el Bajo Amazonas brasileño, en el estado de Para, en el sitio de la Caverna de Piedra Pintada, tenemos fechas calibradas de 11350 a 9050 a.C. (Morocote-Ríos et al., 2021, p. 5).

Esta es la que por el momento se considera la oleada humana más antigua que ocupa Suramérica. Los primeros habitantes suramericanos utilizan herramientas de piedra, generalmente unifaciales, aunque en ocasiones también han aparecido piezas bifaciales. Se les considera cazadores y recolectores, pero no se descarta que tuviesen algún tipo de dominio del cultivo de algunos vegetales. Estos grupos, varios miles de años después de haber colonizado el continente, siempre según el estado actual de las investigaciones, viajan hacia las Antillas surcando el mar Caribe en sus embarcaciones. Unos, los que saltan desde el norte de Centroamérica, colonizan las islas de Cuba, La Española y posiblemente Puerto Rico, y, otros, evidentemente partiendo desde la costa de la actual Venezuela, ocupan la isla de Trinidad que se piensa que en aquellos tiempos aun permanecía prácticamente unida con el continente; es posible (aún no hay confirmación clara de esta circunstancia) que desde allí y también directamente desde las costas venezolanas y tal vez también de las colombianas, parten navegando en sus canoas hacia el resto de las islas del arco antillano y que estén presentes principalmente, al igual que los Casimiroides, en las Antillas Mayores. El sitio más antiguo donde se ha excavado un establecimiento arcaico en las Antillas es Banwari Trace, en Trinidad, fechado por Carbono 14 hacia el 5500 a.C. (Veloz, 1976, p. 17); estos grupos se conocen como Ortoroides o Banwaroides. Los nombres se les dan en atención al primer sitio arqueológico donde se les identifica en Trinidad, Ortoire, o el que presenta mayor antigüedad, Banwari Trace.

Las fechas más antiguas que atestiguan la presencia de arcaicos en Cuba se obtuvieron en el sitio de Canimar Abajo, provincia de Matanzas, con fechas calibradas de 3251-2850 a.C. (Ulloa, 2014, p. 67).

En Puerto Rico, la fecha calibrada más antigua de la presencia arcaica se obtuvo en la Cueva del Abono, con fechas de 4330 – 4060 cal. a.C (Rodríguez, 2023) y en el sitio arqueológico de Angostura, datado en 3614 – 3494 cal. a.C. (Hofman y Antczak, 2019, p. 326).

Localización de los grupos arcaicos en las costas de Venezuela y las islas adyacentes.

En La Española, las dataciones más antiguas calibradas que tenemos, se han obtenido en la República Dominicana en la provincia de Samaná, en la Cueva Funeraria de Daniel2, donde marcan la posible presencia humana en el 8801-8052 cal. a.C. en base al hallazgo de de conchas de burgao (Cittarium pica) perforadas y rotas, de las que cinco de ellas han sido fechadas ofreciendo una antigüedad similar a esta en todos los casos, además de estar asociadas a probables herramientas de piedra de factura muy rústica y fauna del Holoceno, en lo que se asimila a un piso de frecuentación. En el Abrigo de Dana3, con fechas de 3513- 3423 cal. a.C se ha constatado la presencia de pisos de uso, fogones y restos de una vivienda, y en el Abrigo de Daniel, con una antigüedad de 3340-3355 cal. a.C. (López, Gávez y Shelley, 2023, p. 92) se ha localizado un cementerio y un piso de uso, ambos de esta época. Hasta que se realizaron los hallazgos en el Cabo Samaná, la fecha más antigua de República Dominicana se había obtenido en Barrera-Mordán en la provincia de Azua: 2610 +/- 80 a.C. (Veloz y Ortega, 1973, p. 3) cuya calibración, realizada recientemente, ofrece una fecha de 3521-3019 cal. a.C. (Hofman y Antczak, 2019, p. 324). En Haití contamos con la fecha de Vignier III, con fechas calibradas de 4603-4316 cal.a.C. (Hofman y Antczak, 2019, p.324), (Moore, 2010, p. 44).

Conchero arcaico de Cabo Coq en Isle Vache, Haiti.
2 Informe bajo la responsabilidad de Adolfo José López Belando, director de las excavaciones arqueológicas en la Cueva Funeraria de Daniel. Los datos de la excavación pueden con- sultarse en el informe de las excavciones publicado en el presente número 14 de la revista Sociales correspondiente a 2024.
3 Comunicación personal de Adolfo José López Belando y Daniel Shelley, 2023. Informe de las excavaciones en proceso de publicación en la revista Sociales nº 15 de la Academia de Ciencias de la República Dominicana.

Como podemos observar, los primeros pobladores de La Española llegaron a la isla miles de años antes de que se pudiese hablar de la cultura taína, concretamente hace alrededor de diez mil años, aunque como todavía se ha excavado muy poco y contamos con solo un puñado de dataciones absolutas, es probable que en un futuro cercano las fechas de la llegada de los arcaicos a las Antillas se retrase aún más en el tiempo. Sin embargo, pese a los milenios que estas personas vivieron en la isla, aún es muy poco lo que sabemos de ellos.

Los primeros libros que se dedicaron a tratar de esclarecer los modos de vida de los grupos arcaicos en la República Dominicana, su distribución, su origen y en definitiva, su historia, se los debemos a autores dominicanos como fueron Marcio Veloz y Elpidio Ortega, junto con Fernando Morbán, Fernando Luna, Renato Rímoli, Joaquín Nadal, José Guerrero y Manuel García Arévalo. Con pocos medios y sistemas de trabajo que hoy ya se consideran en buena parte obsoletos, nuestros investigadores pioneros lograron obtener abundante información y algunos datos de gran interés acerca de los primeros habitantes de La Española.

Publicaciones dominicanas sobre los arcaicos.

Tradicionalmente, se consideraba a los primeros grupos arcaicos que aparecieron en La Española, como bandas nómadas de individuos cazadores y pescadores, además de recolectores de mariscos, frutos y plantas comestibles. Se pensaba que desconocían por completo la agricultura y la cerámica (Veloz, 1980a, p. 15). En definitiva, la creencia generalizada era que los arcaicos mantenían un nivel social sumamente primario. Se les veía como personas que ni siquiera eran capaces de fabricar grandes canoas; los investigadores apuntaban a que llegaron a las islas desde el continente en rústicas almadias (Cruxent y Rouse, 1971, p. 157), recalando probablemente en islotes que constituyeron puentes entre el continente y las Antillas (Raggi, 1972, p.153), hoy desaparecidos por la subida del mar que se dio durante el periodo Holoceno. Sin embargo, este paradigma ya ha cambiado sensiblemente a la luz de las nuevas investigaciones, basadas principalmente en los estudios que los avances de la ciencias auxiliares de la arqueología nos permiten realizar hoy en día.

Los nuevos hallazgos que estamos realizando en la isla de Santo Domingo nos obligan a modificar estos conceptos asentados sobre los colonizadores arcaicos. En primer lugar, los grupos arcaicos o al menos parte de ellos, sí conocieron el arte de fabricar cerámica y muy probablemente contaban con conocimientos agrícolas (López et al., 2022). Tampoco eran bandas nómadas, pues ya se ha constatado que vivieron en poblados estables, y además, tuvieron un desarrollo social muy cercano al que trajeron los colonizadores ceramistas avanzados tres mil años después. En el año 2004, en las excavaciones arqueológicas que realizamos en La Punta de Bayahibe, en La Altagracia, localizamos los restos de un asentamiento con fecha calibrada de Carbono-14 de 1730 – 1380 cal. a.C. (López et al., 2022, p. 314). Durante las excavaciones realizadas, además de abundantes fragmentos de cerámica e incluso parte de un burén, se encontraron los restos de un bohío, una de las más antiguas viviendas que han aparecido en las Antillas, donde se conservaban los huecos de los postes excavados en la roca y el piso de la cabaña en el que dejaron su pertenencias abandonadas, tal vez obligados a salir de allí precipitadamente debido a un maremoto producido por un terremoto o un huracán.

Cerámica arcaica y burén de La Punta de Bayahibe.

Mediante los datos que obtuvimos fruto de este trabajo, pudimos concluir que los arcaicos de Bayahibe vivían asentados a la orilla del mar durante el segundo milenio antes de Cristo; se alimentaron de tubérculos de guáyiga procesados, además de frutos silvestres de tuna (Opuntia sp.) y de Pereskya quisqueyana, junto con batatas (Ipomoea batatas) y otros vegetales. La aparición de un burén y lo dilatado de su presencia en el sitio durante siglos, nos indican que probablemente ya tenían algún tipo de agricultura, aun cuando fuese relativamente primaria. Comprobamos que recolectaban burgaos (Cittarium pica), lambís (Lovatus gigas.) y otros moluscos (Strombus costatus y Strombus pugilis); pescaban todo tipo de peces y cazaban hutías (Plagiodonta aedium) y algunas aves. Sus herramientas eran de concha fundamentalmente, además de usar piedra y coral y en muy poca proporción lascas de sílex de pequeño tamaño. Los intervalos de las dataciones de Carbono-14 que obtuvimos nos indican que permanecieron en el lugar durante muchos siglos, eran sedentarios y aprovecharon sabiamente su ecosistema para sobrevivir. De esta manera, ya se pudo apuntar que al menos una parte de los grupos arcaicos debían verse más como grupos de personas asentadas en poblados que como bandas nómadas, además de que muy probablemente contaban con algún tipo de agricultura y con el conocimiento de la fabricación de la cerámica ya a finales del segundo milenio antes de Cristo.

Los últimos resultados de los trabajos arqueológicos realizados en el Abrigo de Dana en Samaná, citado anteriormente, confirman estos datos rotundamente, al haberse localizado en el sitio la planta de una cabaña que tiene 7 metros de largo x 4.7 metros de ancho, donde se realizaron varios hogares para cocinar alimentos, fechada hacia mediados del cuarto milenio antes de Cristo4. En las herramientas de piedra de este estrato tan antiguo se han recuperado almidones de plantas cultivables, especialmente de maíz (Zea mays) y de batata (Ipomoea sp.)5, lo cual indica la presencia de agricultura y el muy probable origen de esta planta en la zona centroamericana, traída a las Antillas por los Samaneses de tradición Casimiroide.

4 Informe de la excavación de Adolfo José López Belando y Daniel Shelley en el Abrigo de Dana, actualmente en proceso de publicación en el número 15 de la revista Sociales editada por la Academia de Ciencias de la República Dominicana.
5 Informe del estudio de almidones de Yadira Chinique de Armas, de la Universidad de Win- nipeg, sobre los materiales procedentes de la excavación de Adolfo José López Belando y Daniel Shelley en el Abrigo de Dana, actualmente en proceso de publicación.

Sitios arcaicos documentados en la República Dominicana

Seguidamente presentamos una recopilación de todos los sitios arcaicos que se han reportado en la República Dominicana en algún tipo de publicación. Existen muchos más de los que se tiene noticia, pero falta la identificación de los mismos. Hemos situado cada sitio en un mapa físico de la República Dominicana, indicando su posible adscripción a cada grupo cultural en base a los diferentes tipos de arcaicos que se han definido por el momento (Veloz y Ortega, 1973, p. 11) y que son:

• Banwaroides (Veloz, 1993) u Ortoroides (el mismo grupo es denominado de ambas formas por distintos autores).

• Casimiroides, Mordanoides o Barreroides (el mismo grupo es denominado así indistintamente por distintos autores).

• Manicuaroides (Veloz y Ortega, 1973, p. 12).

• Samaneses de tradicón Casimiroide, grupo arcaico aún en fase de estudio, cuya presencia se ha detectado en la península de Samaná (López et al., 2022). Este grupo mantiene características culturales propias, ya que cuentan con herramientas, viviendas y sistemas de enterramiento particulares, pero tanto su antigüe- dad como el uso de herramientas líticas, de alguna manera los conectan con la población Casimiroide.

• Cultura mixta entre Casimiroides y Ortoroides.

La clasificación de los sitios indicados es provisional y tentativa, pues en buena parte de los casos falta información suficiente como para poder afirmar categóricamente el origen de estos grupos. Las fotografías de los materiales son escasas y de baja calidad, y los detalles de las excavaciones generalmente muy parcos, por lo que es complicado asegurar la adscripción de los sitios a uno u otro tipo. En general, hemos considerado Casimiroides a los grupos que cuentan con grandes herramientas de sílex y poca incidencia de la industria de concha (Veloz y Ortega, 1973, p. 2) Banwaroides a los grupos con industria de piedra alisada, con hacha mariposoide y majadores cónicos (Veloz, 1973, p. 45). Manicuaroides a los grupos con nula industria de sílex o con lascas de pequeño tamaño y abundante industria de concha, especialmente gubia (Veloz, 1973, p. 41). Samaneses de tradición Casimiroide a los que tienen industria lítica de piedra caliza y mármol y escasas herramientas de concha (López et al. 2022). El grupo mixto Casimiroide-Banwaroide cuenta con grandes herramientas de sílex, hachas mariposoides y majadores cónicos.

En base a esta diferenciación elemental, se observa claramente en el mapa que hemos preparado, un patrón determinado de distribución de los diferentes grupos arcaicos. Sin embargo, aún queda una cuestión que se debe solucionar, pues en los lugares donde se asientan los Casimiroides hay una extrema abundancia de sílex, mientras que donde no existe ese material, este tipo de herramientas son sumamente escasas. Por este motivo, nos preguntamos si es realmente adecuado diferenciar estos grupos por el tipo de herramientas que utilizan, ya que muy probablemente la diferencia entre unos y otros se deba exclusivamente a que cada grupo utiliza el material con el que cuenta en el entorno donde se desarrolla su vida.

Herramientas Manicuaroides de La Punta de Bayahibe.
Puntas de proyectiles Casimiroides del sitio arqueológico de Vallejuelo.
Herramientas Banwaroides: Mortero, hacha mariposoide y esferolito del Abrigo de Dana.

Sitios arcaicos numerados para su identificación en el mapa adjunto

Sitios arcaicos Casimiroides. Punto de color negro en el mapa.

Denominación: Barrera Mordán

Número en el mapa: 7

Localización: Mordán, Azua.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: 2490 +/- 170 a.C.; 2190 +/- 130 a.C.; 2610 +/- 80 a.C.; 2165 +/- 95 a.C. y 2490 +/- 170 a.C.

Referencias bibliográficas: Cruxent y Rouse, 1971, p. 155. / Veloz, 1972, p. 111, 166 y 292. / Veloz y Ortega, 1973, p. 2. / Hatt, 1978, p. 228 / Mañón, 1978, p. 57 / Veloz, 1980 a, p. 36. / Veloz, 1991. / Veloz, 1993, p. 41. / Ortega, 2005, p. 198.

 

Denominación: Rancho Casimira

Número en el mapa: 8

Localización: Mordán, Azua.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente Datación: Indeterminada

Referencias bibliográficas: Cruxent y Rouse, 1971, p. 155. / Veloz, 1972, p. 295. / Veloz, 1973, p. 19 / Mañón, 1978, p. 57. / Ortega, 2005, p. 207.

 

Denominación: Rancho Alejandrina

Número en el mapa: 9

Localización: Mordán, Azua.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencias bibliográficas: Veloz, 1972, p. 74 / Veloz, 1973, p. 19 / Ortega, 2005, p. 212.

 

Denominación: Dorita

Número en el mapa: 10

Localización: Mordán, Azua.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencias bibliográficas: Veloz, 1973, p. 19 / Ortega, 2005, p. 215.

 

Denominación: Cabeza de Zanja

Número en el mapa: 11

Localización: Mordán, Azua.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencia bibliográfica: Ortega, 2005, p. 217.

 

Denominación: Trocha de Oscar

Número en el mapa: 12

Localización: Mordán, Azua.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencia bibliográfica: Ortega, 2005, p. 220.

 

Denominación: El Carril de Matías

Número en el mapa: 13

Localización: Mordán, Azua.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencias bibliográficas: Veloz, 1973, p. 19 / Ortega, 2005, p. 223.

 

Denominación: Cascajales

Número en el mapa: 14

Localización: Mordán, Azua.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencia bibliográfica: Ortega, 2005, p. 225.

 

Denominación: Cañada de Vaca

Número en el mapa: 15

Localización: Mordán, Azua.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencia bibliográfica: Ortega, 2005, p. 227.

 

Denominación: El Curro

Número en el mapa: 16

Localización: Puerto Alejandro, Barahona.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: 1450 +/- 95 a.C.

Referencias bibliográficas: Ortega y Guerrero, 1981, p. 37. / Veloz, 1980 a, p. 43. / Ortega, 2005, p. 286.

 

Denominación: Las Salinas

Número en el mapa: 17

Localización: Puerto Alejandro, Barahona.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: 2480 +/- 95 a.C.

Referencias bibliográficas: Ortega y Guerrero, 1981, p. 105. / Veloz, 1980 a, p. 43. / Veloz, 1991. / Ortega, 2005, p. 301.

 

Denominación: Río Pedernales

Número en el mapa: 19

Localización: Pedernales.

Materiales: Herramientas de sílex, piedra alisada y concha. Cerámica: Ausente Datación: 640 a. C.

Referencias bibliográficas: Veloz et al. 1979, p. 13. / Veloz, 1980 a, p. 43. / D.N.P., 1986, p. 61. / Veloz, 1991. / Veloz, 1993, p. 41. / Ortega, 2005, p. 421.

 

Denominación: Cueva Roja

Número en el mapa: 20

Localización: Pedernales.

Materiales: Herramientas de sílex, piedra alisada y concha. Cerámica: Ausente Datación: Indeterminada

Referencias bibliográficas: Veloz et al. 1979, p. 14. / Veloz, 1980 a, p. 92. / Ortega y Guerrero, 1981, p. 14. / D.N.P., 1986, p. 62. / Veloz, 1993, p. 41. / Ortega, 2005, p. 426.

 

Denominación: La Jinagosa

Número en el mapa: 21

Localización: Pedernales.

Materiales: Herramientas de sílex, piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencias bibliográficas: Veloz et al. 1979, p. 15. / Ortega y Guerrero, 1981, p. 14. / D.N.P., 1986, p. 64. / Ortega, 2005, p. 431.

 

Denominación: El Saladito

Número en el mapa: 22

Localización: Oviedo, Barahona.

Materiales: Herramientas de sílex, piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencias bibliográficas: D.N.P., 1986, p. 61, 76 y 104. / Ortega, 2005, p. 448.

 

Denominación: Cañada de Palma

Número en el mapa: 27

Localización: Cañada de Palma, San Juan de La Maguana.

Materiales: Herramientas de sílex.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencias bibliográficas: Ortega y Guerrero, 1981, p. 197. / Ortega, 2023, p. 100.

 

Denominación: Vallejuelo km. 8

Número en el mapa: 28

Localización: Vallejuelo, San Juan de La Maguana.

Materiales: Herramientas de sílex.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 169.

 

Denominación: Chalona

Número en el mapa: 29

Localización: Chalona, San Juan de La Maguana.

Materiales: Herramientas de sílex.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 175.

 

Denominación: Rancho Copey

Número en el mapa: 30

Localización: San Juan de La Maguana.

Materiales: Herramientas de sílex.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 177.

 

Denominación: El Caney

Número en el mapa: 31

Localización: Vallejuelo, San Juan de La Maguana.

Materiales: Herramientas de sílex.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 179.

 

Denominación: La Noria

Número en el mapa: 41

Localización: Santiago de Los Caballeros.

Materiales: Herramientas de sílex y piedra alisada.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 336.

 

Denominación: Los Toros

Número en el mapa: 56

Localización: Azua.

Materiales: Herramientas de sílex.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega y Guerrero, 1981, p. 14 y 183.

 

Denominación: Capulín

Número en el mapa: 59

Localización: San Juan de La Maguana.

Materiales: Herramientas de sílex.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencias bibliográficas: Ortega y Guerrero, 1981, p. 221. / Veloz, 1991.

 

Denominación: Capa

Número en el mapa: 60

Localización: San Juan de La Maguana.

Materiales: Herramientas de sílex.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencias bibliográficas: Ortega y Guerrero, 1981, p. 221. / Veloz, 1991.

 

Sitios arcaicos Ortoroides. Punto de color amarillo en el mapa.

Denominación: Estero Hondo

Número en el mapa: 23

Localización: Estero Hondo, Puerto Plata.

Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente.

Datación: 620 +/-85 a.C.

Referencias bibliográficas: Ortega et al., 1973, p. 113 y 135. / Ulloa, 2014, p. 195. / Ortega, 2023, p. 44

 

Denominación: Madre Vieja

Número en el mapa: 24

Localización: Madre Vieja, Puerto Plata.

Materiales: Herramientas de piedra alisada.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 69

 

Denominación: Puente de Cumayasa (Km. 14 S. Pedro – La Romana)

Número en el mapa: 25

Localización: San Pedro de Macorís.

Materiales: Herramientas de piedra alisada.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 82

 

Denominación: Punta de Garza

Número en el mapa: 32

Localización: San Pedro de Macorís.

Materiales: Herramientas de piedra alisada.

Cerámica: Ausente.

Datación: 230 +/- 105 a.C.

Referencias bibliográficas: Veloz et al., 1977 a, p. 229. / Morbán, 1979, p. 86. / Ortega, 2023, p. 192.

 

Denominación: La Piedra

Número en el mapa: 33

Localización: El Soco, San Pedro de Macorís.

Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente.

Datación: 1675 +/- 85 a.C. y 1635 +/- 85 a.C. / Veloz, 1991.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 215.

 

Denominación: Madrigales

Número en el mapa: 37

Localización: Juan Dolio, San Pedro de Macorís.

Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente.

Datación: 2030 +/- 95 a.C.

Referencias bibliográficas: Ortega et al., 1973, p. 107. / Veloz, 1991. / Ortega, 2023, p. 263.

 

Denominación: Hoyo del Toro

Número en el mapa: 39

Localización: Hoyo del Toro, San Pedro de Macorís. Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha. Cerámica: Ausente.

Datación: 1940 +/- 100 a.C. y 590 +/- 85 a.C.

Referencias bibliográficas: Veloz, 1972, p. 87. / Veloz y Ortega, 1973, p. 3. / Veloz, 1980 a, p. 35. / Veloz, 1991. / Veloz, 1993, p.

45. / Ortega, 2023, p. 276.

 

Denominación: Jaiquí Picao

Número en el mapa: 40

Localización: Santiago de los Caballeros.

Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencias bibliográficas: Ortega, 1988, p. 18. / Ortega, 2023, p. 336.

 

Denominación: Manabao

Número en el mapa: 43

Localización: Manabao, La Vega.

Materiales: Herramientas de piedra alisada.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 397.

 

Denominación: El Añil

Número en el mapa: 44

Localización: La Vega.

Materiales: Herramientas de piedra alisada.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 404.

 

Denominación: Franco Bidó

Número en el mapa: 46

Localización: Jarabacoa, Constanza.

Materiales: Herramientas de piedra alisada.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Ortega, 2023, p. 443.

 

Denominación: Abrigo Playa Madama

Número en el mapa: 47

Localización: Monumento Natural Cabo Samaná, Las Galeras, Samaná.

Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: 845 +/- 140 a.C.

Referencia bibliográfica: Morbán, 1978. / Morbán, 1979, p. 43. / Morbán, 1982. / Ortega, 2023, p. 106.

 

Denominación: Abrigo del Frontón

Número en el mapa: 48

Localización: Monumento Natural Cabo Samaná, Las Galeras, Samaná.

Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: 42 a.C. – 166 d.C. cal. Sigma 2.

Referencias bibliográficas: Pagán y Jiménez, 1983, p. 65. / López y Burkhalter, 2021. / Ortega, 2023, p.100.

 

Denominación: Abrigo de Dana

Número en el mapa: 49

Localización: Monumento Natural Cabo Samaná, Las Galeras, Samaná.

Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: 1259 a.C. – 1050 a.C. cal. Sigma 2.

Referencia bibliográfica: López Belando, Daniel Shelley, comunicación personal.

 

Denominación: Cueva Funeraria de Daniel

Número en el mapa: 50

Localización: Monumento Natural Cabo Samaná, Las Galeras, Samaná.

Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: 2204 a.C. – 2027 a.C. cal. Sigma 2.

Referencia bibliográfica: López Belando et al., 2022

 

Denominación: Sanate

Número en el mapa: 54

Localización: Río Sanate, Higuey, La Altagracia.

Materiales: Herramientas de piedra alisada.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada.

Referencia bibliográfica: Veloz, 1972, p. 287. / Veloz y Ortega, 1973, p. 8.

Sitios Mixtos Casimiro-Ortoroides. Punto de color blanco en el mapa.

 

Denominación: Honduras del Oeste

Número en el mapa: 1

Localización: Santo Domingo, D.N.

Materiales: Herramientas de sílex y de piedra alisada.

Cerámica: Presente

Datación: 360 +/- 95 a.C.

Referencias bibliográficas: Veloz, 1972, p. 283. / Veloz y Ortega, 1973, p. 7. / Veloz, 1991. / Veloz, 1993, p. 49. / Ortega, 2005, p. 38.

 

Denominación: Cueva de Berna

Número en el mapa: 2

Localización: Parque Nacional Cotubanama, Boca de Yuma, La Altagracia.

Materiales: Herramientas de sílex y de piedra alisada. Cerámica: Presente

Datación: 1255 +/- 90 a.C.; 1890 +/- 180 a.C. y 1255 a.C.

Referencias bibliográficas: Morbán, 1976, p.18. / Veloz et al. 1977 b. / Veloz, 1991. / Veloz, 1993, p. 45. / López Belando, 2004, p.

104. / López Belando, 2018, p. 210. / Ortega, 2005, p. 38.

 

Denominación: Silla de Caballo

Número en el mapa: 18

Localización: Montecristi.

Materiales: Herramientas de sílex y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencias bibliográficas: Krieger, 1931, p.36. / Ortega, 2005, p. 418.

 

Denominación: El Porvenir

Número en el mapa: 35

Localización: Juan Dolio, San Pedro de Macorís. Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha. Cerámica: Ausente.

Datación: 1235 +/- 90 a.C.; 1030 +/- 95 a.C y 905 +/- 90 a.C.

Referencias bibliográficas: Veloz, 1972, p. 286. / Veloz y Ortega, 1973, p. 5. / Veloz, 1976, p. 88. / Veloz, 1980 a, p. 19 y 68. / Veloz,

1991. / Veloz, 1993, p. 45. / Ortega, 2023, p. 251.

 

Denominación: Batey Negro

Número en el mapa: 38

Localización: Cumayasa, San Pedro de Macorís.

Materiales: Herramientas de piedra alisada, sílex y concha.

Cerámica: Ausente.

Datación: 635 +/- 90 a.C. y 365 +/- 80 a.C.

Referencias bibliográficas: Veloz y Ortega, 1973, p. 4. / Veloz, 1980 a / Veloz, 1993, p. 49. / Ortega, 2023, p. 270.

 

Denominación: Tavera

Número en el mapa: 45

Localización: Presa de Tavera, La Vega.

Materiales: Herramientas de sílex y piedra alisada.

Cerámica: Ausente

Datación: 145 +/- 135 a.C. y 153 +/- 70 d.C.

Referencias bibliográficas: Ortega, 1971, p. 289. / Veloz, 1972, p.

279. / Veloz, 1993, p. 49. / Ortega, 2005, p. 424.

 

Sitios Manicuaroides. Punto azul en el mapa.

Denominación: Cueva del Agua

Número en el mapa: 3

Localización: Boca de Chavón, La Romana

Materiales: Industria de concha y piedra alisada.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencias bibliográficas: Jiménez Lambertus, 1982, p.85. / Veloz, 1991. / Ortega, 2005, p. 182.

 

Denominación: Cueva de Agapito y Pinano

Número en el mapa: 4

Localización: Boca de Chavón, La Romana

Materiales: Industria de concha y piedra alisada.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencias bibliográficas: Jiménez Lambertus, 1982, p.86. / Ortega, 2005, p. 182.

 

Denominación: Cueva del Pilón

Número en el mapa: 5

Localización: Parque Nacional Cotubanama, Los Peñones.

Materiales: Industria de concha y piedra alisada.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada

Referencia bibliográfica: López Belando, 2004, p. 138.

 

Denominación: La Punta de Bayahibe

Número en el mapa: 6

Localización: Bayahibe, La Altagracia.

Materiales: Industria de concha, lascas de sílex y piedra alisada.

Cerámica: Presente

Datación: 1420 – 1120 a.C.; 1620 – 1310 a.C.; 1600 – 1380 a.C.; 1490 – 1280 a.C.; 1730 – 1380 a.C y 1120 – 840 a.C.

Referencias bibliográficas: López y Atiles, 2006. / López y Atiles, 2022.

 

Denominación: Cueva de Los Róbalos

Número en el mapa: 26

Localización: Los Róbalos, Samaná.

Materiales: Industria de concha y piedra alisada.

Cerámica: Ausente

Datación: Indeterminada.

Referencias bibliográficas: Boyrie Moya, 1960, p. 70. / Veloz, 1972, p. 162. / Pagán y Jiménez, 1983, p. 42. / Ortega, 2023, p. 86.

 

Denominación: El Caimito

Número en el mapa: 55

Localización: Juan Dolio, San Pedro de Macorís.

Materiales: Industria de concha, sílex y piedra alisada.

Cerámica: Presente

Datación: 180 +/- 85 a.C.; 15 +/- 90 a.C.; 85 +/- 85 d.C.; 120 +/- 85 d.C.

Referencias bibliográficas: Veloz y Ortega, 1973, p. 9. / Veloz et al.,

1974. / Veloz, 1976 b, p.75 / Veloz, 1980 a, p. 88. / Veloz, 1993, p. 49.

 

Denominación: Sabaneta de Juan Dolio

Número en el mapa: 34

Localización: Juan Dolio, San Pedro de Macorís.

Materiales: Industria de concha y piedra alisada.

Cerámica: Ausente

Datación: 245 +/- 90 a.C.

Referencias bibliográficas: Veloz y Ortega, 1973, p. 8. / Ortega, 2023, p. 244

 

Denominación: La Isleta

Número en el mapa: 36

Localización: San Pedro de Macorís.

Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente.

Datación: Indeterminada.

Referencias bibliográficas: Ortega et al., 1973, p. 111. / Veloz, 1976, p. 127. / Veloz, 1980 a, p. 68. / Veloz, 1991. / Ortega, 2023, p. 244

 

Denominación: Cueva del Templo o de La línea del Ferrocarril

Número en el mapa: 42

Localización: Parque Nacional Los Haitises, Hato Mayor.

Materiales: Herramientas de piedra alisada y concha.

Cerámica: Ausente.

Datación: 785 d.C.

Referencias bibliográficas: Krieger, 1929. / Veloz, 1976, p. 87 / Veloz, 1991. / López Belando, 2018, p. 122. / Ortega, 2023, p. 359.

 

Denominación: Musiepedro

Número en el mapa: 57

Localización: San Rafael de Yuma, La Altagracia.

Materiales: Industria de concha, sílex y piedra alisada.

Cerámica: Presente Datación: 305 +/- 80 a.C.

Referencias bibliográficas: Veloz et al., 1976 a, p. 285. / Veloz et al., 1976 b, p. 77. / Veloz, 1980 a, p. 90. / Veloz, 1993, p. 49. / Ortega, 2023, p. 92.

 

Denominación: Maimón

Número en el mapa: 58

Localización: Nisibón, La Altagracia

Materiales: Industria de concha y piedra alisada.

Cerámica: Ausente

Datación: 2400 a.C.

Referencia bibliográfica: Veloz, 1991.

 

Denominación: Coral Costa Caribe

Número en el mapa: 61

Localización: Juan Dolio, San Pedro de Macorís.

Materiales: Industria de concha y piedra alisada.

Cerámica: Ausente

Datación: 2240 +/- 70 a.C.

Referencias bibliográficas: Ortega, 2002

Sitios Samaneses de tradición Casimiroide. Punto de color rojo en el mapa

 

Denominación: Abrigo de Dana

Número en el mapa: 51

Localización: Monumento Natural Cabo Samaná, Las Galeras, Samaná.

Materiales: Herramientas de piedra tallada, alisada y concha. Cerámica: Ausente

Datación: 3340 a.C. – 3030 a.C. cal. Sigma 2; 3541 a.C. – 3474 a.C. cal. Sigma 2; 3435 a.C. – 3390 a.C. cal. Sigma 2; 3264 a.C. – 3115 a.C. cal. Sigma 2; 3303 a.C. – 3182 a.C. cal. Sigma 2 y 3303 a.C. – 3178 a.C. cal. Sigma 2.

Referencia bibliográfica: López Belando, Daniel Shelley, comunicación personal.

 

Denominación: Abrigo de Daniel

Número en el mapa: 49

Localización: Monumento Natural Cabo Samaná, Las Galeras, Samaná.

Materiales: Herramientas de piedra tallada, alisada y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: 3435 a.C. – 3390 a.C. cal. Sigma 2; 3198 a.C. – 3058 a.C. cal. Sigma 2; 3263 a.C. – 3110 a.C. cal. Sigma 2 y 3303 a.C. – 3182 a.C. cal. Sigma 2.

Referencia bibliográfica: López Belando et al., 2022. / López Belando et al., 2023.

 

Denominación: Cueva Funeraria de Daniel

Número en el mapa: 53

Localización: Monumento Natural Cabo Samaná, Las Galeras, Samaná.

Materiales: Herramientas de piedra tallada, alisada y concha.

Cerámica: Ausente

Datación: 3531 a.C. – 3443 a.C. cal. Sigma 2.

Referencia bibliográfica: López Belando et al., 2022

 

Observando en el mapa la distribución de los sitios arcaicos que hasta el momento cuentan con un reporte y una, aunque sea mínima, descripción de los materiales que se encuentran en ellos, se llega a algunas conclusiones interesantes:

• Los grupos Casimiroides se concentran casi en su totalidad, en la zona suroeste de la República Dominicana, la Sierra de Bahoruco y el valle de San Juan de La Maguana. Esta circunstancia coincide con la abundancia de sílex en esta área geográfica, lo cual es preocupante si pretendemos diferenciar este grupo exclusivamente por el material con que fabrican sus herramientas, de otros grupos que habitan en lugares donde no hay sílex.

• Los grupos con herramientas que indican una tradición de tipo Ortoroide se concentran en la costa Sureste y parte de las cordi- lleras Central y Septentrional, pero en buena parte de los casos, también cuentan con algunas herramientas grandes de sílex; de hecho hay algunos que cuentan con tanto instrumental de sílex como de piedra alisada, por lo que los hemos encuadrado dentro de una categoría mixta.

• Los grupos Manicuaroides se concentran en la costa suroriental, oriental y nororiental de la isla, caracterizados por una marca- da industria de concha con algunas herramientas de sílex de pequeño tamaño.

• El grupo al que hemos denominado Samanes de tradición Casimiroide, se concentra exclusivamente en el Cabo Samaná, pero en el mismo lugar también se localizan asentamientos con herramientas Ortoroides justamente encima de los Samaneses, pero de época más moderna.

Hasta el momento, los grupos Samaneses de tradicón Casimiroide tienen una cronología algo más antigua que los Casimiroides puros (López et al. 2023, p. 92) y su instrumental lítico es completamente diferente de cualquier otro que se haya encontrado hasta ahora; se trata de lascas generalmente unifaciales de mármol o caliza local. Esta circunstancia, junto con las particularidades de su dieta y sus sistemas de enterramiento, nos hacen pensar en un nuevo grupo humano cuya procedencia tiene una relación directa con la de los Casimiroides.

 

Herramientas líticas samanoides del Abrigo de Daniel.

De esta manera, vemos, pues, que las poblaciones Casimiroides de la isla cuentan con marcadas diferencias, las cuales, en buena medida pueden deberse a su desarrollo evolutivo a través del tiempo y por supuesto a la adaptación a las condiciones geológicas, geomorfológicas y ambientales de los espacios donde se asentaron los diferentes grupos. Es evidente que si en lugar había sílex utilizarían este material al ser el que mejores filos genera cuando se rompe y a la facilidad de su talla; si había mucho sílex las piezas podrían ser grandes, si había poco se economizaría preparando herramientas más pequeñas. Si no había sílex utilizarían el material que mejores filos generase al tallarlo, como es el caso del mármol de Samaná. Si contaban con abrigos naturales los utilizarían como refugio; de otra manera construirían abrigos artificiales a modo de viviendas. En definitiva, debemos analizar el comportamiento de los grupos arcaicos teniendo en cuenta que eran ellos los que se adaptaban al medio para lograr medios de supervivencia que les permitiesen sobrevivir en los espacios naturales donde se asentaban.

Origen de los grupos arcaicos en base a su cultura material

La colonización de las Antillas por los primeros seres humanos que cruzaron el mar Caribe mantiene todavía una serie de incógnitas que los arqueólogos tratan de resolver utilizando diferentes medios; la principal pregunta que nos hacemos en este trabajo se refiere a su origen. Las primeras investigaciones realizadas por los arqueólogos que trabajaron en el Caribe buscando la procedencia de los grupos arcaicos que se localizaron en las Antillas, se centraron fundamentalmente en realizar comparaciones entre los tipos de herramientas que se encontraban en los diferentes yacimientos arqueológicos. La premisa que se aplicó y que actualmente se sigue manteniendo, es que la coincidencia de un tipo de instrumental y del material del que está fabricado, indica una tradición cultural que identifica al grupo humano que lo crea y lo utiliza.

De esta manera, arqueólogos de gran prestigio, realizaron comparaciones entre los conjuntos de útiles que aparecieron en los sitios más antiguos de la isla de Trinidad, como son Ortoire y Banwari Trace, y los compararon con los materiales de los sitios que aparecieron en la República Dominicana (Veloz, 1980 a, p. 35), concretamente en los yacimientos de Barrera Mordán, Puerto Alejandro y Pedernales. Los arqueólogos consideraron que se trataba de dos culturas diferentes, pues diferían los tipos de útiles entre unos y otros (Veloz, 1980 a a, p. 36). También se compararon los utensilios de Banwari Trace y Ortoire con algunos sitios de la isla de Cuba, asumiendo que en muchos casos tienen la misma tradición en su industria lítica, como el sitio de Canímar Abajo (Ulloa y Valcárcel, 2013, p. 236). En otros sitios arqueológicos, especialmente los que se encuentran en la costa sur de la República Dominicana, se observó una particular identidad de los artefactos dominicanos con los que se recuperaron en los sitios arcaicos de Trinidad (Veloz, 1980 b, p. 19).

De esta forma se considera hasta el momento que existen tres corrientes colonizadoras en nuestra isla. Por una parte los Banwaroides u Ortoroides que, procedentes de Trinidad o de la costa venezolana del continente, ocupan La Española. Por otra, los grupos Casimiroides o Mordanoides que se distribuyen en Cuba y La Española y cuyo origen se busca en las costas que se encuentran entre Venezuela y Yucatán. También se ha apuntado que puedan proceder de Norteamérica, desde donde pudieron llegar saltando desde la península de La Florida, pero esta tesis es la que menos fuerza tiene actualmente. Finalmente, la que se considera más moderna, indica que algunos de los primeros pobladores de Las Antillas llegan de las costas de Venezuela, donde se ha constatado la presencia de una industria de concha muy particular en la que la gubia es elemento fundamental ( Veloz, 1980 b, p. 28) identificada como Manicuaroide, en referencia al sitio arqueológico de Venezuela conocido como Manicuare.

Sin embargo, toda esta serie de teorías sobre el origen de los primeros colonizadores humanos de La Española, basadas en los comparativos de las herramientas que se encuentran en los diferentes sitios arqueológicos, están siendo revisadas en base al estudio del ADN antiguo que se extrae de los restos humanos aparecidos en las excavaciones arqueológicas. El método es relativamente moderno y aun queda mucho por avanzar en esta técnica que auxilia a los arqueólogos de manera determinante. Sin embargo, los datos que nos está ofreciendo en la ultimas décadas resultan extraordinariamente interesantes.

Excavación del cementerio arcaico Samanés del Abrigo de Daniel en Samaná.

Rituales funerarios de los grupos arcaicos en La Española, comparados con los de las Antillas Mayores

Los grupos arcaicos que poblaron las islas del Caribe dejaron abundantes muestras de sus ritos funerarios en los cementerios que se han encontrado, especialmente localizados en cuevas, abrigos y montículos generados por su actividad en los lugares de habitación. Los cementerios arcaicos se han localizado principalmente en las Antillas Mayores, concretamente en La Española, Cuba y Puerto Rico. La isla de Jamaica es una gran desconocida en relación a estas prácticas, ya que, hasta el momento, son muy pocos los vestigios arcaicos que se han localizado en este enclave insular antillano (Hofman, 2019, p 191). Resulta muy complejo sistematizar los rituales funerarios de los grupos arcaicos, dado que su desarrollo en el tiempo es muy largo, más de 4.000 años, y se produce en espacios insulares diferentes, muy distantes unos de otros. Pero, además la cultura arcaica tiene matices distintos, ya que todavía hay mucho que investigar y discutir sobre las características propias de cada grupo, el origen continental de los mismos, la coincidencia en el tiempo de las migraciones y las colonizaciones que se dieron en las islas; en definitiva, necesitamos saber realmente de quiénes estamos hablando cuando nos referimos a ellos con los múltiples calificativos que se utilizan para designarlos: Precerámicos, Preagroalfareros, Ortoroides, Banwaroides, Guanahatabelles, Siboneyes, Cayo Redondo, Guayabo Blanco, “comunidades de bajos niveles productivos”, Casimiroides, Mordanoides, Samaneses, Coroso, Líticos, Arcaicos, etc.

Tras el estudio de los sitios funerarios arcaicos en las diferentes islas, hemos podido comprobar que estos individuos mantienen en buena parte de los casos, prácticas comunes que les definen particularmente, las cuales se presentan en los sitios funerarios más importantes que hemos localizado. Para entender sus rituales nos hemos centrado especialmente en los sitios funerarios que cuentan con fechados asociados a los mismos o cuya filiación arcaica resulta muy clara en base a los estudios realizados. En esta tarea contamos con una circunstancia que en muchas ocasiones nos puede confundir, dado que, en buena parte de los sitios funerarios arcaicos, especialmente en las cavernas y los abrigos, los espacios de inhumación fueron utilizados también por grupos de pueblos agricultores. De esta forma se alteraron muchas tumbas antiguas, a veces incluso mezclando los restos humanos de unas y otras y haciendo muy difícil en ocasiones saber qué tumbas pertenecen a los arcaicos y cuales son de agricultores, bien sean tempranos o bien avanzados.

Por otra parte, contamos con una situación que se presenta en gran parte de los sitios funerarios: la alteración de los mismos por buscadores de murcielaguina, expoliadores de restos indígenas o simplemente por curiosos a los que llamó la atención la presencia de restos humanos en estos lugares. Tampoco podemos evitar referirnos a las excavaciones de arqueólogos o de entendidos en arqueología que se realizaron en el pasado con los medios y las técnicas propias de su época. Afortunadamente la metodología arqueológica ha avanzado mucho en este primer cuarto del siglo XXI, pero en el siglo pasado las técnicas de trabajo eran muy sencillas y provocaron la pérdida de mucha información que hoy es fundamental a la hora de obtener información precisa sobre los sitios funerarios. De hecho, hoy contamos con una disciplina arqueológica específica denominada bioarqueología, dedicada exclusivamente al estudio de los espacios funerarios.

Individuo agricultor avanzado en posición flexada. Tumba nº 6 del cementerio de El Francés, Samaná, República Dominicana.

En base a los estudios de bioarqueología, podemos diferenciar al menos dos tipos diferentes de enterramientos de este grupo cultural: inhumaciones primarias e inhumaciones secundarias. Entendemos como entierros primarios los que aparecen en el mismo lugar en que se inhumaron los individuos, sin que se haya realizado ninguna actuación intencional sobre los restos humanos posterior a la misma. Se denominan entierros secundarios cuando los cadáveres han sido depositados previamente en un lugar, desde el que después se transportan los restos que se conservan, la mayor parte de las veces solo huesos, a otro emplazamiento diferente donde se inhuman definitivamente.

Los enterramientos primarios se diferencian fundamentalmente por la posición en la que fue colocado el cadáver, existiendo dos posiciones básicas: decúbito supino y acuclillada. Estas disposiciones funerales del individuo pueden tener luego variables o características diferenciadoras según hacia dónde se incline el cuerpo, el grado de flexión que puedan tener las extremidades superiores o inferiores o incluso la posición de los brazos o las manos en relación al tronco. Las posiciones de los brazos pueden ser, entre otras, superpuestas sobre las costillas, alineadas en relación al tronco, cruzados sobre este, etc.

Enterramiento en posición de decúbito supino de un individuo arcaico del Abrigo de Daniel.

En muchas ocasiones, las posiciones del individuo al ser inhumado se relacionan directamente con el grupo cultural que las realiza. También es importante identificar la orientación del cadáver en el momento en que fue enterrado y su relación con la posición que mantienen otros posibles enterramientos realizados en el mismo lugar funerario.

Rituales funerarios de los grupos arcaicos en La Española

En la isla de Santo Domingo se han excavado metodológicamente varios sitios donde han aparecido restos humanos arcaicos, todos ellos dentro de cavernas o en abrigos rocosos. Muy pocos de estos sitios funerarios arcaicos han sido excavados metodológicamente y menos aún con sistemas modernos. Sin embargo, los hallazgos ocasionales o realizados en procesos de prospecciones arqueológicas informales han sido muchos, especialmente en las cuevas y los abrigos que jalonan la geografía isleña. Lo mismo ocurre en el resto de las Antillas. En este caso solamente nos ocuparemos de los sitios arqueológicos arcaicos excavados con método arqueológico de cualquier tipo, que puedan ofrecernos datos fidedignos de los sistemas de enterramiento realizados.

Destaca por la cantidad de individuos enterrados la Cueva Roja (Veloz et al., 1979), situada en Pedernales, donde según entendieron los arqueólogos responsables de los trabajos, todos los restos humanos se localizaron revueltos y probablemente fueron fruto de inhumaciones secundarias. Se identificaron al menos 98 individuos de todas las edades y de diferente sexo. Algunos huesos estaban quemados “post mortem” y otros separados en paquetes. Los cráneos se encontraban en su mayoría rotos y dispersos. Del informe arqueológico de los trabajos realizados en la caverna, basado en los restos materiales localizados en asociación con los restos humanos, se desprende que se trata de individuos arcaicos, pero no hay una datación absoluta de los mismos.

Otro sitio arqueológico excavado donde se localizaron enterramientos arcaicos es la Cueva de Berna (Veloz et. al., 1977), situada en Boca de Yuma, en la provincia de La Altagracia. Cerca de la boca de esta enorme caverna, se localizó el enterramiento primario de un niño de unos 6 años en posición extendida, fechado en estratos arqueológicos cercanos al cadáver en 1699-1261 cal. a.C., aunque otras fechas de la cueva en estratos similares son más antiguas, llegando incluso a 2833-2819 cal. a.C. (Hofman y Antzak, 2019, p. 324, 325)6. Es interesante remarcar que este esqueleto aparecía dentro de un estrato con una presencia muy abundante de cenizas, lo que coincide también con la situación de otros esqueletos arcaicos exhumados en el Abrigo de Daniel (López et. al. 2023). Otro esqueleto localizado “in situ” también presentaba una disposición de decúbito supino. Los restos humanos exhumados que se encontraban claramente en su posición original fueron considerados como arcaicos, dado que además los artefactos encontrados en los mismos niveles pertenecían al citado grupo cultural.

6 Las fechas originales publicadas por Marcio Veloz, Elpidio Ortega, Joaquín Nadal, Fernando Luna y Renato Rímoli, fueron calibradas por Meno Hoogan e incluidas en el anexo del libro citado.

En el pasado siglo se han localizado restos humanos arcaicos en muchas cuevas de la isla, pero lamentablemente no contamos con datos precisos sobre los mismos y en buena parte de los casos las deficiencias en la metodología de recuperación de los restos humanos ni siquiera han permitido establecer estratigráficamente de dónde procedían. Este es el caso de la Cueva Funeraria de Andrés, en Boca Chica, provincia de Santo Domingo y en la Cueva de La Madama en el Cabo Samaná, provincia de Samaná, donde sin embargo sí se han obtenido dataciones de restos humanos arcaicos procedentes de las mismas.

 

Cueva de Berna.

En la Cueva Funeraria de Andrés, se identificaron restos de varios individuos que en principio se adscribieron a la cultura ostionoide (Morbán, 1979). Al parecer los restos humanos aparecían en parte quemados y revueltos como entierros secundarios (Ortega, 2005), pero la metodología con la que se realizaron los trabajos arqueológicos careció de la precisión necesaria para poder ofrecer datos concluyentes y no se publicó un informe detallado de las excavaciones en la cueva. Recientemente, el Departamento de Genética de la Escuela Médica de la Universidad de Harvard, ha realizado estudios de ADN sobre los restos humanos de la caverna, identificando un individuo arcaico que arroja un fechado de 1192 – 1005 a.C. (Fernandes et al., 2020), lo cual indica que la filiación de los individuos inhumados en la cueva es arcaica al menos en alguno de los casos.

En el Abrigo Funerario de La Madama se realizó una datación de los estratos donde aparecieron algunos de los restos humanos de 845 +/- 140 a.C (Morbán, 1978, 1979, 1982). Según los investigadores, los huesos humanos se presentaban sin conexión anatómica, como enterramientos secundarios y algunos pintados de rojo, siempre dentro de un marco de utilería y restos de alimentación arcaico. En cualquier caso, los trabajos arqueológicos se realizaron con una metodología poco adecuada y de manera muy acelerada, por lo que las conclusiones en relación con los sistemas de enterramiento y la afiliación de los restos humanos a un grupo cultural determinado se basan en datos insuficientes.

Como indicamos anteriormente, se han encontrado gran cantidad de enterramientos en las cuevas dominicanas, muchos de los cuales deben corresponder a grupos arcaicos, pero solamente en los casos descritos anteriormente, podemos ofrecer algún detalle sobre las características particulares de las inhumaciones con el convencimiento de que se trataba de individuos adscritos al citado grupo cultural. Aun así, es difícil asumir buena parte de las conclusiones de los informes publicados, ya que la metodología de excavación utilizada es antigua y los informes que la avalan, excepto en el caso de la Cueva de Berna, son demasiado escuetos y pasan por alto detalles que actualmente se consideran imprescindibles a la hora de publicar los resultados de las investigaciones de campo.

Abrigo de Playa Madama.

En esta situación se encontraban las investigaciones acerca de las costumbres funerarias de los grupos arcaicos, hasta el momento en que Guahayona Institute, con su equipo de arqueólogos profesionales, especializados en metodología arqueológica y en bioarqueología, afrontamos las excavaciones arqueológicas de la Cueva Funeraria de Daniel y el Abrigo de Daniel, ambos sitios situados en el Monumento Natural Cabo Samaná, en la provincia de Samaná.

En la Cueva Funeraria de Daniel (López et al., 2022) se excavó la tumba de un individuo de sexo masculino, mayor de 18 años, depositado en posición de decúbito supino, orientado en dirección noreste-suroeste. La posición de enterramiento que presenta, con las extremidades superiores extendidas y muy pegadas al torso, así como los hombros sobre las escápulas y el cráneo con una posición anormal, con la barbilla pegada al pecho, nos hace pensar en un posible enfardamiento del cadáver. Las alteraciones del terreno y su composición hacen que la fosa sea casi inapreciable. El estado de conservación de estos restos era bastante deficiente, habiendo desaparecido casi la totalidad de la extremidad inferior derecha y conservándose de la izquierda un pequeño fragmento de diáfisis de la tibia. Dado el estado de conservación no se han podido identificar patologías por el momento. Este enterramiento cuenta con dos fechados de Carbono-14: 4412-4159 cal. BP / AMS 3870 +/- 30 BP (Harvard nº 136726 sobre diente humano)7 y 4153-3976 BP (95.1% de probabilidad), Sigma 2 / AMS 3720 +/- 30 BP (Beta Analytic nº 638474 sobre muestra de carbón tomado de la fosa).

7 Comunicación personal de Kendra Sirak (Department of Human Evolutionary Biology, Harvard University, Cambridge, MA, USA). Resultados de su investigación de ADN antiguo en proceso de publicación.
Excavación del Enterramiento nº 2 de la Cueva Funeraria de Daniel.

En el Abrigo de Daniel, situado a unos 100 metros al este de la Cueva Funeraria de Daniel, se han exhumado restos de al menos 26 individuos. De estos se considera que al menos 7 de ellos corresponden a arcaicos. La posición de enterramiento de todos es decúbito supino con los brazos extendidos al lado del tronco y en cuatro de los casos estos están muy pegados a las costillas y con el cráneo encajado entre los homóplatos. Uno de los esqueletos presenta las piernas extendidas, pero ligeramente flexionadas. La orientación de los enterramientos es diferente; varía entre norte-sur, este-oeste y noreste suroeste. Sin embargo, se observa que los grupos orientados de la misma manera se encuentran muy juntos, por lo que probablemente se mantuvieran las mismas orientaciones de las tumbas durante periodos de tiempo determinados.

Las fechas de Carbono-14 del piso de uso donde se realizaron los enterramientos del Abrigo de Daniel son 5142-4960 cal. BP (52.5% de probabilidad) y 5285-5161 cal. BP (41.2% de probabilidad), Sigma 2 / AMS 4450 +/- 30 BP (Beta Analytic nº 638467 sobre muestra de carbón) y 5193-5051 cal. BP (63.3% de probabilidad) y 5313-5214 cal. BP (32.1% de probabilidad), Sigma 2 / AMS 4530 +/- 30 BP (Beta Analytic nº 638468 sobre muestra de carbón), son cercanas a las que se han obtenido del individuo de la Cueva Funeraria de Daniel.

Sin embargo, las dataciones directas que se han logrado para dos de los individuos con cadenas de ADN arcaicas inhumados en el Abrigo de Daniel , son las siguientes: 3993 – 3845 cal. BP (84.5% de probabilidad) y 4079 – 4039 cal. BP (10.9% de probabilidad), Sigma 2 / AMS 3630 +/- 30 BP (Beta Analytic nº 765015, Individuo 2, sobre muestra de hueso humano) y 4102 – 3974 cal. BP (78.5% de probabilidad), 4149 – 4108 cal. BP (15.3% de probabilidad) y 3942 – 3932 cal. BP (1.6% de probabilidad), Sigma 2 / AMS 3710 +/- 30 BP (Beta Analytic nº 765018, Individuo 7, sobre muestra de hueso humano).

En lo que se refiere a La Española y en base a los sitios que se han excavado hasta el momento, los rituales funerarios de los grupos arcaicos mantienen las siguientes características:

• Los cadáveres se entierran en cuevas o bajo la protección de los aleros de abrigos rocosos.

• Se preparan fosas poco profundas del mismo tamaño que el del cadáver, en lugares donde la tierra es fácil de excavar.

• Los individuos se colocan en posición de decúbito supino con los brazos estirados paralelos al tronco.

• En ocasiones los cadáveres se colocan dentro de fardos funerarios.

• La orientación de los enterramientos es aleatoria.

• Se observa la misma orientación de las tumbas cuando se pre- sentan grupos de cadáveres relacionados, lo que hace suponer que estas estaban marcadas de alguna manera.

• Las ofrendas funerarias de materiales imperecederos son muy escasas.

• En algunos casos se han identificado entierros secundarios.

• En el caso de entierros secundarios a veces los huesos se pintan de rojo.

• Los individuos nunca presentan deformación craneana.

• En muchas ocasiones los enterramientos se encuentran relacionados con capas de cenizas.

 

Esqueleto de individuo arcaico con la cabeza encajada entre los omóplatos.
Individuos arcaicos inhumados en el Abrigo de Daniel.

Rituales funerarios de los grupos arcaicos en Puerto Rico

En la isla de Puerto Rico, al igual que en La Española, se han excavado metodológicamente pocos sitios donde aparezcan enterramientos arcaicos, aunque es frecuente encontrar restos humanos en las cavernas. Los principales yacimientos arqueológicos donde se han encontrado enterramientos primarios de este grupo cultural son Maruca, Ortiz, Cueva María de la Cruz, Angostura y Puerto Ferro.

El cementerio arcaico más grande que se ha excavado metodológicamente en Puerto Rico está localizado en el sitio arqueológico de Maruca (Rodríguez, 1997), situado en el municipio de Ponce. Dentro de los límites de la zona de habitación, se exhumaron 11 individuos, 8 hombres y 3 mujeres de entre 17 y 35 años de edad, de los que 10 se encontraban depositados en posición de decúbito supino con los brazos paralelos al tronco. Uno de los enterramientos se encontró en posición flexada. Los cadáveres estaban unos junto a otros, muy pegados, divididos en dos grupos. Las dataciones de Carbono-14 del sitio arqueológico ofrecen fechas de entre 2484-2301 cal. a.C. y 638-590 cal. a.C. (Hofman et al., 2019) aunque Miguel Rodríguez considera que los cadáveres corresponden a las épocas tardías del yacimiento situadas en el primer milenio antes de Cristo.

Sitio arqueológico Maruca en Puerto Rico. (Foto tomada del artículo de Miguel Rodríguez, 1997).

En el sitio arqueológico de Ortiz (Pestle, 2023) situado en el municipio de Cabo Rojo, se localizaron 5 inhumaciones primarias en posición de decúbito supino con los brazos paralelos al tronco; cuatro de los individuos estaban alineados y todos fueron depositados orientados hacia el oeste. Los enterramientos están localizados en un conchero que corresponde a un lugar de habitación. Las fechas de Carbono-14 obtenidas sobre material esqueletal, indican que se trata de individuos arcaicos fechados entre 1880-1840 cal. a.C y 1130-840 cal. a.C.

Sitio arqueológico Ortiz en Puerto Rico. (Foto tomada del artículo de Pestle et al., 2023)

La Cueva María De La Cruz está situada en el municipio de Loiza. Durante las excavaciones realizadas se localizó un enterramiento considerado arcaico en posición de decúbito supino (Rouse y Alegría, 1990). Las dataciones de la cueva solo hacen referencia a los estratos de agricultores avanzados que también utilizaron la cueva.

En Angostura se localizaron varios enterramientos secundarios y un enterramiento primario al parecer arcaico (Pestle, 2023) con fechas asociadas del sitio arqueológico de entre 2462-1909 cal. a.C. y 1848- 1774 cal. a.C. (Hofman et al., 2019).

En Puerto Ferro, en la isla de Vieques se localizó el enterramiento de un hombre de entre 35 y 40 años, colocado en posición de decúbito dorsal flexionado y orientado hacia el sureste. Las dataciones de Carbono-14 del sitio arqueológico oscilan entre 2432-1970 cal. a.C. y 1637-1128 cal. a.C. (Hofman et al., 2019), aunque Chanlate Baik, quien excavó el sitio, le atribuye una antigüedad de 1900 a.C. (Chanlate y Narganes, 1991).

-La casi totalidad de los entierros primarios de grupos arcaicos excavados en Puerto Rico con método arqueológico, se refieren a individuos inhumados en posición de decúbito supino, sin que se pueda observar una orientación determinada de los cadáveres. Solo en muy pocos casos se pueden encontrar cadáveres colocados en posición flexada. Es posible observar en algunos casos que las inhumaciones están alineadas, lo que indica que de alguna manera las tumbas estaban marcadas.

Rituales funerarios de los grupos arcaicos en Cuba

Durante el siglo XX en la isla de Cuba, la actividad de instituciones y de investigadores locales relacionada con el legado de los grupos aborígenes fue muy intensa. De esta manera se localizaron multitud de cuevas, abrigos y residuarios donde se recuperaron restos humanos. Sin embargo, los métodos de excavación arqueológica eran demasiado primarios y por ello se perdió mucha información necesaria para poder entender plenamente no solo el tipo de rituales funerarios, sino la cultura a la que se debían adscribir los restos humanos. A esta situación hay que añadirle que al igual que sucede en el resto de las Antillas, la actividad de los recolectores de guano y los buscadores de reliquias indígenas produjeron una gran destrucción en los sitios arqueológicos funerarios.

Los principales yacimientos donde aparecen grupos arcaicos y que nos permiten conocer sistemas de enterramiento determinados asociados a fechados confiables, son pocos, pero arrojan mucha luz sobre el tema que nos ocupa.

El sitio de Canimar Abajo se encuentra en la provincia de Matanzas. Se trata de un abrigo al pie de un farallón en las márgenes del río Canímar. En este yacimiento se ha localizado uno de los cementerios arcaicos más grandes del Caribe, excavado en buena parte con metodología arqueológica moderna; hasta ahora se han recuperado restos de 57 individuos arcaicos (González et al., 2021, p. 130) con dataciones que llegan hasta el 1380-1090 cal. a.C. (Roksandic et. al., 2015). Los cadáveres se encontraban dispuestos en posición de decúbito supino con los brazos extendidos paralelos al cuerpo, aunque también en alguna ocasión se inhumaron en posición extendida de decúbito lateral (González et al., 2021, p. 131). En una fase posterior a la arcaica también se inhumaron gran cantidad de personas de filiación agricultora avanzada.

 

Dibujo original de la disposición de los enterramientos en la Cueva de Los Ninos, Cuba.

En la Cueva de La Guinea, en la provincia de Sancti Espíritus se excavaron tres esqueletos arcaicos colocados en posición de decúbito supino con los brazos estirados y las manos sobre la pelvis. Posteriormente se excavaron metodológicamente cinco inhumaciones arcaicas más; cuatro cadáveres estaban depositados en posición de decúbito supino y uno, el de un niño, flexionado. La orientación de los individuos no era uniforme. Se observó en parte de los individuos una posición forzada de las clavículas que indicaba un muy posible enfardamiento de los cadáveres. Hasta el momento no contamos con dataciones absolutas de estos enterramientos ni del sitio arqueológico (González et al., 2021, p. 195).

La Cueva Funeraria de Los Niños está situada en la provincia de Sancti Espíritus. En la caverna se localizaron los esqueletos de 13 indivíduos infantiles arcaicos, colocados al lado de las paredes de la caverna en posición de decúbito supino, sin una orientación determinada. En este caso se documentaron ofrendas funerarias, concretamente un esferolito al lado de cada uno de ellos y en otro, además, dos dagolitos. Carecemos de dataciones del sitio arqueológico (González et al., 2021, p. 202).

Otro sitio de interés es Playa del Mango, situado en la provincia de Granma. Pese a ser un yacimiento de filiación claramente arcaica, sus fechados son recientes, entre el 42 cal a.C. y el 180 d.C. aproximadamente (Chinique De Armas, 2020). En las excavaciones realizadas en los años 40 del pasado siglo, se localizaron los restos de entre 30 y 40 individuos colocados en posición de decúbito supino la mayor parte y algunos otros flexionados; las tumbas estaban dispuestas en tres líneas paralelas, lo que indica que estaban señalizadas de alguna manera. En las excavaciones realizadas en siglo XXI se han exhumado con metodología arqueológica moderna 20 individuos, todos en posición de decúbito supino y varios portando adornos corporales y alguna sencilla ofrenda funeraria. Los cadáveres aparecen alineados por grupos. Algunos de ellos tienen signos evidentes de haber sido enfardados a la hora de enterrarlos (González et al., 2021, p. 259-266). La zona de entierros está diferenciada del área de habitación (González et al. 2023).

Area de inhumaciones arcaicas en Playa del Mango. (Foto tomada del artículo de González et al., 2021).

En la isla de Cuba existen abundantes evidencias de enterramientos secundarios de los grupos arcaicos donde los huesos están tintados de rojo (Alonso, 1992). Los estudios realizados en relación con los enterramientos primarios arcaicos de la isla, determinan que la posición de los esqueletos no cuenta con una orientación determinada (La Rosa, 2003), igual que sucede en el resto de las islas. En los sitios funerarios trabajados con método arqueológico existe una clara preponderancia de los entierros en posición de decúbito supino y en algunos casos se documentan posiciones forzadas de cabeza y extremidades que atestiguan la colocación del cadáver dentro de un fardo funerario. Sin embargo, también existen bastantes individuos en diferentes sitios presumiblemente arcaicos, que se inhumaron en posiciones flexadas de uno u otro tipo (De La Rosa y Robaina, 1995). Por otra parte, las ofrendas funerarias son muy escasas, aunque se dan en mayor medida que en resto de Antillas Mayores.

Conclusiones del comparativo de los sistemas de enterramiento entre las islas

En relación a las excavaciones arqueológicas que realizamos y los datos publicados sobre los sitios funerarios arcaicos en Antillas Mayores, podemos concluir que este grupo cultural enterraba a sus muertos tanto en cuevas como en abrigos y en los montículos aledaños a sus viviendas que se generaban fruto de las actividades diarias, entre las que se encontraban el procesado y consumo de alimentos y el correspondiente desechado de residuos.

Se mantienen principalmente dos tipos de inhumaciones que pueden o no presentarse en los mismos espacios funerarios, y que además se presentan generalmente bien diferenciados de los sitios de habitación, aún cuando se establezcan muy cerca de estos.

Por una parte observamos entierros practicados en fosas que se ajustan al tamaño del individuo que se dispone generalmente en posición de decúbito supino con los brazos alineados con el cuerpo. En otras ocasiones los entierros son claramente secundarios, donde los huesos se colocan en paquetes, todos juntos y en algunas ocasiones pintados de color rojo.

En varios sitios funerarios se ha observado claramente que los cadáveres habían sido enfardados antes de ser inhumados, especialmente en los que se encuentran en posición de decúbito supino con los brazos alineados con el cuerpo, pegados a las costillas y con la cabeza hundida entre los homóplatos.

Muchas de las tumbas tenían algún tipo de indicador que las identificaba como tales y era frecuente preparar las fosas alineadas y en ocasiones en varias hileras paralelas.

La orientación de los cadáveres era aleatoria, pero cuando se enterraban varios individuos se mantenía la misma orientación entre los grupos de tumbas. En las cavernas era frecuente colocar los enterramientos cerca de las paredes, en espacios ya dentro de la cavidad, posiblemente aprovechando los lugares en los que había suficiente tierra para hacer una fosa aunque fuese poco profunda.

Las ofrendas funerarias de materiales perecederos son muy escasas y se refieren generalmente a ornamentos sencillos que portaban los individuos en vida o a elementos personales de carácter ritual o tal vez de estatus social. Aunque estas son extremadamente poco frecuentes.

En muchas ocasiones las zonas de enterramiento están asociadas a ritos funerarios relacionados con el uso del fuego y con el consumo de alimentos. Incluso se han excavado enterramientos en los que en las camas de los difuntos se colocaron gran cantidad de conchas marinas.

Situación actual de los estudios de ADN antiguo

La técnica de recuperación de ADN antiguo de los restos humanos procedentes de excavaciones arqueológicas, se aplicó por primera vez en 1985 sobre una momia egipcia (O’Rourque, 2000, p. 217). A partir de ese momento se abrió un nuevo campo en la arqueología basado en el estudio del ADN antiguo. Para obtenerlo es necesario contar con restos orgánicos o esqueletales, especialmente dientes y huesos donde la acumulación de ADN es mayor, como es el caso de la zona petrosa del hueso parietal del cráneo de los individuos. El ADN antiguo puede preservarse en cualquier zona del esqueleto, pero las condiciones de preservación de los restos humanos son fundamentales a la hora de que se conserve con la calidad necesaria para poder obtener datos sobre su estructura. De hecho en gran parte de las ocasiones resulta imposible conseguir muestras de ADN antiguo de suficiente calidad como para poder ser secuenciadas, aunque cada día se están desarrollando nuevas técnicas que permiten enriquecer las muestras obtenidas con vistas a lograr resultados analíticos de las mismas.

Los estudios de ADN antiguo sobre las poblaciones indígenas americanas comienzan a partir de 1993 cuando Stone y Stoneking comienzan a investigar la genética de los restos humanos aparecidos en el complejo arqueológico Oneota (O’Rourque, 2000, p. 230). Desde entonces se han realizado multitud de trabajos que han abierto una línea de conocimientos muy amplios acerca del origen y la distribución del poblamiento en el continente americano. Los estudios de ADN sobre poblaciones indígenas antillanas son mucho más modernos. Los primeros trabajos se realizan en el año 2000 en Puerto Rico, pero se basan en ADN mitocondrial extraído de personas vivas, tanto en la isla como en el continente; de esta manera se levantó una información sumamente interesante sobre la pervivencia de las raíces indígenas en la actual población puertorriqueña (Martínez Cruzado et al., 2001). Poco después, en 2001 se realiza el primer estudio de ADN antiguo sobre restos humanos del periodo ceramista avanzado, taínos, exhumados en el sitio arqueológico de La Caleta, en República Dominicana, constatando su identidad con los grupos asentados en el Norte de Suramérica (Lalueza et al., 2001).

Extracción de ADN de un cráneo indígena de la Cueva Funeraria de Daniel, Samaná.

A partir de las investigaciones citadas se han sucedido varios estudios sobre ADN antiguo de poblaciones antillanas, entre las que destaca el trabajo publicado en 2003 sobre las investigaciones en torno al ADN de poblaciones arcaicas Siboneyes y taínas de la isla de Cuba (Lalueza et al., 2003); las conclusiones del estudio apuntan, igual que el trabajo realizado anteriormente en República Dominicana sobre la herencia genética de los tainos inhumados en La Caleta, al origen de ambas poblaciones en el Norte de Suramérica.

Posteriormente, en 2017 se publica un interesante estudio basado en el análisis del genoma de un solo individuo excavado en Preacher’s Cave, en Las Bahamas (Schroeder, 2017). Los restos esqueletales pertenecían a una mujer de un grupo de agricultores avanzados y los resultados apuntaron a un origen genético identificado en la zona norte de Suramérica.

Los estudios más modernos sobre ADN antiguo de poblaciones amerindias antillanas publicados y que suministran la mayor cantidad de información se han lanzado en los años 2020 y 2021. Los autores de las investigaciones pertenecen a dos instituciones del mayor prestigio, una europea, Max Planck Institute de Alemania y otra estadounidense, la Universidad de Harvard. La novedad de estos estudios radica en que en ambos se han incluido muestras de ADN antiguo de grupos ceramistas avanzados y de poblaciones arcaicas. Las conclusiones en los dos trabajos, realizados paralelamente y publicados casi al mismo tiempo con una diferencia de pocos meses, son muy similares.

La primera investigación fue realizada en Max Planck Institute y publicada en la revista Science (Nägele, 2020), donde se estudió la siguiente muestra:

“Para arrojar luz sobre la historia de la población del Caribe, recuperamos datos de todo el genoma de 93 antiguos isleños del Caribe de 16 sitios arqueológicos que datan entre 3200-400 cal. BP. Las muestras esqueléticas se derivan de dos contextos arqueológicos distintos, a los que se hace referencia como “Arcaicos” y “Cerámicos”, respectivamente. Las 52 personas relacionadas con el Arcaico provienen de siete sitios en Cuba y datan de c. 3200-700 cal. BP, mientras que las 41 personas relacionadas con la cerámica provienen de nueve sitios en Cuba, Bahamas, Puerto Rico, Guadalupe y Santa Lucía, que datan alrededor de 1500-400 cal. BP” (Nägele, 2020).

Los resultados del estudio de las cadenas de ADN se cotejaron con los que ya se tienen sobre poblaciones antiguas y modernas de nativos americanos. Las conclusiones del estudio de Nägele, entre otras, fueron las siguientes:

• Los individuos adscritos a poblaciones de agricultores avanzados se relacionan con las poblaciones amerindias de América del Sur, mientras que las muestras pertenecientes a grupos arcaicos no tenían relación con el genoma de los nativos americanos.

• Uno de los indivíduos arcaicos cubanos mostró afinidad en su genoma con poblaciones de las islas del Canal de California. Este genoma caracteriza a las poblaciones originarias norteamericanas presentes antes de su diversificación en Centroamérica y Suramérica.

• Agricultores avanzados y arcaicos provienen de al menos tres mo- vimientos migratorios diferentes, dos tempranos provenientes de Norteamérica y Suramérica respectivamente y uno posterior proveniente de Suramérica.

• Se observó que los grupos arcaicos se dispersaron por el Caribe occidental antes de la llegada de los agricultores avanzados.

• Le evidencia de mezcla genética entre arcaicos y agricultores avanzados es mínima; solamente se detectó en uno de los individuos.

Gráfico de Näeguele con la ascendencia de los grupos indígenas del Caribe.El segundo estudio fue realizado por el Departamento de Genética de la Escuela Médica de Harvard, dependencia de la Universidad de Harvard y se ha publicado en la revista Nature (Fernandes, et al., 2021). La muestra estudiada se describe de la siguiente manera:

“Examinamos 195 individuos antiguos y generamos datos de todo el genoma que pasaron los criterios de autenticidad para 174 individuos; sobre la base de 45 fechas de radiocarbono recién generadas, estos individuos vivieron entre aproximadamente 3100 y 400 años calibrados antes del presente (1950 dC) en Las Bahamas, Hispaniola, Puerto Rico, Curaçao y Venezuela” (Fernandes, et al., 2021).

Los resultados de los estudios de ADN se compararon con las muestras pertenecientes a individuos amerindios norteamericanos, suramericanos y centroamericanos. Las conclusiones del estudio de Harvard, entre otras, fueron las siguientes:

• Los grupos arcaicos derivan de una fuente genética situada entre el norte de Suramérica y Centroamérica sin que se pueda precisar exactamente el lugar de origen.

• No existe evidencia genética del origen norteamericano de los arcaicos.

• Solamente existe entre el 0.5% y el 2% de ascendencia genética arcaica en los grupos agricultores avanzados.

• Los grupos arcaicos fueron desplazados por la llegada de los agricultores avanzados.

• El noreste de América del Sur es la zona que más afinidades genéticas mantiene con los grupos de agricultores avanzados.

• Los agricultores avanzados mantenían lazos familiares en po- blados muy alejados unos de otros.

• Se localizaron antecedentes genéticos conectados de los agri- cultores avanzados en varias islas, lo que indica movimientos constantes de personas a lo largo del arco antillano.

Gráfico de Harvard indicando la mezcla de agrupaciones caribeñas antiguas representativas y poblaciones no caribeñas.

Como se puede observar en la lectura de los dos informes publicados sobre las investigaciones de ADN llevadas a cabo por Max Planck Institute y la Universidad de Harvard, existe una clara discrepancia en la cuestión del origen de los grupos arcaicos en relación a un posible origen norteamericano. La evidencia material arqueológica coincide más con la tesis de Harvard, a lo que debemos añadir que la corriente marina en el estrecho de la Florida también hace muy difícil una migración desde América del Norte hacia Cuba. Sin embargo, la cuestión continúa abierta.

En relación con el origen suramericano de los colonizadores arcaicos ambos estudios coinciden, aunque Harvard incluye también la zona centroamericana en el posible foco originario de la migración.

También coinciden ambos estudios en la carencia casi absoluta de una mezcla entre las poblaciones arcaicas y los ceramistas avanzados, situación que es consistente con algunas observaciones realizadas por arqueólogos, basadas en las excavaciones realizadas en Martinica, en las que evidencian la carencia de elementos que indiquen que los grupos saladoides tempranos interactuaron de manera marcada con los habitantes arcaicos de la isla (Berard, 2004, p. 19).

En cualquier caso, las conclusiones de ambos estudios genéticos se basan casi exclusivamente en las poblaciones arcaicas cubanas, pues la muestra de individuos de estos grupos en otras islas es casi inexistente, a excepción de un individuo de La Española. Por este motivo, es fundamental lograr obtener una muestra mucho mayor de individuos arcaicos de otras islas para poder establecer conclusiones confiables que puedan ser extrapoladas al arco antillano.

A partir de 2024 este esquema ha cambiado radicalmente, pues gracias a las excavaciones arqueológicas realizadas por Guahayona Institute en Cabo Samaná, República Dominicana, donde se han excavado con la metodología arqueológica más moderna, tres sitios arcaicos: la Cueva Funeraria de Daniel, el Abrigo de Daniel y el Abrigo de Dana.

La Cueva Funeraria de Daniel y el Abrigo de Daniel, en el Monumento Natural Cabo Samaná, constituyen un espacio funerario Samanés de tradición Casimiroide uniforme, que se encuentra conectado con el lugar de habitación recientemente excavado y en proceso de publicación por la Academia de Ciencias de la República Dominicana, denominado Abrigo de Dana, situado a escasos 300 metros de los yacimientos arqueológicos citados. Las fechas obtenidas en los pisos de uso, los hogares y los huecos de postes de la vivienda hallada bajo la protección del Abrigo de Dana, correspondientes al cuarto milenio antes de Cristo, son perfectamente consistentes con las de los enterramientos en los sitios funerarios asociados en la Cueva Funeraria y el Abrigo de Daniel de fechas muy similares. Los estudios de los sitios y los materiales obtenidos de estos lugares, nos indican la presencia de un grupo que vive en cabañas protegidas por los abrigos rocosos, bien cohesionado, con rituales funerarios muy desarrollados practicados en lugares específicos para este uso, que son más propios de culturas agricultoras sedentarias que de bandas de cazadores migrantes. Las herramientas de piedra localizadas, de terminación excelente, la diversidad de su dieta, el largo periodo de más de mil años en que permanecieron en estos lugares, su dominio de la navegación atestiguado por las especies de pescados que consumían y la constancia de redes de comercio a grandes distancias que mantenían, nos obligan a replantearnos el nivel de la cultura de estos grupos y a pensar que pudieron manejar sistemas agrícolas además de mantener actividades recolectoras. (López, Galvez y Shelley, 2023).

El origen de la población samanesa de tradición Casimiroide, localizada en los yacimientos arcaicos de la Cueva Funeraria de Daniel y del Abrigo de Daniel, cuyos restos humanos fueron exhumados por Guahayona Institute y estudiados en Harvard Medical School entre 2023 y 2025, parece corresponder a un linaje profundamente divergente, consistente con un origen en la región ístmo-colombiana8.

Debido a la limitada disponibilidad de datos de ADN antiguo provenientes de Centro y Suramérica continental, en la actualidad no es posible precisar un origen específico para la población arcaica samanesa. Sin embargo, una de las hipótesis, entre otras que no pueden ser completamente descartadas, plantea que el movimiento poblacional responsable de la expansión de las lenguas chibchas hacia el norte y el sur, a partir de un foco en el sur de Centroamérica, habría sido también el mismo que condujo a la llegada de los primeros pobladores al Caribe9.

8 Comunicación personal de Kendra Sirak (Department of Human Evolutionary Biology, Harvard University, Cambridge, MA, USA). Resultados de su investigación de ADN antiguo en proceso de publicación.
9 Hipótesis sustentada por Kendra Sirak (Department of Human Evolutionary Biology, Har- vard University, Cambridge, MA, USA).

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Veloz Maggiolo, Marcio; Luna, Fernando; Rímoli, Renato, 1979. Investigaciones Arqueológicas en la Provincia de Pedernales, República Dominicana. San Pedro de Macorís, República Dominicana. Universidad Central del Este, Serie Científica VIII, 100 p.

 

Cómo citar este artículo
Adolfo José López Belando (2025). Situación de las investigaciones sobre los grupos arcaicos en la República Dominicana y sus paralelos en otras islas del Caribe. SOCIALES, 15, 75 pags). https://www.academiadecienciasrd.org/situacion-de-las-investigaciones-sobre-los-grupos-arcaicos-en-la-republica-dominicana-y-sus-paralelos-en-otras-islas-del-caribe/
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