Resumen
El monasterio de la orden San Francisco de la ciudad de Santo Domingo fue construido en el Nuevo Mundo. Forma parte de un conjunto de edificaciones coloniales que comprende iglesia, convento con su claustro, iglesia de la Tercera Orden, área de huertos, acueducto y antigua noria. El autor reseña su importancia histórica, las investigaciones arqueológicas y su consolidación física. Confía que el ensayo presente alerte contra cualquier intervención invasiva que destruya este monumento de importancia mundial.
El conjunto monumental de las ruinas del convento de San Francisco se encuentra en la República Dominicana, en la ciudad de Santo Domingo, formando parte de la antigua ciudad amurallada conocida como Ciudad Colonial. La Ciudad Colonial de Santo Domingo, incluyendo todos sus monumentos, fue declarada por UNESCO Patrimonio Mundial en 1990. El convento tiene el honor de haber sido el primero que se edificó en América, lo que reviste a este legado de una importancia crucial dentro del conjunto del patrimonio monumental americano.
En la actualidad el área monumental consta de varias estructuras, la mayor parte de las cuales se encuentran en ruinas, siendo estas las siguientes:

Ruinas de San Francisco. Foto: Adolfo López
• El convento, actualmente restaurado parcialmente que perdió buena parte de su estructura, incluyendo el claustro que hoy día permanece marcado por una sencilla estructura de hierro que levanta de las basas de la antiguas columnas ya desaparecidas.
• La capilla, denominada de la Tercera Orden, constituida por una nave abovedada, parcialmente en ruinas, con un ábside poligonal, de la que emergen hoy día tres capillas laterales.
• La iglesia monumental, constituida por una gran nave abovedada de ábside poligonal, todo completamente en ruinas, de la que emergen ocho capillas, cuatro a cada lado.
• Extramuros del área conventual, pero formando parte del conjunto se localiza la zona donde estuvo la huerta, un gran depósito de agua y los restos de la estructura de obra donde se encontraba una antigua noria. Se da el caso que la obra hidráulica constituye el primer acueducto que tuvo la ciudad y por ello se considera la primera infraestructura de estas características que se construyó en América.
Ruinas de San Francisco. Foto: Adolfo López
En la actualidad se está planteando realizar una intervención invasiva en las ruinas y su zona arqueológica que además prevé la construcción de grandes estructuras modernas que desvirtuarían la autenticidad del conjunto monumental. Estas obras ya han sido cuestionadas por ICOMOS nacional e internacional, así como por todas las instituciones culturales del país, los vecinos de la zona y por la opinión pública nacional. El presente trabajo pretende aportar datos que permitan entender la singularidad del conjunto monumental y así apoyar la conservación de tan importante legado cultural.
Desarrollo histórico del conjunto monumental
Los primeros franciscanos que se desplazaron a América viajaron con Cristóbal Colón, formando parte de la expedición colonizadora que cruzó el Atlántico en 1493. Los colonos se asentaron en la costa norte de la isla y fundaron la primera ciudad del nuevo continente, a la que dieron el nombre de La Isabela. Fueron estos franciscanos dos frailes de origen francés: Fray Juan De La Deule y Fray Juan de Cosin, quienes a su llegada comenzaron la labor evangelizadora en la isla (Errasti 1998). Sin embargo los encargados por la orden de los franciscanos de fundar su convento llegaron a La Española en abril del año 1502, en los barcos que trajeron a la isla al nuevo Gobernador, Nicolás de Ovando. Trece sacerdotes y cuatro hermanos fueron enviados por el Cardenal Cisneros para crear la primera provincia eclesiástica de América: Santa Cruz de Las Indias. Sus primeras misas se celebraron en la antigua capilla del Rosario situado en la margen oriental del río Ozama, iglesia que en aquel tiempo era de madera, como probaron las excavaciones arqueológicas realizadas en 1988 por Marcio Veloz Maggiolo y Elpidio Ortega en la actual ermita (Veloz y Ortega, 1992).

Capilla de la Tercera Orden. Foto: Adolfo López
El convento de los franciscanos en Santo Domingo se construye a partir del cambio de emplazamiento de la ciudad a la orilla occidental del río Ozama, realizado en 1502. Su situación estratégica no es casual. Como podemos observar se localiza en el mismo corazón de la nueva ciudad pero en su lugar más elevado, dominando el resto de las edificaciones. Dado que el máximo exponente de la política española en aquellos años, después de los Reyes Católicos, era el Cardenal Cisneros, sacerdote franciscano, no es de extrañar que Nicolás de Ovando les entregara a los monjes de la orden el mejor solar de la nueva metrópoli, dominando el resto de las iglesias o edificaciones que se realizasen más adelante y evidenciando así el poder de la orden franciscana. Además Ovando se ocupó de costear personalmente las obras del convento, tal como queda constancia en las declaraciones de Alonso Gutierre vertidas en el Pleito Ovando–Tapia.

Plano Santo Domingo 1592.
Tenemos informes de que hacia 1504 ya existía el convento fundado por Fray Alonso de Espinar, una humilde construcción de madera y una modesta iglesia en la colina donde hoy se ubican las vetustas ruinas. Esta primera iglesia y el convento eran sencillas construcciones edificadas al estilo de los bohíos que construían los taínos, pues eran los mismos indígenas quienes las hacían con los materiales que la natura tropical ponía a su disposición. Debido a la fragilidad de su estructura, ya en 1508 la primitiva iglesia (y posiblemente también el bohío-convento) fue destruida por un huracán, aunque los pocos escritos que se conservan de la época apuntan a que los muros ya estaban construidos en piedra y el techo era de madera y paja (Rodríguez Demorizi, 1978).

Bohíos taínos.
“Venido a esta isla el dicho Fray Alonso de Espinal, provincial, se pasó el pueblo (Santo Domingo) a esta parte donde agora está el dicho Comendador Mayor, Fray Nicolás de Ovando. Fundó esta ciudad y repartió solares a todos los vecinos, e hizo repartimiento para el monasterio del señor San Francisco del solar donde agora está fundado, y luego los dichos provincial y frailes hicieron hacer una casa de paja donde se metiesen y otra de paja donde dijesen misa”. Declaración de Mosquera.
“Así mismo vido este testigo que de los indios propios del dicho Comendador Mayor andaban sirviendo en la labor de la iglesia de paja que se hacía en el monasterio de San Francisco desta villa y la hizo el dicho Comendador Mayor a su costa porque este testigo estaba a la sazón en casa del Comendador Mayor e veía que iban los criados del dicho Comendador Mayor a entender en la dicha obra e llevaban las cosas necesarias para dicha obra”. Declaración de Alonso Gutierre en el Pleito de Ovando tapia en 1509.
Francisco Garay reconstruye esta primera iglesia manteniendo la techumbre de madera. Esta estructura se conoce hoy como la iglesia de la Tercera Orden; sabemos que ya en 1511 la capilla mayor estaba construida (Luna Calderón, 1992). La nueva iglesia, es ya mucho más sólida, pues después de la experiencia vivida con el huracán que destruyó la ciudad en 1508, los monjes se preocuparon de darle más fuerza a la estructura del edificio.

Portal del convento de San Francisco. Foto: Adolfo López
La construcción en obra de piedra del convento, al que se encontraba anexo el claustro y la iglesia, se comienza en 1512. El hermoso portal del convento que aun conservamos, decorado con el cordón del hábito franciscano y el escudo de la orden, se construyó hacia esta fecha. Las dependencias conventuales durante aquellos primeros años funcionaban perfectamente, pues allí se alojaban sacerdotes viajeros y se celebraban juntas de la comunidad.
Los franciscanos tenían el encargo de educar y catequizar a los hijos de los caciques para que cuando sucedieran a sus padres en la responsabilidad de dirigir los poblados, apoyaran la expansión del cristianismo entre sus deudos y con ello las costumbres españolas. Así pues el convento de San Francisco fue centro de educación y morada de muchos jóvenes tainos pertenecientes a las clases más altas de su sociedad cacical. Al parecer el conocido cacique Enriquillo se educó en este convento (Pichardo 1982). Este encargo está recogido en la Ley nº 17 de las conocidas como “Leyes de Burgos”, que versa: “todos los hijos de los caciques que hay y hubiere de aquí en adelante en la isla menores de doce años se le den a los frayles de la horden de San Francisco que en la dicha Ysla oviere como por una su çedula el Rey mi señor lo tiene declarado y mandado para que los dichos frayles les muestren leer y escribir y las cosas de nuestra fe” (Arranz 1986).

El convento posiblemente se terminó completamente en 1526. Para abastecerse de agua, los frailes excavaron un aljibe de 28 metros de profundidad que les permitió además regar la huerta aledaña a las edificaciones. Este aljibe se localizó durante la campaña de excavaciones arqueológicas realizada por Elpidio Ortega en 1968; en el fondo del pozo se encontraron restos de los primeros utensilios utilizados por los monjes, alguno incluso con restos de comida de la época, lo cual permitió conocer con más detalle la dieta de aquellos primeros religiosos franciscanos (Ortega y Fondeur 1978).
La morfología del primer convento no la conocemos. Sabemos que se le enviaron planos del mismo al rey Felipe II en 1576, pero aún no se localizan estos documentos. El convento tuvo varios claustros, aunque hoy sólo conocemos el más antiguo que se conserva, pues las bases de los pilares que lo delimitaban se localizó durante las excavaciones arqueológicas realizadas en las ruinas. Este primitivo claustro está actualmente marcado dentro de las ruinas con una sencilla estructura metálica sobre la que crecen enredaderas.

Noria de las Ruinas de San Francisco. Foto: Adolfo López
En 1543 el arquitecto Rodrigo de Liendo comienza a edificar la denominada iglesia Nueva, una obra monumental cuyas ruinas aun hoy se pueden observar en la colina, la cual se termina en 1664, cuando finalmente se cubren las bóvedas. Del desarrollo de los trabajos sabemos que en 1544 ya había un muro edificado de más de dos metros de altura y que un año después solo faltaba por construir la cubierta, pero la obra quedó parada en esa etapa (Palm 1955).
En el mismo año de 1543 también se comienza a construir una noria frente a la puerta del convento para llenar un gran depósito y hacer llegar al agua hasta la Plaza Mayor, creándose el primer acueducto de Santo Domingo; la noria estuvo operativa al menos hasta 1885. Estos elementos fueron investigados en profundidad durante las excavaciones realizadas por Fernando Luna Calderón en 1992. Alrededor del convento y dentro de la iglesia se localiza una importante necrópolis, donde se inhumaron cuerpos desde los primeros años del siglo XV hasta el siglo XIX. Entre otros personajes importantes de los primeros años de la colonia, fueron enterrados en el sitio Bartolomé Colón, Diego Méndez y Alonso de Ojeda (Luna 1992).
En 1545 un ciclón destruyó parte del convento afectando seriamente a las celdas de los monjes, aunque al parecer no afectó el espléndido portal de piedra del convento decorado con el escudo de la orden rodeado por cordón del hábito de los franciscanos. La edificación fue reparada y la vida monacal y las actividades de los monjes siguieron adelante.
Con la ocupación de la ciudad de Santo Domingo en 1586, el corsario Francis Drake incendió el convento y la modesta capilla que fue primera iglesia y que a partir de 1716 fue denominada de la Tercera Orden. Se calcula que el 80% de las casas de piedra que se levantaban en la hasta aquel momento próspera ciudad, fueron derrumbadas, una por una, por los ingleses. La ciudad nunca se recuperó de tamaña destrucción (Pérez Montás 2001). La capilla del convento de San Francisco fue reconstruida de nuevo entre los años 1600 y 1650 y su iglesia monumental se terminó de reconstruir en 1664. Durante el siglo XVII el edificio del convento fue un centro de estudios de primer nivel para la época, donde los novicios estudiaban teología, gramática, filosofía y artes.
En 1666 un ciclón afecta gravemente al convento y posteriormente el terremoto de 1673 destruye buena parte de la gran iglesia y afecta grandemente a la citada edificación. Los trabajos de reconstrucción y reparación se prolongaron hasta 1683. Otro terremoto vuelve a afectar gravemente al conjunto monumental de San Francisco en 1751 quedando ya en buena parte arruinado para siempre (Palm 1955). La primitiva capilla de la Tercera Orden, según se concluye de las excavaciones arqueológicas realizadas por Elpidio Ortega en 1973, fue reconstruida completamente adquiriendo su morfología actual hacia mediados del siglo XVIII, por lo que es posible que el terremoto de 1751 diera al traste con lo que quedaba de la antigua iglesia y propiciara la construcción de la nueva manteniendo el estilo gótico original.
La iglesia nueva, a pesar de los daños que sufrió durante su historia, era sin duda la más hermosa de la ciudad y uno de los monumentos religiosos más importantes de América. Valga para demostrarlo el comentario de un testigo que pudo visitarla cuando aún permanecía en pie a mediados del siglo XVIII (Errasti 1998).

Arco Iglesia de San Francisco. Foto: Adolfo López
“El templo de Santo Domingo de La Española es tan alto que prescribe a los pájaros el vuelo; tan amplio que puede servir de catedral; tan robusto, que es asilo de todos los temblores; tan hermoso que es delicia de los ojos por su arquitectura y por su adorno, así de retablos de la preciosa madera caoba, brillantes con el oro, como de ornamentos que alegran con su aseo y sus colores. No parece iglesia que cuidan hombres, sino ángeles. Es de bóveda toda y se eleva hacia los cielos y se esparce tanto que parece quiere introducirse al ser de nuevo cielo. Parece hipérbole y es realidad, pues me consta ser admiración de los mismos europeos. El retablo del altar mayor es digno diamante de tan hermoso cofre y digna perla de tan bien hecha concha; a este modo es la testera de tan bello retablo” (Padre Bartolomé de Villanueva, 1753).
En 1793 la guerra de España contra Francia hace que el convento pase a hacer las funciones de hospital y de cuartel a la vez. En 1795 se ordena la salida de la orden de San Francisco de la isla debido a la anexión de la isla a Francia y con ello comienza el abandono del monumento que nunca se detendrá hasta nuestros días. Sin embargo tenemos noticias que en 1803 aun quedaban franciscanos en el convento.

San Francisco 1873, Samuel Hazard.
A partir de entonces el antaño floreciente convento de San Francisco pasa a albergar piezas de artillería en sus bóvedas. Esta situación se dio en 1805 durante la guerra de los franceses contra los haitianos y volvió a repetirse en el año 1809, cuando los franceses de nuevo emplazaron grandes cañones sobre la bóveda de la iglesia para defender la ciudad de las tropas españolas; fue entonces cuando parte del techo del templo se desploma por el peso de la artillería.
Hacia 1820 el padre Alemán restaura cuatro celdas del convento y se instala en sus dependencias, tratando de obtener fondos para reconstruir la iglesia, pero ese mismo año las autoridades declaran suprimido el convento y los últimos religiosos abandonan definitivamente la edificación.
Con la toma de la ciudad de Santo Domingo en 1822 por los haitianos, los restos del convento y las iglesias de San Francisco son utilizados como cantera, lo que provocó que los restos del monumento perdieran gran parte de su estructura y este fuera condenado a la irremisible condición de ruina que hoy ostenta noblemente.

Ruinas del convento de San Francisco antes de 1920.
En 1842 un nuevo terremoto de gran intensidad daña irreparablemente las ruinas que durante estos años continuarán siendo utilizadas como cantera. El Padre Billini en 1881, logra que se le ceda el uso del convento para convertirlo de nuevo en hospital general para pobres, creando además un centro psiquiátrico que funcionó hasta que en 1930 el ciclón San Zenón, destruye las estructuras del ahora hospital y derriba la parte superior del frontis de la iglesia. Para adecuar las ruinosas instalaciones del viejo convento como hospital, se reforzaron los muros coloniales y se edificó una segunda planta.
En 1946 otro terremoto derribó lo poco que quedaba de la bóveda de la iglesia Nueva (Palm 1955). Entre 1940 y 1950 una parte ruinosa de la construcción que perteneció al convento de San Francisco es derribada para construir la Escuela de República Argentina. En 1965 se apuntalan los muros de las ruinas dado su lamentable estado de conservación y el peligro que representa. Otro terremoto, este ocurrido en 1971, destruye completamente la bóveda del crucero, al caer el último arco que quedaba en pie en la citada estructura.

Ruinas de San Francisco 1966.
Plano de las excavaciones arqueológicas realizadas en las ruinas del Convento de San Francisco en 1968.
Investigaciones arqueológicas realizadas
En 1953 y 1954 Emile Boyrie Moya y John Goggin realizaron excavaciones arqueológicas en el patio sur del convento de los franciscanos. Las conclusiones relativas al estudio de la cerámica se publicaron en 1968 en el libro “Spanish Majolica in the New World”. Durante estos trabajos se constató la presencia indígena en el sitio y la evolución del monumento desde su fundación hasta el momento actual.

Cementerio Ruinas de San Francisco.
En 1968 el ingeniero Elpidio Ortega realizó excavaciones arqueológicas en el patio sur del convento en un área todavía intocada, debajo de un piso de cemento que se construyó en la década de 1950. Una reseña de los trabajos fue publicada en el número 353 de la revista Ahora, en 1970.
De nuevo en 1973, Elpidio Ortega y José María Cruxent realizaron excavaciones arqueológicas en toda el área monumental, centrando su principal interés en el estudio de la cerámica española que aparece en el sitio y la identificación de la extensión de los edificios asociados al convento, la iglesia y la capilla. El informe preliminar de estos trabajos fue publicado en 1974 en la Actas del XVI Congreso Internacional de Americanistas. Los resultados parciales de estas excavaciones se encuentran en los libros “Arqueología de los Monumentos Históricos de Santo Domingo” de 1978 y “Arqueología Colonial de Santo Domingo” de 1982, ambos publicados por Elpidio Ortega y Carmen Fondeur.
Entre los años 1989 y 1992 Juan López y el antropólogo físico Fernando Luna Calderón realizan excavaciones arqueológicas extensivas en las ruinas del convento de San Francisco, localizando una extensa área de enterramientos extra muros del convento que fue utilizada desde el siglo XVI hasta el siglo XX. También se excavaron abundantes enterramientos dentro de la iglesia y el claustro. Se localizó el emplazamiento de la antigua noria del acueducto del siglo XVI y el depósito de agua. En la zona sur de las ruinas se localizó el basurero y el área de cocina del convento. Lamentablemente los resultados de estas excavaciones aun no han sido publicados, conservándose solamente el reporte de los trabajos de excavación realizado por los arqueólogos.
Consolidación de las ruinas en 1974
En 1974 se realizó un proyecto, ejecutado por el arquitecto Víctor Bisonó que permitió consolidar las ruinas del conjunto monumental y recuperar para la ciudad este histórico enclave (Ugarte 1977). El trabajo del arquitecto fue planteado en tres etapas: consolidación de las estructuras, reintegración parcial de muros y eliminación de obras modernas. Se comenzó por liberar los muros de la vegetación que crecía entre las piedras; primero se trataron con herbicidas y posteriormente se retiraron las plantas.
En la capilla de la Tercera Orden se dejaron expuestos los muros, fundaciones, mochetas y el piso, estructuras que salieron a la luz durante las excavaciones arqueológicas y que datan del siglo XVI. Se respetaron los pavimentos de ladrillos de barro del siglo XVII, reparando las zonas dañadas del piso y completando los pavimentos antiguos en las zonas techadas. El resto de la estructura de la antigua iglesia reconstruida en el siglo XVIII se mantuvo y se consolidó, tanto en la parte de los muros como en las bóvedas. También se liberaron y se mantuvieron intactas las bóvedas subterráneas que hay bajo el piso de la capilla, las cuales habían sido utilizadas para realizar enterramientos.
El claustro interior, cuyas bases de pilares fueron localizadas durante las excavaciones arqueológicas, quedó marcado y evidenciado mediante unas estructuras de jardinería de bajo impacto. En el patio Sur, donde estaba la huerta del convento, se respetó el pozo localizado durante las investigaciones arqueológicas. Se da el caso de que en esta profunda estructura se encontraron materiales seriados estratigráficamente desde el siglo XX hasta principios del siglo XVI. En su fondo se halló un caldero utilizado por los primeros monjes que fundaron el convento.

Claustro Convento de San Francisco. Foto: Adolfo López 
Interior del Convento. Foto: Adolfo López
Además de datar la estructura actual de la capilla de la Tercera Orden en el siglo XVIII, se localizaron los fundamentos de la misma fechados en el siglo XVI. También se realizaron otros hallazgos interesantes durante las labores de consolidación; uno de ellos fue constatar que el portal que la Iglesia Nueva tenía en sus orígenes, estaba constituido por un arco doble y no uno sencillo como el que vemos actualmente. También se localizaron pinturas murales en el intradós de las capillas laterales de la iglesia nueva.
En la iglesia Nueva se reconstruyó parcialmente el muro del crucero oeste, en el que se encuentra la puerta que comunica con la iglesia vieja. Igualmente se consolidó el ábside de la iglesia. En los trabajos de consolidación se hicieron inyecciones de material epóxico y de hormigón en los muros.
En la zona del convento se consolidaron los muros en peligro y se reconstruyeron los dinteles de los vanos. También se construyó un piso de madera en la segunda planta que se comunica con la primera por una sencilla escalera de caracol.
A partir de este momento las ruinas mantienen su aspecto actual, gracias a la excelente labor de conservación de las estructuras realizada por el arquitecto Víctor Bisonóy su equipo, las cuales, lamentablemente, nunca han sido sometidas a trabajos integrales de mantenimiento desde aquellas fechas. Pese a todo han aguantado firmes terremotos y huracanes y esperamos que también sobrevivan a los proyectos inapropiados que pretenden su reconstrucción con estructuras modernas, en ningún modo acordes ni con su arquitectura ni con su espíritu colonial.
Conclusiones
Las ruinas del convento de San Francisco constituyen uno de los patrimonios culturales más importante del continente americano. Durante este breve recorrido por la historia del monumento hemos podido comprobar la enorme repercusión cultural que el sitio tuvo para la formación del estado dominicano y por tanto su función indiscutible como testigo material de historia de nuestro país.
Su fundación como primer convento de América; su función como primera escuela europea del nuevo continente tanto para indígenas como para españoles; las personas que utilizaron sus estancias; la memoria que se encuentra bajo sus suelos, representada por los restos de tantos personajes que fueron los primeros habitantes europeos de la isla de Santo Domingo; su protagonismo en tantas vicisitudes históricas de la colonia y después de la república. En definitiva, el conjunto monumental es un testigo enhiesto que en forma de ruinas imponentes, guarda la memoria de la patria dominicana desde su gestación hasta su nacimiento.
El conjunto monumental que actualmente observamos es fruto de una espectacular evolución, donde se reflejan todos y cada uno de los sucesos que se dieron en la ciudad de Santo Domingo. De ahí su estado y de ahí la importancia de respetarlo tal cual la historia nos lo ha legado.
Las ruinas del convento de San Francisco forman parte de la Ciudad Colonial de Santo Domingo y como tal son un Patrimonio Mundial declarado por UNESCO desde 1990. Por lo tanto debe recibir toda la atención y el cuidado que merece por parte del estado que es depositario y responsable de este patrimonio cultural. Confiamos que estas páginas sirvan para ayudar a entender la significación del monumento y con ello apoyar su conservación, respetando las características de las que la historia le ha dotado a lo largo de los siglos.
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